La intervención conservativa, acometida sobre la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas ha suscitado una inesperada polémica en el seno de la Hermandad propiciada por el anuncio, efectuado por la Junta de Gobierno de la Hermandad de San Andrés, de la retirada del culto de su Titular cristifero. En respuesta pública al comunicado emitido por la corporación del Domingo de Ramos, Javier Baena, Hermano Mayor de la corporación entre los años 2013 y 2016, ha recordado la Regla 46ª: de la restauración de imágenes sagradas y/o figuras, donde se indica que «cuando la Hermandad y Cofradía, previa aprobación del la Asamblea General de Hermanos, pretenda intervenir en tareas de restauración y conservación de las sagradas imágenes de nuestros Titulares y/o aquellas figuras no sagradas de su propiedad, solicitará la autorización a la Vicaría Episcopal de Economía, Fundaciones y Patrimonio Cultural anexando: a) Solicitud del Hermano Mayor con el Vº Bº del Consiliario. b) Acta del Cabildo Extraordinario de Hermanos en el que la Asamblea General de Hermanos aprobó el proyecto de intervención. c) Informe técnico, fotográfico y currículo del artista. d) Presupuesto y modo de financiación». Una protesta pública que se une a otras que se han manifestado en el ámbito privado, que evidencian que la medida ha sido recibida con división de opiniones entre la nómina de hermanos de la cofradía.
Cabe recordar que hace tan solo unas horas, la Junta de Gobierno de la Esperanza informaba de que en la tarde noche del lunes, 20 de noviembre, la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas había sido retirada del culto por un periodo aproximado de cinco días para la realización de unas labores básicas de conservación de la talla. «Los mencionados trabajos han sido encargados a la restauradora Carmen Isabel Bernal Humanes y consisten en subsanar pequeñas pérdidas y desgastes de la policromia producidas por el roce de la corona de espinas que requieren que la imagen sea retirada del culto para desempeñar dicha tarea con mayor eficacia», cita textualmente la nota de prensa emitida al efecto.
El primer titular de la cofradía, Nuestro Padre Jesús de las Penas, fue encargado en noviembre de 1953 al imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo, quien no cobró más que siete mil pesetas por su hechura, un precio simbólico que asumió a razón de sus estrechos vínculos con la hermandad de la Esperanza. La imagen, que fue bendecida el 27 de marzo de 1954, fue encargada en noviembre de 1953 bajo la todavía advocación de Jesús de la Sentencia -tal y como figuraba en los primeros estatutos de la hermandad, redactados en 1940-, advocación que sería modificada apenas unos días antes de la bendición de la imagen; de ahí que la imagen aparezca con un estudio anatómico esbozado, probablemente destinado a no ser mostrado, si bien su presentación actual resulta elocuente en conjunción con su bella faz. Y es que esta imagen, la penúltima representación de Cristo que Cerrillo hizo para la capital cordobesa, es fruto del esmerado trabajo de su autor, quien manifestó en varias ocasiones su predilección por la misma entre todas sus creaciones “cristíferas”.
Cerrillo concibió a Cristo coronado de espinas, torturado, al hilo del desfallecimiento, con el rostro transido por el cansancio, por el dolor del suplicio, por el sufrimiento, por el abandono, por la injusticia, por las infamias y por la laceración a la que fue sometido. La figura se muestra de pie, enmudecida por el dolor, cabizbaja, con las manos atadas a la espalda y parte del torso desnudo, aunque exponiendo su fortaleza por medio de su postura erguida y la aceptación de su sacrificio por la Humanidad.
Por otro lado, el rostro de la imagen logra captar la atención del espectador por sus agraciadas características: enmarcada por la cabellera que cae de forma pesada a modo de dos mechones sobre sus hombros, su faz muestra un gesto apesadumbrado, con los ojos medio entornados y la boca entreabierta que, a pesar de lo cual, es representado con una dulzura y una paz interior de raigambre clásica y de equilibrada belleza. Alejado de expresiones teatrales propias del Barroco que pretenden captar la atención del espectador, Nuestro Padre Jesús de las Penas llega a los fieles por una delicadeza, una serenidad, una amabilidad, una cercanía y una humanidad que no ocultan la tristeza honda y desconsolada de aquel que va a ser crucificado pero que, afrontando valientemente sus circunstancias, mantiene la serenidad y la entereza propia de la divinidad.
Asimismo, la imagen, que fue restaurada de urgencia en 1981 por el propio Cerrillo como consecuencia del golpe sufrido en la estación de penitencia de dicho año, procesiona en su paso de misterio acompañada por un grupo escultórico realizado por Antonio Bernal Redondo desde 1993.





