La historia anterior a la fundación de la Misericordia

Ya en anteriores ocasiones habíamos retrocedido sobre nuestros pasos para acercarnos al entorno de la Magdalena, pues, aunque la actualidad sea muy distinta, en el pasado el antiguo templo acogió a algunas de nuestras más queridas imágenes, las cuales ya contaban con una historia devocional propia a pesar de que el tiempo y las dificultades se encargasen de silenciar su presencia en momentos puntuales.

Bien sabemos que la Iglesia de la Magdalena fue la que, precisamente en sus tiempos más críticos, hizo de cuna y escenario para la creación de la Hermandad de la Misericordia. La historia de la actual cofradía comenzaba con aquella remota visita de Melguizo a la después olvidada iglesia, hecho que, posteriormente, se traducía en la institución canónica de la corporación en la Parroquia de San Pedro en 1937, año en el que también la cofradía realizaba su primera estación de penitencia en la jornada del Miércoles Santo aunque tan solo con su titular cristífero, el cual había sido objeto de una intensa y antigua devoción desde antes del siglo XVII y hasta que la Magdalena se cerró al culto ya en 1929.

Sin embargo, mucho antes de que tuviesen lugar todos los acontecimientos que propiciaron la configuración de la hermandad tal y como hoy la conocemos, tres hermandades diferentes e independientes – llamadas a fusionarse con el paso de los años – hacían su vida en la Córdoba de siglos atrás, que tan desconocida nos resulta a menudo.

Para conocer a esas tres hermandades, debemos dividir nuestra atención en tres focos distintos: la Parroquia de San Pedro, la Parroquia de la Magdalena y el Hospital de San Jacinto.

La Iglesia de San Pedro fue, por su lado, el entorno idóneo para la creación de una hermandad tan antigua como la del Santísimo Sacramento, cuyas reglas se vieron aprobadas en el año 1534. Si ya de por sí el afianzamiento de la cofradía con sus correspondientes estatutos nos puede llevar a pensar en una historia de notable antigüedad, cuánto más si tenemos en cuenta que la aceptación de aquella normativa no era otra cosa que la reforma de otras primitivas de cuya fecha de redacción o aprobación no se tienen referencias.

En la misma sede de San Pedro, se aprobaban, asimismo, algo más de un siglo más tarde los estatutos de la célebre y añeja Hermandad de los Santos Mártires, suceso que se producía concretamente en el año de 1673, iniciándose de este modo el vínculo que durante tanto tiempo se ha mantenido entre la monumental iglesia y la mencionada corporación.

Desde ese momento, debieron transcurrir 52 años hasta que la cofradía, tan íntimamente ligada a la Parroquia de San Pedro, solicitase al Concejo que se pudieran llevar a término las pertinentes funciones religiosas prometidas y dedicadas a los venerados Santos Mártires. Al fin, en 1742, se presentaba la ocasión idónea para que se materializase lo que parecía inevitable: fusionar las hermandades del Santísimo Sacramento y la de los Santos Mártires, pues esa unión haría más fuertes a sendas corporaciones, ambas establecidas en la actual Basílica Menor de San Pedro.

Por su parte, la feligresía de la Iglesia de la Magdalena veía cómo en 1537 se aprobaban las normas de la hermandad también bajo el título del Santísimo Sacramento que, con el tiempo, acabaría estrechando los lazos para atraer hacia sí al hoy titular de la Hermandad de la Misericordia.

En efecto, en 1695, la cofradía del Santísimo Sacramento de la Magdalena se expandía por el interior del templo hasta adquirir la famosa Capilla del Sagrario, donde se encontraba, en un discreto plano, el Santísimo Cristo, en aquel entonces bajo la advocación de la Salud. Ese acercamiento entre la corporación y el esbelto crucificado, le dio un cierto auge y protagonismo a la talla, sacándola incluso en rogativas por su fama de milagroso, tal y como había demostrado el clero de la Magdalena tiempo atrás. En algunas de esas procesiones – como la realizada en 1650, antes de esa aproximación entre el Santísimo Sacramento y el titular cristífero de la Misericordia – el Santo Cristo de la Salud, lejos de recorrer las calles en soledad iba acompañado por otras dos imágenes: las de San Pedro Tomás y San Juan de Dios. En ese año de 1650, el crucificado acudió al antiguo Hospital de San Lázaro cumpliendo el deseo de los fieles, que en esos complicados años afrontaban duras epidemias de peste que se cobraron un altísimo número de vidas.

El tercer foco nos lleva a situarnos en el Hospital de San Jacinto, donde se establecía la Hermandad del Santo Rosario – dando cuenta del auge de las cofradías rosarianas – de Nuestra Señora de los Dolores. En ese contexto propiciado por el siglo XVIII, se fundaba la antedicha corporación en torno al año 1712.

A pesar del trascendental papel de la afligida dolorosa, el transcurso del tiempo terminó por hacer pensar que la expresión de la Santísima Virgen no se ajustaba del todo a la advocación que le había sido dada, lo cual condujo al objetivo de encargar la hechura de una nueva dolorosa de mayor dramatismo, capaz de reflejar las emociones que se le presuponen al extendido título.

Así, en el año 1730, la Hermandad del Santo Rosario de Nuestra Señora de los Dolores se traslada a la Ermita de los Desamparados, situada en la actual Calle de Ramírez de las Casas Deza, también conocida como los Dolores Chicos y haciendo esquina con Conde Torres Cabrera. Aún a día de hoy se conserva el edificio que, años ha, fue la antigua iglesia del Hospital de los Desamparados donde la Virgen popularmente conocida como de los Dolores Chicos había seguido recibiendo culto.

La historia de la dolorosa se vería nuevamente interrumpida cuando en 1772 fuese nuevamente trasladada, esta vez a la Parroquia de la Magdalena, donde pasaría a ocupar la Capilla que recibió el nombre de los Dolores – posiblemente a raíz de su llegada – o “Capilla de los Armentas” – pues había sido fundada en 1413 por Rodrigo Alfonso de Armenta –, situada en la nave del Evangelio, donde aún se mantiene la hornacina que debió albergar la imagen.

Pasados los años, en 1830, próxima la decadencia de la Parroquia de la Magdalena, se emitió el último documento de cuantos se tienen constancia perteneciente a la Hermandad del Santo Rosario de Nuestra Señora de los Dolores. Curiosamente, tan solo 5 años después, en 1835, ocurría lo propio en lo relativo a la Hermandad del Santísimo Sacramento, que en ese año, expedía su última acta.

Aunque, a pesar de su estado ruinoso, la Magdalena siguió abierta durante un tiempo su historia se vio irremediablemente afectada en 1929, año en que quedó definitivamente cerrada al público. En aquel momento, el interés de Melguizo por la iglesia, que comenzaba a mantenerse como un silencioso vestigio del pasado, creció tras haber tenido conocimiento de la existencia de un retablo, obra de Alonso Gómez de Sandoval, que se encontraba en el altar mayor de la Magdalena. Ese descubrimiento fue el que lo condujo hasta el templo para tener la ocasión de estudiarlo allí mismo.

Durante esa visita, el que sería el futuro fundador de la corporación de San Pedro se encontró en aquel escenario con Juan Roldán, sacerdote en cuya compañía aprovechó para estudiar no solo el valioso y desaparecido retablo sino también el resto de elementos que se congregaban en la sede. El recorrido no pudo pasar por alto la presencia de una oscura y discreta capilla en cuyo fondo se escondía la figura del Cristo de la Salud de la antigua Hermandad del Santísimo Sacramento.

Así echaba a andar la historia de la Hermandad de la Misericordia que, volvía a dar un nuevo paso al recuperar para sí otra antigua devoción, incorporándola al culto y a la salida procesional en el año 1950, perpetuando de algún modo la trayectoria de Hermandad del Santo Rosario de los Dolores de Nuestra Señora. Así y todo, cabe destacar las informaciones aportadas por ciertos documentos, los cuales apuntan a que la entonces talla de Nuestra Señora de los Dolores ya había llegado a la Parroquia de San Pedro antes de la década de 1930.

Sea como fuere y como ya especificábamos, la Virgen de los Dolores se suma a la Hermandad de la Misericordia en 1950 para cumplir con los deseos de los miembros de la joven corporación de adquirir una dolorosa, convirtiéndose esta en Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, tras haber cautivado, en primer lugar, a Francisco Melguizo y después a los restantes hermanos de la cofradía.

El año 2000 se presentaría con una especial trascendencia en la Parroquia de San Pedro y su feligresía, ya que desde entonces, quedarían orgullosamente fusionadas la Hermandad de la Misericordia y la del Santísimo Sacramento y Santos Mártires. El resto es historia.