El Juzgado de Primera Instancia número 2 de Santa Cruz de Tenerife ha emitido un auto firme que obliga a la Hermandad de la Esclavitud del Cristo de La Laguna a abrir sus puertas a las mujeres. La resolución, que no admite recurso, concede a la corporación religiosa un plazo de un mes desde el 9 de septiembre para suprimir de sus estatutos el artículo 1, donde se establecía la exclusión de las mujeres como socias.
La decisión judicial responde a un incidente de ejecución de sentencia promovido por una vecina de Tenerife, la misma que en 2020 logró que se reconociera judicialmente la vulneración de sus derechos fundamentales. El tribunal entiende que la prohibición de acceso femenino infringe los principios de igualdad, no discriminación por razón de sexo y derecho de asociación recogidos en la Constitución.
Una batalla de casi veinte años
La protagonista de este largo proceso ha sido María Teresa Laborda, quien inició su reclamación en 2008. Su denuncia escaló hasta el Tribunal Constitucional, que el 4 de noviembre de 2024 confirmó la vulneración de sus derechos al estimar un recurso de amparo contra la sentencia del Tribunal Supremo. Este último había dado la razón a la hermandad alegando que no existía discriminación al no tratarse de una entidad económica, profesional o laboral.
El nuevo auto mantiene la argumentación de la sentencia dictada en primera instancia el 11 de marzo de 2020, ratificada posteriormente por el Constitucional. Además, impone a la Esclavitud el pago de las costas del proceso y advierte de la posibilidad de multas en caso de incumplimiento.
Reacciones institucionales
El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez (PSOE), valoró de manera positiva el dictamen, al considerar que refuerza la posición defendida por el Tribunal Constitucional. A su juicio, “vetar el acceso a las mujeres es una situación anómala que no tiene cabida en pleno siglo XXI y que debe ser corregida”.
El regidor mostró su deseo de que, una vez modificado el reglamento, las mujeres puedan integrarse como miembros de pleno derecho y participar en la vida de la corporación, incluida la procesión del Cristo de La Laguna, una de las devociones más arraigadas entre la población lagunera.





