La Hermandad de La Sangre de Cristo: Ocho siglos recogiendo cadáveres y conservando la tradición

En el corazón de Zaragoza, una de las instituciones más antiguas de España sigue desempeñando una labor que, aunque discreta, es esencial para la comunidad. La Hermandad de La Sangre de Cristo, con más de siete siglos de historia, se ha convertido en un símbolo de la ciudad y en un pilar fundamental tanto en la recogida de cadáveres como en la celebración de la Semana Santa. Su historia, marcada por el compromiso y la vocación, es un testimonio de la evolución de Zaragoza a lo largo del tiempo.

Orígenes y evolución de una hermandad única

La Sangre de Cristo tiene sus primeras referencias documentadas en 1286, aunque se cree que su fundación puede remontarse aún más atrás en el tiempo. Existen teorías que la vinculan con La Penitencia de Jesús, una hermandad previa que se dedicaba a la misma labor pero que fue disuelta por el papa Adriano II en el siglo XIII. Seis años después, La Sangre de Cristo habría surgido como una refundación de esa organización, consolidándose como una de las cofradías más longevas de España.

Desde sus inicios, la hermandad ha llevado a cabo una misión humanitaria fundamental: recoger los cuerpos de quienes fallecen en diversas circunstancias en Zaragoza. Su labor abarca desde accidentes y muertes en soledad hasta escenarios de crímenes y suicidios, garantizando que cada persona fallecida reciba un tratamiento digno y respetuoso.

A lo largo de los siglos, su sede ha cambiado varias veces. Inicialmente, la hermandad tenía su hogar en el antiguo convento de San Francisco, donde actualmente se encuentra la Diputación de Zaragoza. Posteriormente, pasó por la Basílica del Pilar, hasta que finalmente, en 1813, se estableció en la iglesia de San Cayetano, su sede actual. Este templo no solo alberga a la hermandad, sino que también se ha convertido en el epicentro de la Semana Santa zaragozana.

La fabeación: un sistema de votación que honra la tradición

La admisión en La Sangre de Cristo es un proceso que se rige por un sistema de votación aragonés ancestral llamado «fabeación». Esta tradición, que consiste en el uso de bolas blancas y negras (originalmente habas de esos colores) para decidir la incorporación de nuevos miembros, es uno de los elementos que reflejan la antigüedad de la hermandad. Su arraigo en las costumbres locales la distingue como una cofradía profundamente ligada a la historia de Zaragoza.

Además, la hermandad sigue manteniendo su estructura tradicional. Actualmente cuenta con 48 miembros activos, junto con cuatro empleados y dos aspirantes que deben pasar un período de prueba antes de ser aceptados. Su formación es rigurosa y está supervisada por Bomberos y la Guardia Civil, lo que garantiza que cada intervención se realice con precisión y profesionalismo.

Custodios de la Semana Santa en Zaragoza

La iglesia de San Cayetano, además de ser la sede de La Sangre de Cristo, es el centro neurálgico de la Semana Santa zaragozana. Durante seis semanas—tres antes y tres después de la festividad—la hermandad se encarga de coordinar el templo, que recibe a miles de cofrades y devotos durante este periodo.

Su protagonismo en la Semana Santa alcanza su máxima expresión con la organización de la procesión del Santo Entierro, la más relevante de la ciudad. Este evento, en el que participan todas las cofradías de Zaragoza, constituye el acto central de la festividad y es un momento de gran simbolismo religioso y cultural. «El Santo Entierro es la procesión de la ciudad de Zaragoza», recalca Nacho Navarro, historiador y responsable de comunicación de la hermandad.

Navarro también recuerda cómo ha evolucionado la celebración de la Semana Santa en la ciudad, señalando que en tiempos pasados solo procesionaban la cofradía de Jesús Nazareno y las Esclavas de María. Gracias al crecimiento y consolidación de las cofradías, hoy la Semana Santa zaragozana es uno de los eventos más representativos de la ciudad.

Un compromiso que trasciende generaciones

Más allá de su papel en la Semana Santa, La Sangre de Cristo ha estado presente en acontecimientos clave de la historia de Zaragoza. Desde ejecuciones y conflictos históricos hasta tragedias modernas como incendios y atentados, la hermandad ha actuado con responsabilidad y respeto, asegurando que cada fallecido reciba el trato digno que merece.

Uno de los momentos más difíciles en su historia reciente fue la pandemia, cuando la cantidad de defunciones superó su capacidad operativa. Sin embargo, en medio de la adversidad, la solidaridad ciudadana fue clave: personas de todo el país enviaron materiales de protección para ayudar a la hermandad a continuar con su labor.

Los miembros de la hermandad enfrentan situaciones emocionalmente complejas, y aunque están preparados para afrontar escenarios difíciles, hay casos que los marcan de por vida. Para muchos, los momentos más duros están relacionados con la recogida de niños fallecidos o con personas que han muerto en condiciones de extrema precariedad. «Te hace pensar que a esta sociedad habría que darle una vuelta», reflexiona Perico Traid, miembro de la hermandad desde 1996.

Una institución que resiste el paso del tiempo

La Sangre de Cristo no solo es parte fundamental de la historia de Zaragoza, sino que continúa desempeñando un papel vital en la comunidad. Ha sabido adaptarse a los tiempos modernos sin perder su esencia, manteniendo vivo el compromiso y la vocación que han definido su existencia durante más de 700 años.

Hoy, sigue siendo una referencia en la ciudad, un símbolo de tradición, respeto y servicio. Su misión, profundamente arraigada en la dignidad humana, es una de las muchas razones por las que su legado perdurará por siglos más.