Córdoba, Portada

La Iglesia de San Jacinto, declarada Santuario de Nuestra Señora de los Dolores Coronada

La Iglesia de San Jacinto ha sido declarada por el Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, como Santuario de Nuestra Señora de los Dolores Coronada. Se trata de un importante reconocimiento a uno de los enclaves más importantes de la religiosidad popular de la ciudad, toda vez que acoge entre sus muros a la Señora de Córdoba, una imagen por la que profesan desde hace siglos una ingente devoción cordobeses de distintas generaciones. Así ha sido desvelado este domingo en la Asamblea General Ordinaria de Hermanos celebrada por la corporación servita.

Comunicación a los hermanos de la declaración

La declaración de Santuario implica un especial compromiso por parte de sus responsables para que la Santa Misa y el culto en honor a la Santísima Virgen María se celebren con la máxima dignidad. Asimismo, el prelado alienta a la Hermandad para que, en comunión con el rector y el consiliario, siga trabajando en la promoción de actos de culto y piedad, evangelización y caridad, y se fortalezca la fe y la vida cristiana de todos los fieles.

El decreto explica que «la Santísima Virgen de los Dolores Coronada es venerada por el pueblo cristiano de Córdoba como una de sus principales devociones. Hasta su Iglesia del Hospital de San Jacinto, construida el año 1731, acuden los fieles devotos todos los días del año para rezar a su excelsa Madre Dolorosa, convirtiendo este templo, situado en la emblemática plaza cordobesa del Cristo de los Faroles o de Capuchinos, en uno de los principales referentes marianos de la ciudad, auténtico centro de espiritualidad que irradia consuelo y esperanza, aglutina a todos los devotos y fomenta el vínculo de la unión fraterna entre ellos».

Y añade que «atendiendo a la importancia histórica y devocional de este lugar de peregrinación, de oración y culto y a las razones expuestas en el escrito que me ha presentado la Real, Venerable e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores Coronada y del Santísimo Cristo de la Clemencia, fechado el pasado día 30 de noviembre de 2021, con el apoyo y adhesión de la Congregación de las Hermanas de Ntra. Sra. de Consolación, que regentan la Iglesia Hospital de San Jacinto, donde se venera la sagrada imagen de María Santísima de los Dolores, por las presentes, a tenor del can. 1232 del Código de Derecho Canónico, y con el parecer favorable del Consejo Episcopal, del párroco y consiliario de la Hermandad».

Como rector del Santuario ejercerá el capellán de la Iglesia Hospital de San Jacinto, a quien se le encomienda la organización y celebración de todos los actos de culto, de manera compatible con la actividad propia de la vida parroquial. Además, el obispo subraya que «con esta declaración de Santuario reconozco la importancia de este «lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles» (can. 1230). El rector velará por el cumplimiento de lo que dispone la normativa canónica cuando establece que en «los santuarios se debe proporcionar con más abundancia a los fieles los medios de salvación, predicando cuidadosamente la Palabra de Dios, fomentando adecuadamente la vida litúrgica sobre todo mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y practicando también formas aprobadas de piedad popular».

El templo

La iglesia de Nuestra Señora de los Dolores es una obra del siglo XVIII de estilo barroco, que formó parte del desaparecido Hospital de San Jacinto, en la plaza de Capuchinos. Se trata de una iglesia de medianas dimensiones, de planta basilical, en cuyo interior se conserva la Virgen de los Dolores, considerada por muchos la talla más bella de Córdoba, y una de las imágenes marianas que más devoción tiene en Córdoba. Esta imagen es titular, junto al Cristo de la Clemencia, de la Hermandad de los Dolores o Los Dolores simplemente, que tienen en esta iglesia su sede canónica.

En el año 1710 el Hospital se ubica sobre parte de la que fue casa solariega del Marqués de Almunia, y la iglesia se constituyó como tal en el año 1728 bajo el auspicio del Obispo Marcelino Siuri. Su fachada es sobria y opaca, fundamentalmente en la parte baja, que es ciega. Destaca por sus dos portadas gemelas, la de la iglesia y la de acceso al hospital, situada a escasos pasos de ésta. A su derecha, encontramos una tercera portada en piedra entrada del actual asilo. En el año 1816 se traslada la casa de Expósitos que mantenía al Hospital de San Sebastián junto a la Mezquita Catedral.

Teodoro Ramírez de Arellano expone en su mítica obra Paseos por Córdoba que «la iglesia es de una sola nave de regulares dimensiones, con cúpula. Los altares, que son siete, adolecen en sus adornos o retablos del mal gusto de la época en que fueron construidos. El mayor tiene en el centro un camarín, en que se venera a Nuestra Señora de los Dolores, a que tributa continuo y solemne culto la hermandad de Siervos de María, fundada con autorización del reverendísimo padre fray Juan Francisco María Paggi, general de la congregación de igual título, dada en Roma en 1699. La imagen está adornada con extraordinario lujo, si bien como escultura es de muy escaso mérito. Es sacada en procesión en la tarde del Domingo de Ramos, aunque con algunas interrupciones, y forma también parte del Santo Entierro los Viernes Santos que se realiza esta solemnidad.

Por bajo del camarín está el tabernáculo, más moderno que lo demás del retablo, y aunque no malo en su forma está pintado con un gusto detestable. A los lados de éste están las imágenes de vestir de San Jacinto y San Felipe Benicio; la cabeza y manos de éste son obra del maestro fray Juan Vázquez, prior del convento de San Pablo, que, como dijimos en su lugar, hizo algunas esculturas. Por cima de éstos hay dos lienzos bastante buenos representando a San Juan Bautista y San Jerónimo, y en lo alto otro grande y apaisado con un suceso de la vida de San Jacinto. En la capilla mayor hay otros dos cuadros grandes que figuran la degollación de San Juan Bautista y el momento en que la Virgen regala al beato Domingo Soriano el verdadero retrato de Santo Domingo de Guzmán. En el arco toral hemos visto otros dos lienzos pequeños con San Jerónimo y el martirio de Santa Bárbara.

Los altares del lado del evangelio tienen la Virgen, imagen de vestir a que titulan Nuestra Señora de los Buenos Temporales, San Antonio de Padua y Jesús a la Columna con un Ecce Homo por bajo, y los de la epístola, San José, la Purísima Concepción y el beato Francisco de Posadas, que tanto hizo por la prosperidad de esta casa. La entrada a este hospital es una pieza cuyos cuatro frentes los ocupan las puertas de la calle, al interior, la iglesia y la enfermería; sobre la segunda está un gran cuadro con el retrato de don Marcelino Siuri, principal bienhechor de aquellos pobres, con una sencilla dedicatoria. Todo lo demás está cubierto de pinturas, como las de San Pedro, San Pablo, el rico avariento y otras, y multitud de milagros o exvotos colocados allí por los agradecidos fieles que han recibido beneficios por la intercesión de la Virgen. Frente a la entrada hay una urna con un Ecce Homo, escultura menor que el natural, al que también se atribuyen muchos y portentosos milagros».