La corporación contará por primera vez con una sede propia junto a la Ermita del Rocío, concretamente en la Plaza del Acebuchal
La Hermandad del Rocío de la Macarena ha dado un paso decisivo en su historia institucional al aprobar la adquisición de una casa en la Aldea del Rocío, lo que permitirá a la filial disponer de un espacio propio para el culto, la convivencia y la organización de la romería. La decisión fue refrendada en cabildo general extraordinario celebrado el pasado jueves, culminando así una aspiración que la corporación venía madurando desde hacía años.
La nueva sede se ubicará en los números 13 y 14 de la Plaza del Acebuchal, en las inmediaciones de la Ermita, lo que permitirá que el Simpecado de la Macarena cuente con un lugar estable y digno donde ser custodiado durante la estancia en la aldea. El resultado de la votación fue 155 votos a favor, 47 en contra y 19 abstenciones, sobre un total de 221 sufragios emitidos.
Durante la misma sesión, los hermanos de la filial sevillana aprobaron por unanimidad una modificación de la Regla número 75, que faculta expresamente la posibilidad de convocar cabildos generales, ya sean ordinarios o extraordinarios, con mayor flexibilidad normativa.
Bajo la presidencia de Mario Niebla del Toro, la hermandad continúa desplegando una ambiciosa hoja de ruta en materia patrimonial e institucional. Ya en el pasado mes de noviembre, la asamblea de hermanos respaldó una serie de medidas significativas entre las que destacan la renovación del escudo corporativo —incluyendo atributos imperiales tras el ingreso como hermano honorario de S.A.I.R. Don Pedro de Orléans e Bragança, príncipe de Brasil—, la adquisición de un nuevo terreno en Villamanrique, la realización de cordones honoríficos para hermanos mayores eméritos y la supresión de la misa de final de mes de julio, esta última también aprobada por unanimidad.
Con esta reciente compra, la Hermandad del Rocío de la Macarena no solo fortalece su infraestructura al servicio de los peregrinos, sino que afianza su presencia espiritual y simbólica en el corazón de la devoción rociera. Una conquista que, sin duda, marca un antes y un después en la historia de esta filial.





