El Rincón de la Memoria, El Rocío

La Historia del Santuario de Nuestra Señora del Rocío

La zona donde actualmente se ubican el Santuario y Aldea del Rocío constituye desde antaño un enclave privilegiado dada su situación geográfica, en un lugar de tránsito y cruce entre los caminos que llevan a Sevilla, Niebla, Moguer, Almonte y, cruzando el río, a Sanlúcar de Barrameda.

El Santuario actual data del siglo XX y sustituyó al edificado en el XVIII que, a su vez, se erigió en sucesión del templo mudéjar primitivo. Obra de Alberto Balbontín de Orta y de Antonio Delgado Roig, el edificio se encuadra en el denominado regionalismo blanco cuyo principal inspirador es el arquitecto Juan Talavera y Heredia.

El inmueble principal del Santuario, la ermita, se encuentra próximo a la orilla marismeña a la que se abren dos de sus puertas. El Santuario presenta un aspecto particular. No es un edificio exento, sino que se encuentra inserto en un conjunto de edificaciones, al modo de cortijos andaluces. Se trata de un templo de planta basilical, con tres naves, crucero y capilla mayor. La nave central y los brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón, iluminadas por óculos circulares con vidrieras. Las laterales presentan dos plantas, la baja con bóvedas de arista y sobre ella la tribuna. Sin contar el tramo del atrio y coro alto a los pies, la nave principal consta de cuatro tramos, y de dos cada uno de los brazos. La intersección de los brazos se cubre con cúpula sobre pechinas y linterna con cuatro ventanas y la frase «Ave María».

La capilla mayor tiene forma absidial, con planta semicircular y bóveda de horno. Al centro se abre el espacio del antecamarín de la Virgen. A su derecha queda la actual capilla de Sagrario, y a la izquierda la antesacristía.

En el interior del santuario, alojada en la hornacina central del nuevo retablo barroco, se encuentra la imagen gótica de la Virgen del Rocío, Patrona de Almonte y, al mismo tiempo, uno de los principales referentes, a nivel simbólico e identitario, de Andalucía. En las capillas laterales y en el resto de estancias se conservan las andas donde la imagen es portada durante los rituales y el ajuar de la Virgen.

Al exterior el edificio traduce la distribución interior del espacio en volúmenes claros. La forma de cruz latina, con la techumbre a diferente altura, crea un escalonamiento de volúmenes. Los espacios intermedios y la fachada quedan rodeados por las dependencias de objetos de recuerdo, la capilla de velas en la parte baja, y balconada en la planta superior. En el ángulo contrario, se eleva un torreón mirador, que corresponde a la Casa de la Hermandad Matriz. Destaca la fachada en forma de gran concha, sobre la que se eleva la espadaña, de dos cuerpos, con tres vanos. Las cuatro campanas que posee llevan los nombres de El Salvador, Blanca Paloma, Lirio de las Marismas y San José.

Se tiene noticia, por documento fechado en 1477, de la donación del caño de la Madre de las Marismas, entre La Canaliega y el caño de Brenes, por parte de los Reyes Católicos a Estebán Pérez Cavizos. En 1583 el concejo de Almonte adquiere los terrenos a sus sucesores. Con posterioridad, parte de las tierras pasan a los condes de Niebla y duques de Medina Sidonia, por entrega de la Hacienda Real. La referencia a «la ermita de Sancta María de Las Rocinas» en el Libro de la Montería de Alfonso XI y las consecuentes tradiciones, la capellanía fundada por Baltasar Tercero Ruiz en 1587 sobre la primitiva ermita, más el pago de su cuenta de restauraciones en la ermita de Santa María de las Rocinas, son hitos de la base religiosa del Santuario.

La atmósfera posterior al Concilio de Trento alentó las celebraciones religiosas de carácter festivo, proliferando las hermandades llamadas de gloria, espacialmente dedicadas a las advocaciones de la Virgen. Sus actos festivos constaban generalmente de procesión de tercia y misa matinales, y los posteriores regocijos vespertinos, base en el caso del Rocío de la romería posterior. La peregrinación de numerosas hermandades, que actualmente parten desde diversos lugares de Andalucía, resto de España y aún de fuera de las fronteras del estado, tiene como señalada referencia cronológica el año 1653, cuando se proclama a la Virgen patrona de la villa almonteña, según acuerdo del cabildo municipal que consta en el acta de 29 de junio.

En torno a esta fecha, parece que comienza a extenderse el nombre de Virgen del Rocío en detrimento del primero, al tiempo que se fundan las primeras hermandades filiales (Villamanrique de la Condesa, Pilas, La Palma del Condado, Moguer y Sanlúcar de Barrameda). También se tiene constancia de la celebración de frecuentes venidas de la Virgen desde la aldea hasta Almonte, la más antigua de las cuales se data documentalmente en 1607. En las primeras décadas del siglo XVIII se gesta la Feria del Rocío, con licencia ducal de 1722.

Fue feria de ganado y también sirvió de punto de venta de las más diversas mercaderías, algunas importadas vía Sanlúcar de Barrameda, lo que motivó algunas quejas gremiales, hasta que paulatinamente fue decayendo como fenómeno comercial. En apoyo a la feria se había producido por la casa ducal la exención de alcabalas a mercaderes y tratantes en el real y circuito de la ermita a partir de 1747, obteniendo el Real Privilegio de feria en 1772. El terremoto de 1755 produce notables daños que obligan a alojar a la Virgen en Almonte durante varios años, en los que se interrumpe la peregrinación. Hasta 1760 no se bendice la nueva.

La decadencia de la feria a finales del siglo XIX viene acompañada de la creciente orientación del Rocío como romería. La creación de la diócesis de Huelva, con la toma de posesión de su obispo el 15 de marzo de 1954, supuso un respaldo al Rocío desde el impulso a la religiosidad. Su primer obispo, Pedro Cantero Cuadrado, expresa la necesidad de mejorar el inmueble de ermita. En 1963 se demuele la ermita dieciochesca. La nueva y actual fue erigida durante la presencia de la Hermandad Matriz de Antonio Millán Pérez, tras colocar el obispo Cantero la primera piedra en 1964.

El edificio es obra de los arquitectos Balbontín y Delgado Roig, quienes fueron los encargados de redactar el proyecto ejecutado. Finalizadas las obras, el inmueble se bendice el 12 de abril de 1969 por el obispo onubense José María García Lahiguera y al día siguiente la virgen es trasladada. La espadaña del santuario se concluyó en 1980. Más tarde se efectúan obras del camarín y la decoración arquitectónica interior y exterior, bajo la dirección de los arquitectos Pedro Rodíguez Pérez y María Luisa Martín Martín.