La imaginería de la Semana Santa de La Línea, frente al espejo

El ámbito del arte sacro es uno de los principales causantes de que la Semana Santa haya ido adquiriendo el estatus de Fiesta de Interés Turístico Internacional en varios puntos de nuestra geografía, siendo un acontecimiento mundialmente reconocido y admirado, que viene a atraer ingentes cantidades de turistas no solo en los desfiles procesionales, sino a lo largo del año en las iglesias. Una tradición más que arraigada en Andalucía, que ha vertebrado siglos de generaciones de cofrades en torno a sus hermandades, con el principal nexo de unión de las imágenes sagradas.

De entre los incontables gremios en los que se vertebra el arte sacro, sin desmerecer en absoluto a ninguno de ellos, quizá el pilar fundamental sea la imaginería, toda vez que es la principal responsable de que se tiendan puentes entre lo divino y lo humano a través de la realización de imágenes sagradas, algunas de las cuales poseen una devoción universal que ha ido fraguándose a lo largo de siglos, y otras de las cuales se encuentran en un crecimiento devocional que el tiempo dirá hasta dónde llega.

Vaya por delante que quien escribe no es en absoluto un experto en el terreno de la Historia del Arte en general, ni de la imaginería en particular. Sin embargo, con el objeto de resaltar uno de los grandes baluartes de la Semana Santa de mi tierra, La Línea de la Concepción (Cádiz), que es la excepcional imaginería que posee, me planteo la realización de este artículo en el que se destacarán los imagineros que poseen tallas en las catorce hermandades de la ciudad. Se relacionarán sus obras en el municipio gaditano con otras repartidas por diversos rincones de nuestra geografía, con las que poseen incuestionables semejanzas, merced al lógico personal sello de identidad imprimido por sus autores. Es algo que siempre ha sucedido y sucederá, véase el caso de Juan de Mesa y el Gran Poder de Sevilla y el de La Rambla, por lo que este artículo no encierra ningún tipo de crítica por los parentescos establecidos. Así, bien podría considerarse que a lo largo de este texto la imaginería de La Línea se pondrá frente al espejo, buscando semejanzas con tallas «hermanas». Valga el término coloquial y fraternal para describir este parentesco entre imágenes talladas por el mismo imaginero, aclarando meridianamente que es una mera licencia literaria y descriptiva, sin entrar en el trasfondo espiritual en el que, como no podía ser de otra manera, estamos ante tallas sagradas y bendecidas cuya función es servir de puente hacia Jesús y María.

Un selecto elenco de imagineros, especialmente del siglo XX, dejaron su imborrable huella en la Semana Santa del municipio campogibraltareño, con muchas de las gubias más destacadas de la imaginería andaluza de tal época, que brindaron los más preciados tesoros para las catorce hermandades de penitencia de la ciudad. Luis Ortega Brú, José Antonio Navarro Arteaga, Antonio Dubé de Luque, Juan Ventura, Antonio Castillo Lastrucci, Antonio Eslava Rubio, Pedro Moreira, Gutiérrez de León (atribución) Luis González Rey o Manuel Pineda Calderón, entre otros, vinieron a darle vida a la madera para convertirla en divinidad en la localidad gaditana, una de las grandes desconocidas de Andalucía. Autores, todos ellos, que poseen obras de reconocido prestigio en ciudades muy importantes de nuestra geografía, como Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada o Jerez de la Frontera, así como en otras muchas localidades a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, su obra en La Línea no siempre es reconocida en su justa medida, pese a no revestir menor calidad, en absoluto, que en esos otros lugares. Sirvan estas humildes líneas para poner en valor la primera calidad de la la Semana Santa de La Línea en general, y de la imaginería linense en particular.

Luis Ortega Brú

El insigne imaginero Luis Ortega Brú dejó un legado imborrable, erigiéndose como uno de los grandes imagineros de la historia en general y del siglo XX en particular. La proximidad de su lugar de nacimiento, San Roque, así como los estudios en Escuela de Artes y Oficios de La Línea de la Concepción, hizo que dejara algunas obras en el municipio linense, además de otras muchas a lo largo y ancho de nuestra geografía. En La Línea dejó la talla de la Inmaculada Concepción (1954), el Cristo de las Almas y Nuestra Señora de las Angustias (1954) y la Virgen de la Esperanza (1951). La producción mariana del imaginero sanroqueño no fue especialmente prolífica, y además esta última talla, la de la Esperanza de San Bernardo, fue posteriormente restaurada por Hernández León, por lo que no posee demasiadas semejanzas a otras obras marianas de Ortega Brú, cuyo rostro suele ser muy característico. Un rostro que sí aparece reflejado en la Patrona del municipio de La Línea, a la que también da su apellido -de la Concepción-, la Inmaculada.

En el caso del Santísimo Cristo de las Almas y Nuestra Señora de las Angustias, estamos probablemente ante una de las obras cumbre de Brú. En el caso del Santísimo Cristo de las Almas, la semejanza más conocida es, sin duda, el Cristo de la Caridad (1953) de la Hermandad de Santa Marta de Sevilla. Sin embargo, el parecido más notorio es con la Piedad (1963), que se encuentra en el Museo de Ortega Brú en su localidad natal de San Roque, y cuya policromía fue terminada en el año 2001 por Ángel Ortega, hijo del propio Ortega Brú, quien también restauró el conjunto. El imaginero sanroqueño, además, realizó en 1953 el busto de la Virgen de las Penas para la Hermandad de Santa Marta, que finalmente fue sustituida por otra imagen menos rompedora para la época, y actualmente se conserva en las dependencias de la cofradía del Lunes Santo sevillano. Esta imagen mariana guarda claras semejanzas con la Virgen de las Angustias de La Línea.

Cristo de las Almas y Ntra. Sra. de las Angustias de La Línea (1954). Foto Ildefonso Pérez López – Piedad de San Roque (1963). Foto La Línea Cofrade
Nuestra Señora de las Angustias de La Línea (1954). Foto José Barea – Primitiva Virgen de las Penas de Santa Marta (1953). Foto Daniel Villalba

En lo que se refiere a la Patrona de La Línea de la Concepción, la Inmaculada, que además le da nombre al municipio, se pueden trazar rasgos de paralelismo con la imagen de Santa María Magdalena de la Hermandad de Santa Marta de Sevilla. Esta imagen fue bendecida en 1953, compartiendo rasgos faciales. Como dato anecdótico, en el año 2010 la propia cofradía hispalense recibió una donación de un busto original de Ortega Brú, que bien podría ser un boceto de la Inmaculada Concepción de La Línea, con el que comparte innumerables similitudes.

Inmaculada Concepción de La Línea (1954). Foto Ildefonso Pérez. – Santa María Magdalena de Santa Marta de Sevilla (1953). Foto Rafaes.

Como apuntábamos anteriormente, la Virgen de la Esperanza, una de las grandes devociones marianas no solo de La Línea sino de toda la región, también fue realizada por el insigne imaginero sanroqueño en el año 1951. Tan solo nueve años después, un desafortunado incendio por una vela encendida demasiado cerca del manto de la Virgen deja la imagen muy deteriorada, viéndose afectadas la cara y manos de la talla, y el propio Ortega Brú, de manera totalmente desinteresada, restaura a la dolorosa. Posteriormente, Luis Mañasco Lara y más tarde Manuel Hernández León, imaginero del titular cristífero de la corporación de San Bernardo, restauran a la Virgen de la Esperanza. Resulta extremadamente complicado encontrar parecidos entre la Virgen de la Esperanza y otras dolorosas gubiadas por Ortega Brú, toda vez que el imaginero dejaba una impronta fácilmente reconocible en las escasas imágenes marianas que gubió, que resulta esquiva en el caso de la bellísima dolorosa del Viernes Santo linense, quizá a tenor de las restauraciones a las que se sometió. La última de ellas, la de Hernández León, hace que quizá el mayor parecido lo encontremos con la Virgen de la Salud del vecino barrio de San Pedro, tallada por el propio imaginero sevillano, si bien no deja de ser un parecido remoto. Lo incuestionable es la radiante hermosura del semblante de la imagen mariana, cuya belleza es admirada dentro y fuera de las fronteras de la ciudad que duerme a los pies del Peñón de Gibraltar. Por citar otra obra gubiada por Ortega Brú que se aleja de sus propios cánones, podría mencionarse a la Virgen de los Dolores (1968) del onubense municipio de Lepe, si bien no existe parentesco con la Esperanza linense, más allá de lo anteriormente citado. Esta última talla fue restaurada profundamente por Juan Ventura, hecho que probablemente tenga que ver con la lejanía con la idiosincrasia de las tallas de Brú.

María Santísima de la Esperanza (1951) de La Línea. Foto José Barea
María Santísima de la Esperanza (1951) de La Línea. Foto José Barea

Antonio Dubé de Luque

El maravilloso imaginero sevillano, tristemente fallecido en noviembre de 2019, posee un amplísimo legado a lo largo y ancho de Andalucía. En La Línea dejó tres tallas: Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto (1992), María Santísima del Amor y del Rosario (1992) y Nuestro Padre Jesús de las Penas (1996). Con la cofradía de la Oración en el Huerto tuvo, además, una estrecha relación, toda vez que los diseños de la corporación de San José también salieron de su privilegiada mente, destacando el del paso de misterio, posteriormente tallado de manera magistral por Francisco Verdugo, y el de los bordados del paso de palio. El ángel que acompaña al titular cristífero en el paso de misterio, al que le ofrece el cáliz, también salió de su gubia en 1993.

La gubia de Dubé de Luque dejaba una impronta reconocible en sus tallas, si bien es cierto que sabía dotar a cada una de ellas de una personalidad propia. En cuanto a la talla de Jesús Orando en el Huerto, pueden mencionarse las tallas del Prendimiento de Almería capital, el Prendimiento de Córdoba capital y de la Sagrada Cena de Cáceres como obras que revisten mayor semejanza con la imagen linense, siendo mayor en el caso de estas dos últimas tallas, si bien la inclinación de la cabeza es hacia lados distintos, muchos otros rasgos son similares, como el mechón de pelo que cae al pecho hacia el mismo lado en el que se gira la cabeza. Los ojos verdosos coinciden en el caso de la Cena de Cáceres y la Oración en el Huerto de La Línea. Los titulares cristíferos almeriense (1990) y cordobés (1990) son previos al linense (1992), mientras que el Señor de la Eucaristía de Cáceres es posterior (1996).

Oración en el Huerto de La Línea (1992). Foto José Barea – Señor de la Eucaristía de Cáceres (1994). Foto Hermandad Cena Cáceres.
Oración en el Huerto de La Línea (1992) – Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento de Córdoba
(1994). Foto Hermandad Prendimiento Córdoba (Andrés Fresno)

La titular mariana de esta cofradía linense es María Santísima del Amor y del Rosario, también gubiada por Dubé en 1992. El parentesco que puede asociarse más inmediatamente es el que posee con la Virgen de la Consolación de la sevillana Hermandad de la Sed (1969), si bien en este caso la dolorosa sevillana posee los ojos azules, mientras que los de la linense son de color miel. Los demás rasgos faciales son muy similares. La Virgen de la Encarnación de Sanlúcar la Mayor (1987), dolorosa de la Cofradía de la Oración en el Huerto, posee también gran parecido con la Virgen del Amor de La Línea, compartiendo en este caso incluso la tonalidad del iris de los ojos. También conviene mencionar la semejanza con otras imágenes, como la Virgen del Sagrario de Cáceres (1998), la Virgen de la Merced de Almería (1996) o la Virgen de la Consolación de Granada (1991), titular de la Hermandad de San Agustín, si bien la inclinación de la cabeza de la imagen nazarí se aleja de la rectitud de la linense.

María Stma. del Amor y del Rosario (1992) de La Línea. Foto José Barea – Santa María Consolación de la Iglesia (1969) de Sevilla. Foto Hermandad Sed Sevilla
María Stma. del Amor y del Rosario (1992) de La Línea. Foto Hermandad Oración en el Huerto La Línea – Nuestra Señora de la Encarnación de Sanlúcar la Mayor (1987). Foto Hermandad Oración en el Huerto Sanlúcar

Nuestro Padre Jesús de las Penas llegaba al seno de la Hermandad de los Dolores en 1996, habiendo cumplido recientemente el 25 aniversario de su bendición. Esta majestuosa talla, pese a ser desconocida, bien podría considerarse una de las más destacadas de Dubé de Luque. Resulta complicado encontrar otras obras del imaginero sevillano que revistan cierto parecido. Sin embargo, otra desconocida talla de Dubé, el Cristo de las Misericordias de Bellavista (2005), tiene rasgos similares al Señor de las Penas, si bien la mirada de la talla linense se dirige hacia el frente, y la sevillana tiene la mirada hacia abajo. El extremado nivel de detalle del cabello en ambos casos resulta llamativo. Esta talla pertenecía a la Hermandad de Valme de Bellavista, corporación que cesó su actividad, permaneciendo la talla en la Parroquia del Sagrado Corazón. Otra imagen que puede citarse como semejante al Señor de las Penas es la de Nuestro Padre Jesús Cautivo, que actualmente recibe culto en la Parroquia de Santa Marina de Sevilla capital, tallada por Dubé en el año 1998. Esta talla se bendijo bajo la advocación de “Cristo Rey, Señor del Perdón” para una desaparecida agrupación de fieles. Tras diversos avatares, el imaginero la donó a la Hermandad para su exposición al culto en su sede canónica. A mitad del año 2021 se funda un grupo de fieles para venerar a esta imagen

Nuestro Padre Jesús de las Penas de La Línea (1996). Foto José Barea – Cristo de las Misericordias de Sevilla (2001). Foto lasevillaquenovemos

Antonio Navarro Arteaga

Otro de los nombres propios de la imaginería contemporánea es, sin duda, el del sevillano Antonio Navarro Arteaga. El imaginero hispalense posee una amplísima obra a lo largo y ancho de nuestra tierra, que también puede disfrutarse en el municipio campogibraltareño. Considerada una de las grandes tallas de la ciudad, el Santísimo Cristo de la Esperanza, titular cristífero de la Hermandad del Silencio, procesiona cada Lunes Santo desde la Parroquia de San Pío. Este crucificado fue realizado en el año 2002, y su perfección anatómica es digna de elogio. Seis años antes, en 1996, el propio Navarro Arteaga tallaba un crucificado para la Hermandad de Pasión y Muerte del sevillano barrio de Triana, que actualmente procesiona en las vísperas de la Semana Santa sevillana por las calles de su feligresía. El origen común de la gubia para ambos crucificados es claro, si bien el Cristo trianero posee una inclinación hacia la derecha que la talla linense no. Destaca la presencia, en ambos casos, de cuatro clavos para sujetar la imagen a la cruz. Otra semejanza a destacar es la del Cristo de la Buena Muerte de El Ejido (2002), en la provincia de Almería, obra también del imaginero sevillano.

Santísimo Cristo de la Esperanza (2002) de La Línea. Foto La Línea Cofrade. – Santísimo Cristo de Pasión y Muerte de Sevilla (1996). Foto Hermandad Pasión y Muerte

Además, la última imagen sagrada que llegó a La Línea, la Virgen de los Ángeles, titular de la Hermandad del Gran Poder, también es autoría de Navarro Arteaga del año 2012. Si antes citábamos al Cristo de Pasión y Muerte del barrio de Triana, en la misma corporación encontramos como titular mariana a Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación, gubiada por el imaginero sevillano en 2001. Ciertos rasgos compartidos por ambas imágenes, tal y como la inclinación de la cabeza, si bien la misma es hacia lados opuestos, la posición de las cejas o las manos entrelazadas, vienen a resaltar los paralelismos entre las dolorosas, de una dulzura y belleza incuestionables.

María Santísima Reina de los Ángeles de La Línea (2012). Foto José Barea – Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación de Sevilla (2001). Foto Hermandad Pasión y Muerte

Francisco Berlanga de Ávila

Francisco Berlanga de Ávila, nacido en Sevilla en 1958, dejó una bellísima dolorosa en La Línea, María Santísima de la Estrella. Tallada en 1987, la dolorosa es la imagen titular de la Hermandad de la Flagelación, que procesiona cada Domingo de Ramos. Destaca el hecho de que el propio Berlanga restaura a la Virgen de la Estrella en el año 2012, aplicándole una ligera remodelación a la imagen que tallara veinticinco años atrás. El imaginero sevillano tallaba igualmente a la Virgen de los Ángeles (1989) del cordobés municipio de Puente Genil, cuyo semblante recuerda enormemente a la dolorosa de Santiago, especialmente antes de la restauración de 2012. La dolorosa pontanesa reviste una ligera inclinación de la cabeza que la Estrella linense no posee, compartiendo, no obstante, otros muchos rasgos faciales.

Virgen de la Estrella de La Línea (1987). Foto José Barea – Virgen de los Ángeles de Puente Genil (1989). Foto Hermandad Penas Puente Genil (David Álvarez Muñoz)
Virgen de la Estrella de La Línea (1987). Foto José Barea – Virgen de los Ángeles de Puente Genil (1989). Foto Hermandad Penas Puente Genil

Manuel Hernández León

Manuel Hernández León, fallecido a finales del año 2018, es otro de los imagineros sevillanos que dejó su firme impronta en la Semana Santa linense, con varias obras de gran tirón devocional en la ciudad que duerme a los pies del Peñón de Gibraltar. En primer lugar, en el año 1985 talla la imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón en sus Tres Caídas. Dos años más tarde, en 1987, hace lo propio con la talla de María Santísima de la Salud de los Enfermos y Fuente de Salvación. Entre esos dos años, también talla todas las imágenes del misterio. En definitiva, todas las tallas de la Hermandad del Perdón son de Hernández León. En 1994 llega a La Línea su segunda imagen cristífera, el Santísimo Cristo del Amor, titular cristífero de la Hermandad de la Esperanza. También talla la imagen de Santa María Magdalena que recientemente se convertía en cotitular de la corporación de San Bernardo, procesionando a los pies del crucificado cada Viernes Santo desde su primera salida, que tendría lugar en 1995. Acomete, igualmente, un proceso de restauración sobre la Virgen de la Esperanza, tallada por Luis Ortega Brú. Conviene destacar que, pese a que se trazarán semejanzas con imágenes de otros puntos de nuestra geografía, el parentesco entre el Cristo del Amor y Señor del Perdón es más que notorio. El Cristo del Amor es el Señor del Perdón clavado en la cruz, o el Perdón es el Cristo del Amor en una de sus caídas camino al Calvario. Como prefieran.

En cuanto al Señor del Perdón (1985), podrían establecerse paralelismos con la imagen de Nuestro Padre Jesús en su Presentación al Pueblo «Ecce-Homo» de Vélez-Málaga (1987), otro de los lugares donde Hernández León dejó gran parte de su obra. Pese a que representan dos momentos pasionistas distintos, el semblante de ambas tallas cristíferas reviste parecidos más que destacables, teniendo ambas una inclinación de la cabeza hacia la derecha, quizá algo más pronunciada en el Perdón de La Línea, así como el característico mechón de pelo reposando cayendo hacia ese lado. La mirada baja, en ambas tallas, también es muy característica de Hernández León. En el caso de la fisonomía de la imagen veleña, parece perseguir la estela del Coronado de Espinas de Málaga capital, obra de Pedro Moreira. Las imágenes secundarias, es decir, Simón Cirineo y la Mujer Verónica, del misterio del Perdón linense también son obra del escultor sevillano, talladas un año después de la llegada de la imagen cristífera, es decir, en 1986.

Nuestro Padre Jesús del Perdón (1985). Foto Ildefonso Pérez López – Nuestro Padre Jesús en su Presentación al Pueblo «Ecce-Homo» (1987). Foto Hermandad.

Dos años después de la llegada a La Línea del Señor del Perdón, arribaba la dolorosa de la corporación de San Pedro, la Virgen de la Salud, que se hacía presente en los corazones de los hermanos de la cofradía en el año 1987, también gubiada por Manuel Hernández León, y que, como dato curioso, es portada el Jueves Santo por mujeres costaleras. La dolorosa posee dos «hermanas» prácticamente gemelas, talladas por el imaginero sevillano. Una, en la ciudad de Córdoba, la Virgen del Buen Fin de la Hermandad del Descendimiento, que fue tallada en el año 1979, aunque no fue bendecida hasta el año 1985 ya que, como curiosidad añadida, esta dolorosa fue rechazada en su momento por la Hermandad de los Dolores de Salteras. Por otra parte, el parecido es aún mayor en el caso de María Santísima de la Paz, Caridad y Madre de la Iglesia de Baeza, titular de la Cofradía de la Santa Cena, que fue tallada en el año 1989.

María Santísima de la Salud de La Línea (1987). Foto Hermandad Perdón La Línea. – María Santísima de la Paz, Caridad y Madre de la Iglesia de Baeza (1989). Foto Hermandad Cena Baeza
María Santísima de la Salud de La Línea (1987). Foto Hermandad Perdón. – Ntra. Sra. del Buen Fin de córdoba (1979). Foto Arrebola, Web Hermandad

En el año 1994 Hernández León lega su última obra para La Línea de la Concepción, el Santísimo Cristo del Amor, que viene a recalar en la Hermandad de la Esperanza sustituyendo a otro crucificado bajo la misma advocación. Como apuntábamos anteriormente, el imaginero sevillano dejó gran porcentaje de su obra entre el municipio linense y Vélez-Málaga. Allí se encuentra otro crucificado de su autoría, también bajo la advocación de Cristo del Amor. Mientras que el Amor de San Bernardo representa a un crucificado vivo, en el momento de pronunciar una de las Siete Palabras (Tengo Sed), la imagen veleña refleja el momento del Descendimiento de la cruz, por lo que el Señor ya se encuentra muerto. Sin embargo, existen suficientes analogías entre ambas tallas como para poder afirmar que el Amor de Vélez-Málaga es el Amor de La Línea tiempo después, tras su fallecimiento. La anatomía de ambas tallas, más que notable, también reviste grandes semejanzas, con la excepción de la herida de la lanzada, en el caso del crucificado veleño, al estar ya muerto, la falta de corona de espinas, o el hecho de que el paño de pureza se recoja por lados opuestos. Los rasgos faciales son muy similares. En ambos casos, se trata de portentosas imágenes de crucificados. La imagen de Santa María Magdalena que se arrodilla a los pies del crucificado, y que recientemente ha sido nombrada cotitular de la Cofradía de San Bernardo, también es obra de Hernández León de 1995. El romano que porta la mediante una rama de hisopo con la esponja mojada en vinagre, tallado por Manuel Martín Nieto, fue realizado en 2006.

Santísimo Cristo del Amor (1994). Foto José Barea – Santísimo Cristo del Amor en su Sagrado Descendimiento (1994). Foto Rubén Herrera
Santísimo Cristo del Amor (1994) de La Línea. Foto José Barea – Santísimo Cristo del Amor en su Sagrado Descendimiento (1994) de Vélez-Málaga. Foto Hermandad Amor y Caridad de Vélez-Málaga

Juan Ventura

Otro imaginero sevillano, natural en este caso de Lora del Río, que dejó su impronta en la Semana Santa linense fue Juan Antonio González García, conocido como Juan Ventura. La primera de las imágenes que procesiona en la Semana Santa linense es la de la Entrada Triunfal en Jerusalén, cuya talla pertenece al mencionado imaginero, habiendo sido tallada en 1993. El propio Ventura talla, además, a la titular mariana de la corporación salesiana, la Virgen de la Alegría, bendecida en 1999, que procesiona el Domingo de Ramos desde el año 2014 bajo palio tras el paso de misterio. Igualmente, la última de las imágenes que Juan Ventura deja en el municipio campogibraltareño es la del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, también realizada en 1999, con el que cuesta encontrar paralelismos, al no poseer el imaginero demasiada obra que represente un momento pasionista similar. Así, el imaginero loreño vino a gubiar el alfa y omega de la Semana Santa linense: la imagen que da el pistoletazo de salida el Domingo de Ramos a los desfiles procesionales, y la que viene a cerrarlos el Viernes Santo.

En cuanto a la imagen de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (1993) de La Línea, se pueden establecer parentescos con otras dos imágenes que vienen a representar, además, el mismo momento pasionista. En primer lugar, con el Dulce Nombre de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, conocido como la Pollinica, de Ceuta, tallada por Ventura en 1988. Por otra parte, Nuestro Señor Jesucristo en su Entrada Triunfal de Lora del Río, municipio natal del imaginero, tallada en 1990. Así, la imagen linense fue la última en ser tallada tres imágenes que comparten infinitud de semejanzas, que no dejan lugar a duda de la autoría de la gubia.

Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (1993) de La Línea. Foto Jesús Asencio Pérez – Dulce Nombre de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén (1988) de Ceuta. Foto Miguel Ángel Morales
Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (1993) de La Línea. Foto Jesús Asencio Pérez – Nuestro Señor Jesucristo en su Entrada Triunfal de Lora del Río (1990). Foto Francisco Araujo

En lo que se refiere a la Virgen de la Alegría (1999), dolorosa que recalaba en la hermandad salesiana bajo la advocación de María Santísima de la Alegría, Madre de la Iglesia y Auxilio de los Cristianos, es posible trazar paralelismos con otras dos imágenes marianas: una en la provincia de Córdoba y otra en la de Sevilla. Concretamente en Casariche, la mañana del Viernes Santo procesiona la Hermandad del Nazareno y la Esperanza. María Santísima de la Esperanza es obra de Juan Ventura, tallada en 1993. Por otra parte, Nuestra Señora de la Consolación y Esperanza procesiona por las calles de Montoro cada Martes Santo desde 1999, aunque fue tallada en 1994. Las tres tallas revisten grandes similitudes entre sí, destacando la juventud de su semblante y el radiante verde de los ojos. Destaca el hecho de que la Virgen de la Alegría no posee lágrimas en su semblante, merced al momento pasionista representado por la cofradía linense.

María Santísima de la Alegría, Madre de la Iglesia y Auxilio de los Cristianos (1999) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro – María Santísima de la Esperanza (1993) de Casariche. Foto Hermandad Nazareno Casariche
María Santísima de la Alegría, Madre de la Iglesia y Auxilio de los Cristianos (1999) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez López – Madre y Señora de Consolación y Esperanza (1994) de Montoro. Foto Hermandad de la Humildad de Montoro

Como apuntábamos anteriormente, Ventura también es el autor de la imponente imagen del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, tallada en el año 1999. Anteriormente, procesionaba la imagen del Santísimo Cristo de las Almas como Santo Entierro. Resulta complicado encontrar otras obras que revistan similitudes con la talla que cierra el Viernes Santo linense, y por tanto su Semana Santa. La excepcional imagen cristífera procesiona sobre una urna descubierta en silencio.

Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo (1999) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez

Antonio Castillo Lastrucci

Que Castillo Lastrucci es uno de los imagineros más prolíficos de la Semana Santa es algo que no escapa a nadie, toda vez que su amplísima obra se extiende a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía. En La Línea de la Concepción dejó una de las imágenes cristíferas que mayor devoción popular arrastra, la de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, que procesiona el Jueves Santo, y que fue tallado en 1940. Lo prolífico de su obra, hecho que hace complicado cuantificar el número de tallas salidas de su gubia, está estrechamente ligado con la época en la que realizó su labor, justo después de la Guerra Civil española, cuyas llamas de la intolerancia tantas imágenes sagradas devoraron. Lastrucci fue uno de los imagineros que se encargó de sustituir gran parte de estas tallas devocionales perdidas. Sin embargo, lo cuantiosa de su obra y lo rápido que tuvo que realizarla estuvo reñido con la originalidad de las mismas, y es que resulta prácticamente automático identificar la autoría del imaginero sevillano, cuyos rostros son tremendamente parecidos. Las imágenes del Nazareno de Loja (1939), de Bollullos Par del Condado (1939), de Hinojosa del Duque (1940), de Mijas (1940), de Morón de la Frontera (1940), de Ronda (1942) o de El Carpio (1944), entre otros muchos, son tallas que coinciden en esa época tras la Guerra Civil, al igual que la del Gran Poder de La Línea, y que comparten características faciales en gran medida, así como anatómicas, con posiciones corporales prácticamente iguales. Ocho tallas, incluyendo la del nazareno linense, que fueron talladas en un período de cinco años, y que vienen a representar magistralmente la divina fortaleza del Salvador camino al Calvario por la Calle de la Amargura con la cruz a cuestas. La imagen de Simón Cirineo que ayuda al Gran Poder de La Línea a aliviar el peso del madero es de autoría y fecha desconocidos.

Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (1940) de La Línea. Foto José Barea – Nuestro Padre Jesús Nazareno (1942). Foto VídeoRonda
Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (1940) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez López. – Dulce Nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno (1942). Foto Juan Martos Palomares
Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (1940) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez López. – Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta (1940). Foto Jorge Cabrera

Antonio Eslava Rubio

El imaginero natural del sevillano municipio de Carmona, discípulo de Castillo Lastrucci, también dejó su impronta en la Semana Santa de La Línea, así como en la de tantos otros lugares. Para la Hermandad de la Estrella realizó la imagen de Jesús en su Sagrada Flagelación en el año 1954, talla que fue remodelada en 2007 por Luis González Rey en cuanto a policromía. Esta portentosa talla procesiona cada Domingo de Ramos desde la Parroquia de Santiago, siendo una de las cofradías más esperadas de la ciudad campogibraltareña. Pese a que no existen tallas realizadas por Eslava que entrañen un parentesco tan clarividente como otras que aparecen en este artículo, sí que es posible trazar ciertos paralelismos con dos obras salidas de su gubia. En primer lugar, Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo de la Hermandad del Císter de Córdoba, tallado en 1978, posee alguna reminiscencia del flagelado linense en aspectos como el modo de fruncir el ceño, lo voluminoso del pelo o la manera de entreabrir la boca. Sin embargo, huelga decir que el parentesco es mayor si cabe entre el Señor de la Sangre de Córdoba, el Cautivo de Jerez de la Frontera (1970), el Cautivo de Pilas (1968) y el Señor de la Pasión de Fuengirola (1976). Otra talla con la que se puede establecer cierto parentesco con la linense, pese a representar momentos de la Pasión de Cristo muy diferentes, es el Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad en el Misterio de su Sagrada Mortaja de la Hermandad del Monte Calvario de Málaga. Pese a representar una talla de Jesús ya muerto, y haber sido restaurada por Miñarro tras un incendio fortuito, el semblante también evoca ligeramente a la Flagelación de La Línea, con las diferencias faciales evidentes y requeridas por el momento que representa. Las imágenes secundarias del paso de misterio de la Flagelación, que procesionarán al completo el Domingo de Ramos de 2022 por primera vez, han sido realizadas por el imaginero José Antonio Lucena, habiéndose realizado entre 2019 y 2022, conformando el misterio con mayúsculas de la Semana Santa linense.

Nuestro Padre Jesús de la Sagrada Flagelación (1954) de La Línea. Foto José Barea – Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo (1978). Foto Hermandad del Císter
Nuestro Padre Jesús de la Sagrada Flagelación (1954) de La Línea. Foto José Barea – Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad en el Misterio de su Sagrada Mortaja (1970) de Málaga. Foto Hermandad Monte Calvario de Málaga

Manuel Pineda Calderón

El imaginero nacido en Alcalá de Guadaira, municipio localizado de Sevilla, brindó a La Línea de una bellísima talla mariana, además de dejar un prolífico legado en la propia provincia sevillana. En el año 1956 Manuel Pineda Calderón tallaba a María Santísima de la Amargura, conocida popularmente como la Virgen de los Toreros que vendría a recibir culto en el Santuario de la Inmaculada Concepción. Pueden establecerse semejanzas con otras imágenes marianas nacidas de su gubia, como por ejemplo la Amargura y la Estrella de Dos Hermanas talladas en 1953 y 1959, respectivamente, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso de Tocina (1957) o la Piedad de la Hermandad del Valle de Ceuta, gubiada en el año 1956, siendo estos dos últimos los parecidos más diáfanos y notables.

María Santísima de la Amargura (1956) de La Línea. Foto Hermandad / La Línea Cofrade – María Santísima de la Piedad (1956) de Ceuta. Foto Yolanda Vázquez
María Santísima de la Amargura (1956) de La Línea. Foto Hermandad Amargura La Línea. – María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso (1957) de Tocina. Foto Hermandad Gran Poder Tocina
María Santísima de la Amargura (1956) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro. – Nuestra Madre y Señora de la Amargura (1953) de Dos Hermanas. Foto Hermandad Amargura Dos Hermanas

Talleres de Arte Cristiano de Olot

La producción de imágenes sagradas –en serie– por parte de los Talleres de Arte Cristiano de Olot, en la catalana provincia de Gerona, fue importantísima en la primera mitad del siglo XX, toda vez que vino a aumentar de sobremanera la realización de imágenes sagradas, especialmente gracias a la técnica de la pasta de cartón-madera, que permitía aligerar el proceso de moldeado y, por lo tanto, la velocidad en la creación de tallas. En La Línea hay una que procesiona actualmente en Semana Santa procedente de los talleres artesanales catalanes: el Cristo del Abandono. Pese a ser una talla, como todas las procedentes de Olot, en serie, posee una unción sagrada notabilísima, y además tiene alma y personalidad propia, y un incuestionable carácter entrañable. Realizada en el año 1945, y restaurada en 2015 por Mercedes Corbacho, el Santísimo Cristo del Abandono debe su advocación a una leyenda que apunta a que fue abandonado en un desfile procesional durante sus primeros años en la ciudad por un tremendo aguacero que cayó. Como es previsible, infinidad de semejanzas pueden apuntarse en relación al crucificado de la barriada de los Junquillos. Cualquier advocación de Expiración, como las de Doña Mencía (1940) o Casariche (1948), guardan parecido con la talla linense. Sin embargo, el parecido más notable se da con una imagen que está documentada como anónima, que llegó al jienense municipio de Mancha Real, el Cristo de la Misericordia. Esta obra fue sometida a una restauración el pasado año 2018, tras dicho proceso, las similitudes con el crucificado linense, tanto anatómicas como faciales, se han resaltado, por lo que fácilmente se puede colegir que el Cristo de la Misericordia de Mancha Real, casi con total seguridad, también proviene de Olot. La única diferencia entre ambas tallas, aparte de la nueva cabellera añadida al crucificado jienense tras la remodelación de 2018, que viene a evocar a la de un crucificado tan importante en Jaén capital como es el Cristo de la Expiración, es la policromía, pero la fisonomía que presentan las imágenes es idéntica, como no podía ser de otra manera dado su origen.

Santísimo Cristo del Abandono (1945) de La Línea. Foto Hermandad Abandono La Línea – Santísimo Cristo de la Misericordia (1942) de Mancha Real. Foto Hermandad Misericordia Mancha Real

Manuel Ramos Corona

Este imaginero, natural de Sevilla capital, tuvo como maestro a Luis Álvarez Duarte. Su obra se extiende por toda Andalucía, con gran cantidad de tallas salidas de su gubia. En La Línea de la Concepción dejó la talla de la Virgen de la Trinidad, gubiada en 1992, titular de la Hermandad del Medinaceli, y caracterizada por la palidez y dulzura de su joven rostro. Pese a que resulta complicado establecer paralelismos con otras obras marianas de Ramos Corona, quizá pudiera mencionarse en el ámbito de la evocación la primera obra que le fue encargada al imaginero sevillano, la Virgen de la Paz de la Hermandad de los Aceituneros de Utrera, realizada en el año 1987. La rectitud de las cejas, así como la mirada de ambas tallas, sí que pueden llegar a revestir cierto parecido, si bien ciertos rasgos faciales, y especialmente la policromía, difieren.

María Santísima de la Trinidad (1992) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro. – María Santísima de la Paz (1987) de Utrera. Foto Hermandad Aceituneros Utrera

Gutiérrez de León (atribución)

A lo largo de la historia, muchas imágenes sagradas revisten incógnitas con respecto a su autoría, ya que por muy diversos factores no siempre es posible establecer fehacientemente la gubia responsable de su hechura. Tal es el caso de Nuestra Madre y Señora en su Soledad de La Línea, cuya autoría es anónima si bien en el terreno de las atribuciones sí han proliferado algunos importantes nombres provenientes de la zona de Málaga, estimándose su hechura entre los siglos XVIII y XIX. En primer lugar, las atribuciones apuntaban al imaginero Fernando Ortiz (1717 – 1771), uno de los más importantes de la capital de la Costa del Sol, continuador de Pedro de Mena, a quien se le atribuyeron obras que hoy se sabe que son de Ortiz. De su gubia salieron tallas como la Oración en el Huerto, la Virgen de los Dolores, Consolación y Lágrimas o el Cristo del Amor, todas ellas de Málaga. Posteriormente, todo apuntaba al también malagueño Antonio Gutiérrez de León (1831-1891) como autor de la dolorosa linense, y finalmente, al abuelo de éste, Salvador Gutiérrez de León (1777-1838). La confusión entre ambos familiares es habitual a la hora de atribuir obras salidas de ese círculo, si bien un interesantísimo artículo publicado en la revista De Arte cuya autoría corre a cargo de Francisco Jesús Flores Matute parece arrojar luz sobre ciertas cuestiones de esta diatriba. Lo cierto es que la imagen fue restaurada por el imaginero también malagueño Pedro Moreira, que se encontraba afincado en La Línea, en la década de los 50.

Una de esas cuestiones es, precisamente, la autoría de la Virgen de la Soledad, que permanece oficialmente anónima. El articulista apunta claramente a que la dolorosa linense, al igual que otras, nació de la gubia de Salvador Gutiérrez de León, otro de los grandes imagineros de Málaga, y, pese a que no fue el primero de la saga, quizá sí fue el más relevante amén de la importancia de sus obras. Sin embargo, a la hora de establecer el mayor parentesco, en mi modesta e inexperta opinión en el ámbito de la imaginería, entre la talla mariana del Viernes Santo de La Línea y alguna otra obra, hay que citar una imagen que se reconoce como gubiada por Antonio Gutiérrez de León. Lo cierto es que resulta prácticamente incuestionable señalar que la Virgen de la Soledad linense pertenece al círculo de Gutiérrez de León, si bien resulta complicado señalar con certitud bien al nieto o bien al abuelo, pues ambos compartían, como es lógico, técnicas y patrones en cuanto a la realización de imágenes. Nuestra Señora y Madre del Socorro, titular mariana de la Archicofradía de la Sangre de Málaga capital, y que procesiona a los pies del crucificado en su trono el martes Santo, posee muchos rasgos compartidos con la Soledad de La Línea, si bien el rostro de la imagen malagueña es ligeramente más alargado especialmente en la barbilla, y la nariz más fina. Otras imágenes provenientes del círculo de los Gutiérrez de León, que guardan ciertas similitudes con la Soledad de La Línea pueden ser la Soledad de Fuengirola (1858) o una Virgen de los Dolores (finales del s. XVIII o principios del x. XIX) de una colección particular que aparece recogida en el artículo anteriormente mencionado. También podría destacarse el parecido con la antigua imagen titular mariana de la Hermandad de la Soledad de San Pablo de Málaga que procesionó de 1939 a 1945, y que actualmente se encuentra en las dependencias de la corporación malagueña. Estas tres últimas tallas se atribuyen a Salvador Gutiérrez de León, mientras que la Virgen del Socorro de la Archicofradía de la Sangre de Málaga, se atribuye a Antonio Gutiérrez de León.

Nuestra Madre y Señora en su Soledad (S. XIX) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez López – Nuestra Señora y Madre del Socorro (1858) de Málaga. Foto Archicofradía Sangre Málaga
Nuestra Madre y Señora en su Soledad (S. XIX) de La Línea. Foto Hermandad Soledad La Línea– Nuestra Señora y Madre del Socorro (1858) de Málaga. Foto Hermandad Pasión Fuengirola
Nuestra Madre y Señora en su Soledad (S. XIX) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro – Virgen de los Dolores (finales del s. XVIII o principios del x. XIX) de una colección particular. Foto F.J. Flores Matute

José Rabasa Pérez (taller de escultura)

Como apuntábamos anteriormente, el ámbito de la imaginería religiosa no está exento de leyendas que han ido trascendiendo el tiempo. Tal es el caso de la obra de José Rabasa Pérez, del que se rumorea que simplemente ponía el nombre a un taller artesano de imaginería religiosa, pero eran otros artistas subordinados los que realizaban las tallas, toda vez que se dice que su oficio era el de banquero y el de su cuñado, Antonio Royo Miralles, decorador. Ambos emprendieron este taller teniendo a su cargo a un grupo de imagineros que no firmaban sus obras, se entiende que a cambio de contraprestación económica. De este taller en La Línea se posee una obra que, precisamente, viene a ser de las que mayor tirón devocional tiene no solo del municipio gaditano, sino de toda la región: Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, conocido popularmente como el Medinaceli, datado del año 1953. Otra imagen salida de este taller guarda gran semejanza con la venerada imagen linense, y comparte además advocación. Se trata de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli de Ciudad Real, otra talla con gran devoción en la capital manchega, esculpida tres años atrás que su «hermano» linense, en 1950. Ambos guardan grandes similitudes, por lo que fácilmente puede pensarse que el escultor que realizara tanto una talla como la otra, probablemente fuera el mismo.

Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado (1953) de La Línea. Foto Ildefonso Pérez López. – Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli (1950) de Ciudad Real. Foto Hermandad Medinaceli Ciudad Real

Pedro Moreira

El imaginero malagueño, pese a haber nacido en la capital de la Costa del Sol, fue linense de adopción, al haber pasado gran parte de su vida en este bello rincón gaditano, donde dejó dos veneradas imágenes marianas. En la barriada de los Junquillos, legó a Nuestra Señora de Mayor Dolor, gubiada en 1950, mientras que para la Hermandad de los Dolores, talló a la dolorosa en el año 1956. La obra de Moreira no es especialmente extensa, teniendo en su haber la hechura de la Virgen de la Soledad de San Pablo de Málaga en el año 1945, que hizo a modelo de la desaparecida de Pedro de Mena, y el Coronado de Espinas de la propia capital malagueña, tallado un año después, en 1946. Lo cierto es que resulta tremendamente complicado establecer paralelismos entre sus obras, destacando el semblante maternal de la Virgen de los Dolores linense, que viene a contrastar con la imagen juvenil de la Virgen del Mayor Dolor, en la que brillan especialmente sus azulados ojos.

Nuestra Señora de Mayor Dolor (1950). Foto Ildefonso Pérez
María Santísima de los Dolores (1959). Foto Hermandad Dolores

Luis González Rey

El imaginero gaditano también dejó su impronta en la Semana Santa linense, con una talla que procesiona desde el Viernes Santo de 2018, la de Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza Nuestra, titular mariana de la Cofradía del Cristo del Mar. Esta obra fue realizada en el año 2001. Dentro del ámbito de la evocación, pueden destacarse otras obras marianas del escultor natural de Cádiz. Por ejemplo, en la propia Tacita de Plata se pueden destacar dolorosas suyas que revisten cierta semejanza, como Nuestra Señora de la Consolación Madre de la Iglesia (1997), que procesiona en el paso de misterio de la Hermandad de la Piedad o María Santísima de la Piedad (2007) de la Cofradía de las Siete Palabras. Precisamente, en la capital gaditana encontramos un curioso parecido, toda vez que no es con una imagen de la Virgen María, sino con una mujer hebrea, llamada Ruth, del misterio de la Sanidad, que fue tallada en el año 2001, y que representa a una mujer de mediana edad consolando a otra anciana, situándose en la parte delantera del paso frente al titular cristífero de la corporación. También pueden citarse parecidos con Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos (1997) de Montoro o María Santísima De La Concepción de la Hermandad del Gran Poder de Palma de Mallorca. La imagen de San Juan Evangelista, cotitular de la Hermandad del Cristo del Mar linense, también es obra de González Rey del año 2001.

Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza Nuestra (2001) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro. Mujer hebrea de la Hermandad de la Sanidad (2001) de Cádiz. Foto Jaime Zaragoza Ibañez (Islapasión)
Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza Nuestra (2001) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro. – María santísima de la Concepción de Palma de Mallorca. Foto Hermandad Gran Poder Mallorca

José María Geronés

Este imaginero, nacido en la localidad de Cassá de la Selva, de Gerona, posee una escasa trayectoria en lo que a imaginería se refiere, si bien al llegar a Sevilla en 1950 se hace cargo del taller de la Trinidad. Allí era habitual escucharle comentar que había construido 60 retablos con más de cinco metros de altura, entre sus retablos el altar de San Juan Bosco de Triana, el del Hogar de San Fernando en la Macarena, el cuerpo superior del retablo mayor de Don Bosco del Santuario de la Trinidad, los retablos del Colegio Salesiano Campano, la Auxiliadora que remata la fachada del Colegio Salesiano de Utrera y el Crucificado de su hermandad. El Santísimo Cristo de la Misericordia es el titular cristífero de la Hermandad de la Amargura, y fue tallado en 1959, tres años después de la llegada de la dolorosa que tallara Manuel Pineda Calderón. El crucificado, de unas dimensiones por encima de lo normal, es portado a hombros en su salida procesional de cada Viernes Santo por las calles del centro neurálgico de la ciudad linense. En cuanto a semejanzas, como curiosidad, podemos citar una obra que no es del propio Geronés, sino de Carlos Bravo Nogales, maestro del Taller de Escultura de la Trinidad de Sevilla previamente a la llegada de Geronés. Se trata del Santísimo Cristo de la Caridad de Pozoblanco, gubiado en el año 1942, con unas características anatómicas prácticamente idénticas, incluidas las grandes proporciones de la talla. Además, se da la coincidencia de que esta talla también procesiona cargada a hombros.

Santísimo Cristo de la Misericordia (1959) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro. – Santísimo Cristo de la Caridad (1940) de Pozoblanco. Foto Hermandad Caridad Pozoblanco.

Imaginería anónima

Es habitual en innumerables puntos de nuestra geografía que existan imágenes sagradas anónimas cuyo origen no termina de determinarse, bien sea por escasez documental, o bien por la inexistencia de pistas que arrojen luz sobre la autoría de determinadas tallas, dilatándose así en el tiempo las incógnitas sobre las manos que las realizaron.

Más allá de la Virgen de la Soledad, a la que anteriormente asociábamos con claridad al círculo de Gutiérrez de León, la autoría de otra dolorosa linense permanece en el anonimato. Se trata de María Santísima de la Concepción, titular mariana de la Hermandad del Silencio, que llegó a la ciudad gaditana en la década de los años treinta, donándose por parte de una familia de Cádiz esta talla para que fuera titular de la Hermandad de los Dolores hasta que la corporación adquirió una nueva talla realizada por Pedro Moreira en 1956. Entonces, esta imagen dolorosa termina recalando en el Santuario de la Inmaculada, donde poco tiempo después se funda la Hermandad del Silencio. En cuanto a su autoría, no existe documento alguno que arroje pistas, si bien hay quienes aseguran que la talla tiene procedencia malagueña y data de finales del siglo XVIII o comienzos del siglo XIX. Originalmente tenía las manos entrelazadas, pero el imaginero sevillano Antonio Navarro Arteaga le realiza otras separadas en 1992. También sufrió algunas restauraciones por parte del insigne artista local Luis Mañasco Lara. Como aspecto destacable, la bellísima dolorosa linense procesiona el Lunes Santo bajo el único palio de cajón existente en la Semana Santa del Campo de Gibraltar. Por apuntar un nombre, si bien no coinciden las fechas estimadas de hechura de la Concepción, se podría apuntar que las manos entrelazadas que la dolorosa poseía anteriormente pueden encajar con el sello de Antonio del castillo. Sin embargo, más allá de ese ligero apunte, resulta tremendamente aventurado decir cualquier nombre, al no existir ningún tipo de pista mas allá de las anteriormente comentadas. La imagen de San Juan Evangelista, cotitular de la Cofradía del Silencio del Lunes Santo linense, es otra talla anónima, si bien desde la corporación se atribuye a la escuela sevillana de finales del siglo XVII. Procesiona desde el año 1995, tras su llegada a la ciudad y la restauración por parte del mencionado Luis Mañasco. Será sustituida próximamente por una nueva talla realizada por José Antonio Navarro Arteaga de estilo neobarroco, tallada en madera de cedro policromada al óleo y patinada.

María Santísima de la Concepción (Siglo XVIII-XIX) de La Línea. Foto Hermandad Silencio La Línea

Igualmente, el Santísimo Cristo del Mar, que procesiona el Viernes Santo desde el marinero barrio de la Atunara, también es una talla anónima de comienzos del siglo XX. Llegó a la ciudad bajo la advocación de Cristo de la Buena Muerte, llegando a trasladarse ala Capilla del Cementerio de La Línea. La talla del crucificado, ya muerto en la cruz, es de pequeñas dimensiones, y es la única hermandad de la ciudad que procesiona al estilo malagueño, con cargadores en lugar de costaleros.

Santísimo Cristo de Mar (comienzos del s. XX) de La Línea. Foto Alfredo Sánchez Toro

En definitiva, la imaginería de la Semana Santa de La Línea de la Concepción es uno de los muchísimos aspectos destacables de la misma. Grandes imagineros del siglo XIX, e incluso más antiguos, dejaron su eterna impronta en el corazón de los cristianos linenses, con excepcionales tallas que han ido alcanzando un gran arraigo popular. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía, la Semana Santa de La Línea de la Concepción es uno de los acontecimientos más importantes de la ciudad a lo largo del año, que mayor turismo e interés atrae. Su origen se remonta a 1893, por lo que la juventud de la misma, ligada indiscutiblemente a la juventud del propio municipio, no está reñida en absoluto con la calidad artística de las cofradías linenses. La Semana Santa linense es un auténtico diamante en bruto que, sin embargo, es tremendamente desconocido allende sus fronteras. Ojalá este artículo sirva, en parte y en su justa medida, para tratar de revertir tan injusta situación.

Fuentes documentales principales

La Línea Cofrade

La Hornacina

Cofradías y Hermandades

Flores Matute, F. J. (2021). La producción sacra del escultor malagueño Salvador Gutiérrez de León (1777–1838). De Arte, 20, 163–178.