La Hermandad del Rescatado convoca un cabildo extraordinario con la restauración de la Virgen de la Amargura por el IAPH sobre la mesa

La corporación cita a sus hermanos tras la Semana Santa para abordar una decisión patrimonial de especial trascendencia

La Hermandad del Rescatado de Córdoba ha formalizado la convocatoria de sus hermanos a una serie de cabildos que tendrán lugar una vez concluida la Semana Santa, en un contexto marcado por la relevancia de los asuntos a tratar y la necesidad de una participación amplia en la toma de decisiones. La corporación ha subrayado de manera expresa la importancia de la asistencia, apelando a la responsabilidad colectiva ante el calado de los puntos incluidos en el orden del día.

La doble cita, estructurada en un cabildo ordinario y otro de carácter extraordinario, responde a la articulación estatutaria que regula la vida interna de la hermandad, al tiempo que introduce en el debate una cuestión de notable impacto en el ámbito patrimonial y devocional.

El cabildo general abordará los asuntos ordinarios de la corporación

En cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 11 del Capítulo VI de sus estatutos, la hermandad celebrará el Cabildo General de Hermanos el viernes 15 de mayo, fijado a las 20:00 horas en primera convocatoria y a las 20:30 horas en segunda. El encuentro tendrá lugar en los salones parroquiales de Nuestra Señora de Gracia y San Eulogio, con acceso por el hall del Colegio Trinitarios.

El orden del día se desarrollará conforme a la estructura habitual, incluyendo las oraciones iniciales, la lectura del acta anterior, la presentación del informe de la cofradía y un turno final de ruegos y preguntas, configurando así un espacio de evaluación, seguimiento y participación de los hermanos en la gestión ordinaria de la entidad.

La intervención sobre la dolorosa centra el cabildo extraordinario

A continuación del cabildo ordinario, y conforme al artículo 12 del mismo cuerpo normativo, se celebrará un Cabildo Extraordinario de Hermanos, en el que se someterá a consideración un único punto: la aprobación, si procede, de la restauración de María Santísima de la Amargura.

La propuesta plantea que dicha intervención sea ejecutada por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), circunstancia que sitúa la decisión en el ámbito de la conservación especializada del patrimonio artístico y devocional, dotando al proceso de un carácter técnico y cualificado que refuerza su relevancia.

Una imagen de honda significación histórica dentro de la cofradía

María Santísima de la Amargura es una obra de José Callejón Gutiérrez y Rafael Díaz Peno, incorporada a la hermandad el 18 de noviembre de 1942, cuando la corporación contaba apenas con un año de existencia, por iniciativa de sus hermanos fundadores. Se trata de una imagen de candelero y talla incompleta, concebida para ser vestida, al estar talladas únicamente la cabeza y las manos.

A lo largo de su historia, la imagen ha experimentado diversas intervenciones que han modificado tanto su fisonomía como su estructura, siendo objeto de actuaciones por parte de Castillo Ariza, Martínez Cerrillo, Antonio Bernal y Romero Zafra. Entre estas transformaciones destaca la alteración de la dirección de la mirada, originalmente elevada y posteriormente orientada hacia el fiel, manteniéndose, no obstante, los rasgos esenciales que la definen.

Una iconografía que conjuga dolor contenido y dulzura expresiva

La dolorosa presenta un rostro de madurez serena, en el que se percibe la contención de un suspiro apenas insinuado, con la mirada baja y anegada en lágrimas, y la boca entreabierta. Las cuatro lágrimas que recorren sus mejillas rosadas intensifican una expresión marcada por el llanto, sin renunciar a una dulzura que invita al recogimiento y la oración.

Pese a su permanente presencia en la vida de la hermandad, la imagen ha permanecido tradicionalmente a la sombra de la devoción al Nazareno Rescatado, configurándose como un referente espiritual que, sin alcanzar la centralidad de la titular cristífera, conserva una profunda significación dentro del imaginario cofrade.

Una advocación de raíz veterotestamentaria y significado abierto

La advocación de la Amargura no procede de los Evangelios, sino que encuentra su fundamento en el Antiguo Testamento, concretamente en el Libro de Rut, donde se recoge la expresión: “No me llaméis Noemí, llamadme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura” (Rut 1,20), lo que aporta un sustrato simbólico de notable profundidad teológica.

Del mismo modo, la escena concreta que representa la imagen no se encuentra definida con exactitud, pudiendo interpretarse tanto como el encuentro de María con Jesús en la calle de la Amargura como el momento de la presentación en el Templo de Jerusalén, cuando el anciano Simeón anuncia el dolor futuro de la Virgen: “y una espada traspasará tu misma alma” (Lc 2,35). Esta ambivalencia contribuye a reforzar la riqueza interpretativa y devocional de la imagen.