Cruz de guía, Opinión

La hora de la verdad

Llegó la hora. Una máxima que tienen las Hermandades para medir el grado de salud interno propio es la venida de la Cuaresma y el reparto de puestos y túnicas. Muchas Corporaciones hipotecan su futuro a la concepción de una cierta dosis de ilusión para enganchar a la gente durante le época cuaresmal, pero lo cierto es que no siempre esa metodología funciona.

Es una verdad irrefutable que el crecimiento de las filas de nazarenos anda ligado al trabajo desarrollado por la Cofradía durante todo el año. Si bien, en estos tiempos en los que el materialismo está a la orden del día, un buen proyecto de paso de Misterio o el enriquecimiento del cortejo procesional en ámbitos patrimoniales y musicales han servido de escaparate a la hora de captar a nuevos integrantes dentro de la Estación de Penitencia. Y es que el valor de la puesta en escena ha tomado el pulso a la devoción en muchos lugares de nuestra tierra que entre coreografías bien ejecutadas, exornos florales exuberantes y estruendos de cornetas sórdidos se han visto arrastrados hacia el espectáculo folclórico concebido como fuente de atracción de gentes.

Pero ni el legado proyectado a lo largo de los siglos ni el apartado escenográfico, bien entendido claro está, han sido rival para el azote que ha supuesto el vacío cofradiero de estos dos últimos años. Un abismo que se ha visto reflejado en el inapelable desgaste del número de portadores de tronos y pasos, así como en la repercusión de la cifra de nazarenos de filas tornada a la baja. Un síntoma incubado durante largos años y que ha degenerado en un daño colateral de proporciones estratosféricas, como lo es la aparición de una inesperada pandemia global.

Así pues, el desenlace ha sido el temido por muchos. Y gran cantidad de voces lanzan gritos de S.O.S. desde las redes sociales en busca del material humano necesario para procesionar dignamente, aún cuando sabemos que la solución del problema no surge de ese tallo, sino que responde a un trabajo anual que fomente la participación y el relevo generacional.

Por todo ello, si queremos mantener esta genuina tradición , nuestro deber parte del trabajo diario y de metodologías activas y organizativas que capten la atención del ciudadano de a pie. Es el momento de nutrirse de nuevos integrantes y proseguir con nuestro cometido y luchar por el mantenimiento de nuestras tradiciones.