A contracorriente | Catetos con cara de pentagrama

Sevilla euros

Cuando Elon Musk compró Twitter, le cambió el nombre a X y amplió la siempre estrecha cintura de la censura se ganó una ínfima, pero reconfortante batalla. No se trataba de la cultural que, como cristianos conversos, ven como una aparición en la derecha; sino de un pulso a lo establecido, que se perderá, pero que es un canto del cisne virtual.

Y como queda el reducto, queda la respuesta. Y esta no ha tardado en llegar ante una curiosa afirmación, que compara a las marchas clásicas de palio con Beethoven y al propio Escámez con El Fary. El firmante, supuestamente, es uno de esos comunicadores de lo público (pues con dinero público le pagan en el medio que trabaja) y de los que reparten los carnets para poder opinar.

No vamos a adentrarnos en un debate estéril, ni con él, ni con esos hinchas -acelerados en sus discursos- que anteponen las composiciones para bandas de música a cualquier otra cosa. De ellos podríamos afirmar que su ceguera y exponer la complejidad y trascendencia de otro tipo de composiciones, como las de Sergio Larrinaga, que han trascendido al ámbito para el que fueron concebidas.

En definitiva, es como la prosa poética de Rubén Darío y de quienes siempre sienten nostalgia de lo que fue, para, desde ella, intentar frenar el avance del tiempo y así erigirse en su púlpito de calaveras, pues les gusta lo muerto y no lo vivo. 

Es la típica actitud de la ignorancia, aquella que desprecia, con su altanería, todo lo que escapa de su conocimiento concreto. Son como esos catetos de antaño -y de ahora- para los que lo suyo es lo mejor y punto. Contra esa cerrazón no se puede discutir.