El Consejo de Gobierno reconoce como Actividad de Interés Etnológico esta práctica histórica de portar imágenes sagradas a hombros
El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado el decreto mediante el cual la Santería de Lucena queda inscrita como Bien de Interés Cultural (BIC) en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (CGPHA). La protección se realiza bajo la tipología de Actividad de Interés Etnológico, una de las máximas figuras de salvaguarda del patrimonio cultural andaluz.
Con esta declaración se reconoce oficialmente una de las manifestaciones culturales más características de los rituales festivos de Andalucía, vinculada estrechamente a la identidad religiosa y social de la ciudad cordobesa de Lucena. La santería constituye una expresión singular dentro del sistema asociativo y ceremonial que se desarrolla en torno a las celebraciones religiosas, especialmente en el ámbito de las procesiones.
Un arte ritual de portar imágenes que distingue a Lucena
La santería lucentina se define como el arte ritualizado de portar las imágenes sagradas en tronos sobre los hombros, tarea que desempeña una cuadrilla de hombres conocidos como santeros. La labor de estos portadores se encuentra coordinada por un capataz al que en Lucena se denomina manijero, figura responsable de dirigir los movimientos y el ritmo del paso.
El término “santear” identifica precisamente esta forma particular de llevar los tronos procesionales y distingue el estilo de Lucena de otras tradiciones semejantes existentes en el ámbito andaluz, configurando así un modelo organizativo propio que forma parte del patrimonio cultural de la localidad.
La singularidad de esta tradición se refuerza por su acompañamiento musical extremadamente sobrio, ya que las santerías se desarrollan exclusivamente al son de tambores y, en determinados casos, con el torralbo, una corneta utilizada especialmente en las santerías de Pasión para anunciar la llegada de un paso.
Un ritual que combina tradición, estética y movimiento
Más allá de su dimensión religiosa, la santería ha generado un universo cultural propio dentro de los rituales festivos de Andalucía, destacando tanto por su valor social como por su riqueza estética y plástica. El acto de portar los tronos se concibe, en este contexto, como un auténtico arte en movimiento, donde el gesto, la postura y el ritmo adquieren un significado simbólico.
Durante el ritual, los santeros portan las imágenes con el rostro descubierto y la cabeza erguida, sujetando el varal con la mano correspondiente al hombro sobre el que recae el peso del trono. La postura se caracteriza por una actitud firme y casi rígida, al tiempo que se imprime movimiento al conjunto.
El desplazamiento de los tronos puede adoptar formas dinámicas o estáticas, siempre con el propósito de evocar mediante el movimiento la escena o la imagen representada. A lo largo del tiempo se han configurado diferentes estilos o pasos básicos, presentes tanto en las santerías de Pasión como en las de Gloria.
Una indumentaria propia para cada celebración
Las cuadrillas de santeros se distinguen igualmente por una indumentaria específica que varía según el tipo de celebración. En las santerías de Pasión, los portadores visten túnica corta y capirote corto echado hacia atrás, sin cubrir el rostro, adoptando el color propio de cada cofradía.
En cambio, durante las santerías vinculadas a la Virgen de Araceli, patrona de Lucena, la vestimenta experimenta una transformación. En los momentos más significativos de su calendario devocional —como la bajada y la subida en romería— los santeros utilizan pantalón de medio ancho, botas negras, camisa blanca, cinto, pañuelo blanco y una faja del color del vestido de la Virgen, además de portar en el pecho el escudo de la Real Archicofradía.
Un legado transmitido durante generaciones
Los investigadores locales sitúan el origen de la santería lucentina en el siglo XIX, aunque existen precedentes históricos en los siglos XVII y XVIII, durante el periodo barroco y dieciochesco, donde ya pueden identificarse elementos que anticipan esta práctica ritual.
A lo largo del tiempo, la forma de portar los tronos ha experimentado diversas etapas de evolución, sin que ello haya supuesto la pérdida de la esencia que define el santeo como rasgo distintivo de la tradición lucentina.
La continuidad de esta manifestación cultural se ha garantizado mediante la transmisión generacional de conocimientos y saberes, que incluyen las técnicas para realizar correctamente la santería, la forma de vestir como santero, la participación en las juntas de cuadrilla o el canto de las saetas propias de la santería.
Este aprendizaje se ha producido tradicionalmente a través de la observación directa dentro de las propias cuadrillas, lo que ha permitido preservar a lo largo del tiempo las características que hacen de la santería una práctica única dentro del patrimonio cultural andaluz.





