Córdoba, ⚓ Costal, 💚 El Rincón de la Memoria

La historia detrás de la rotulación del Jardín “Capataces Sáez”

Hace tan sólo unos días el Ayuntamiento de Córdoba descubría las placas que anuncian los nuevos nombres de varias calles y plazas, entre las que se encuentran las dedicadas a Fray Ricardo de Córdoba, el imaginero Miguel Arjona, Nuestro Padre Jesús del Prendimiento o los Capataces Sáez. Aprovechamos esta feliz noticia para todos los cofrades para recordar quiénes fueron los miembros de esta saga de capataces que comenzaron como costaleros de pasos como los de Nuestra Señora de los Dolores o el Santísimo Cristo de Gracia, en los primeros años del siglo XX, y que terminaron al frente de gran parte de los pasos de nuestra ciudad.

Repasar el nomenclátor de las calles y plazas de cualquier ciudad de Andalucía nos traerá a la memoria a aquellos personajes que marcaron el devenir de nuestra región, país o incluso la historia universal, de manera conjunta con aquellos otros que, en un ámbito más cercano, mejoraron con su actividad el desarrollo de las poblaciones que los recuerdan. El nombre de humanistas, filósofos, médicos o industriales locales, por citar a algunos casos, rotulan muchas de nuestras calles en un ejercicio de memoria colectiva que salvaguarda la identidad cultural propia de cada pueblo. Identidad individual que los diferencia de sus vecinos, si bien conformando al mismo tiempo las diferentes singularidades de una identidad regional mayor que las aglutina y que, esta vez sí, las diferencia del resto.

Una de estas singularidades que diferencian a Andalucía del resto de regiones de España es la manera, centenaria a día de hoy, en la que se celebra la Semana Santa; común y única a los ojos del visitante si bien diferente en cada uno de sus municipios. Y tanto es así que no son pocos los que han querido perpetuar el recuerdo de aquéllos que contribuyeron a que las costumbres propias se mantuvieran e incluso engrandecieran, rotulando con sus nombres calles y plazas como las calles Capataz Rafael Franco y Capataz Manuel Santiago, en Sevilla; calle Capataz Manuel Pájaro, en Cádiz; calle Capataz Nicolás Carrillo, en San Fernando; calle Capataz Gutiérrez Tagua, en Écija; calle Capataz Manuel Gallardo, en La Algaba; calle Costaleros, en Sevilla, Constantina, Gibraleón o Chiclana; avenida de los Costaleros, en la Roda de Andalucía, o plaza Hermanos Costaleros, de Huelva.

En Córdoba contamos con el reciente ejemplo de la plaza Capataz Ignacio Torronteras, quien de manera tan decisiva colaboró en el desarrollo y afianzamiento de la Semana Santa de Córdoba, convirtiéndose con su trabajo en uno de los personajes clave para entenderla tal y como hoy la disfrutamos.

Antecedentes históricos

Las primeras décadas del siglo XX ofrecen a Córdoba una lenta recuperación respecto del aciago siglo XIX en cuanto a religiosidad popular y cultura cofrade se refiere. Un siglo en el que las ocupaciones francesas, el decreto del obispo Pedro Antonio de Trevilla Bollaín, los procesos desamortizadores o los sucesos derivados del Sexenio Revolucionario mermaron tanto el patrimonio artístico y cultural de las cofradías cordobesas como gran parte de las manifestaciones culturales asociadas a la religiosidad popular de nuestra ciudad desde siglos anteriores. Sin embargo será precisamente durante estas primeras décadas de la nueva centuria cuando Córdoba viva un nuevo auge en la recuperación de aquellas tradiciones perdidas, a través de la fundación de nuevas hermandades, la renovación o estreno de nuevos pasos procesionales, etc.

Este proceso de revitalización cofrade y de la religiosidad popular conlleva en paralelo un crecimiento de las tradiciones y de la economía local, basadas en los trabajos contratados a artesanos y artistas cordobeses como artífices de gran parte del patrimonio adquirido en aquellos años, y entre los que podríamos recordar las nuevas andas procesionales para gran parte de las hermandades cordobesas, los hábitos de nazareno para un cada vez mayor número de hermandades, los nuevos elementos patrimoniales para las andas o el propio cortejo tales como lámparas, bocinas, gualdrapas, mantos, coronas, potencias y un largo etcétera; todo ello, como ya se ha dicho, obra de talleres cordobeses en su mayoría.

Por último cabría recordar las labores de carga de las andas procesionales, labores reservadas a cuadrillas de trabajadores del campo o las lonjas locales y por el que reciben un salario nada desdeñable; tal y como se explicará a continuación.

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