La corporación cordobesa, con casi un siglo de historia, afronta el camino más largo hasta la Aldea con importantes novedades patrimoniales y un cortejo de más de 500 peregrinos
La Ilustre y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Córdoba y San Juan Pablo II inicia su andadura hacia la Aldea con el fervor intacto de casi cien años de historia y con el orgullo de ser la filial que emprende el trayecto más largo de todas las hermandades rocieras, atravesando tres provincias —Córdoba, Sevilla y Huelva— durante nueve intensos días de peregrinación.
Fundada en 1931 por el célebre rejoneador Antonio Cañero, la corporación se vio obligada a cesar su actividad durante la Guerra Civil, no siendo hasta 1978 cuando retomó su camino como filial de pleno derecho en la nómina de hermandades del Rocío. Desde entonces, su vinculación con el mundo ecuestre, su marcado carácter cordobés y su profundo compromiso devocional han consolidado a esta hermandad como una de las más singulares del panorama rociero.
Una historia marcada por el arte, la devoción y la innovación
A lo largo de su trayectoria, la Hermandad ha tenido tres sedes canónicas: la iglesia de Nuestra Señora de la Paz en San Basilio, la de San Pedro de Alcántara y la actual, la Real Iglesia de San Pablo, desde donde inicia su caminar cada primavera.
Entre sus singularidades destaca el hecho de ser la única filial rociera que tiene como titular a San Juan Pablo II, en recuerdo a la devoción mariana del pontífice polaco y a su histórica visita a la ciudad de Córdoba. Además, es de las pocas hermandades que cuenta con una mujer como Alcalde de Carretas, un reflejo del papel creciente de la mujer en el ámbito romero.
Su simpecado original fue obra del insigne Julio Romero de Torres, lo que da cuenta de la estrecha relación entre esta corporación y el patrimonio artístico cordobés. El actual, también de gran valor pictórico, fue realizado por el artista Juan Manuel Ayala.
Una carreta inconfundible y un modelo de camino único
La carreta del simpecado, considerada una de las más características del Rocío por su diseño y ornamentación, lucirá este año el estreno del techo completo con nuevas vigas laterales, además de otros importantes aportes patrimoniales: una nueva vara de promesas donada por los propios peregrinos, tapaderas para las ruedas —regalo del Grupo Joven— y la carpintería base de los faldones que completarán el conjunto en próximas ediciones.
El cortejo que acompañará a la Virgen estará formado por 500 peregrinos, 30 caballos, 15 coches de caballo, 27 carriolas —vehículos tractados con comodidades como cocina, baño y literas— y 19 vehículos de apoyo que seguirán por carretera.
De Córdoba al Rocío: un camino lleno de momentos únicos
La salida oficial tendrá lugar desde la Real Iglesia de San Pablo, momento seguido por una emotiva petalá en la calle Cardenal González Francés y la entrada en el interior de la Santa Iglesia Catedral, uno de los momentos más sobrecogedores del itinerario.
El camino continuará por enclaves tan emblemáticos como el Monumento a la Virgen del Rocío, la pernocta en el Cortijo de la Torvisca, y el paso por localidades como Écija, La Luisiana y Fuentes de Andalucía, con especial mención al saludo a las religiosas de la Residencia Santa Ángela de la Cruz.
Durante la semana próxima a Pentecostés, la comitiva atravesará el río Guadalquivir por Coria, el vado del Quema y la Raya Real, con llegada a la Aldea prevista para el viernes por la tarde. El sábado tendrá lugar la Presentación de Hermandades, seguida del Pontifical dominical y el Rosario de Hermandades, culminando el lunes con el esperado encuentro ante la Blanca Paloma.
La Hermandad del Rocío de Córdoba, con tres ahijadas —Moratalaz, Jamilena y Montoro— y la Hermandad de Lucena como madrina, no solo conserva su acervo devocional, sino que lo enriquece año tras año con estrenos, participación activa y una fe que se expresa en cada pisada sobre la arena. Bajo el amparo de su Simpecado, los peregrinos cordobeses volverán a escribir su historia entre pinares y marismas, con la mirada puesta en la Virgen del Rocío y el espíritu de San Juan Pablo II como guía.





