Advertisements
Córdoba, El Cirineo, ⭐ Portada, 💙 Opinión

La Madrugá: un proyecto descabellado, inoportuno, inconsistente e insustancial

Vivimos una época inaudita, cuajada de acontecimientos que hace tan solo unos meses nos hubiesen parecido increíbles, en la que frente a miles de ejemplos que demuestran que la solidaridad sigue siendo una seña de identidad de una parte importante de la sociedad, poniendo el foco en lo sustancial y no en lo accesorio y prescindible, se multiplican discursos que hacen dudar de que algunos personajes públicos tengan conciencia alguna de lo que significan conceptos como la oportunidad, la diversidad de pensamiento o la sensatez. Porque no, no es el momento. Con la que está cayendo no toca -e incluso me atrevería a afirmar que da vergüenza ajena- poner encima de la mesa un asunto tan baladí como crear una Madrugá.

No toca porque las prioridades son otras. Por un lado, colaborar -pero de verdad- en todo lo que sea posible para ayudar al prójimo en una situación mucho más compleja de lo que algunos aventuraban cuando toda esta terrible pandemia comenzó a extenderse como una mortal mancha de aceite por todo el planeta y por otro, porque la situación económica de la Semana Santa y de hermandades, bandas de música, artistas o artesanos es lo suficientemente delicada como para que por un mínimo sentido de decoro y respeto, el discurso de las hermandades cordobesas no se distraiga con memeces de este calado.

No se puede estar en esto. Hay que estar en promover iniciativas que realmente pongan en valor lo que las hermandades aportan a la sociedad, mucho más allá que absurdas fotitos de cara a la galería con cuatro -o cuarenta- paquetes de alimentos perecederos; fotos que avergüenzan a quienes pensamos que las hermandades están para mucho más, sobre todo en la época de penuria que nos ha tocado vivir y a la que se avecina. Hay quien dice que ponerle a alguno una vara dorada en la mano es tan peligroso como darle un revólver a un mono. Y desde luego hay miles de ejemplos que lo corrobora.

Buena muestra de que se trata de un discurso vacío, inoportuno y zafio es que ni tan siquiera aborda una estructura coherente. No es más que un poco más de opio para el pueblo, engañabobos para quien se deje, una divertida ocurrencia que en manos de quien está comienza a preocupar a personas sensatas, retazos sin sustancia más propios de una barra de bar -lógico, por otra parte, viniendo de alguno de sus promotores- que un proyecto sólido basado en un estudio pormenorizado que analice no solo la cuestión pecuniaria -los dineros para quien no lo entienda- sino otros factores mucho más importantes. Factores que puestos encima de la mesa desmontan el patético argumento, reducido a la concesión municipal de una subvención, que los instigadores de este absurdo pregonan. Pero, ¿las cofradías no deben aspirar a ser económicamente autónomas? ¿Qué es esto de remar en sentido contrario para depender aún más de que quien gobierna decida abrir un poco más o un poco menos el grifo?

De entrada, es falso de toda falsedad que ninguna hermandad esté dispuesta a nada, porque las hermandades, pese a lo que piensen algunos que parecen no entender lo que significa la palabra democracia, no son sus hermanos mayores, ni siquiera sus juntas de gobierno; son sus hermanos. Una masa heterogénea que en absoluto tiene un pensamiento monolítico casi en ningún asunto. Si ni siquiera una coronación canónica tiene el respaldo unánime de los hermanos de una cofradía, ¿cómo lo va a tener un asunto tan inconsistente e inoportuno como éste?

Conviene subrayar que no se ha pronunciado al respecto ninguna de las corporaciones metidas con calzador, con mayor o menor acierto, en este irritante asunto – afortunadamente otras como la Merced, una hermandad dirigida por una persona sensata, respetuosa e inteligente, se han desmarcado con nitidez de esta locura, conscientes de lo que realmente supone, porque lo han sufrido-. Quienes se han pronunciado hablan en primera persona del singular, parece mentira que algunos que llevan años acusando a otros de «jugar a ser periodistas» sean incapaces de entender la capital diferencia entre el singular y el plural, prostituyendo los medios para los que trabajan mediante la burda manipulación de entrecomillados y el uso de titulares que distan bastante de lo que han dicho los entrevistados.

Porque, para ser justos, resulta necesario incidir en que los interpelados en ningún momento han dicho públicamente en los medios que hablen el nombre de la Hermandad, eso ha sido una mentira de ciertos medios; una vergonzosa «licencia». Cuestión distinta es lo que piensen realmente y afirmen en privado. En cualquier caso unos y otros harían bien en empezar a distinguir entre «el hermano mayor piensa» y «la Hermandad está dispuesta», básicamente para que no sigan haciendo el ridículo.

Pero ya que algunos continúan forzando la situación hasta el absurdo, vayamos al grano. Antes de ni tan siquiera comenzar a pensar en construir una Madrugá hay que plantear qué modelo de Madrugá se quiere implementar. ¿Queremos copiar a Sevilla? ¿Jugar a ser la Macarena o la Esperanza de Triana? ¿Tener un paso de palio bajo el cielo del mediodía del Viernes Santo rodeado de familias, mayores y niños? O por contra, ¿pretendemos concluir la fiesta -nunca mejor dicho- a las 7 u 8 y reservarla para el horario discotequero y sus consumidores -dicho esto en el más amplio sentido de la palabra-? En función de este punto de partida y no la pasta, -los cimientos para todo aquel que tenga la cabeza para algo más que peinarse- deberían comenzar a plantearse el resto de cuestiones adyacentes.

¿Las economías de las hermandades están preparadas para soportar una Madrugá? ¿Realmente son conscientes sus promotores de la diferencia económica que supone contratar una formación musical para la madrugada del Viernes Santo respecto a un Miércoles? Porque es obvio que una banda que termina de tocar en Córdoba a las 2 o 3 de la tarde del Viernes Santo difícilmente podrá contratar con otra cofradía en otro punto cardinal de Andalucía para la tarde, lo que, en buena lógica, multiplicará su coste, ya de por sí más elevado en la Madrugá que el Miércoles Santo. La falacia de que ya tenemos bandas no sirve, porque tener banda hoy no significa tenerla dentro de 8 años, y un proyecto de este calado debe ser planteado a largo plazo no para contentar el capricho inmediato de unos pocos. Y, por cierto: tal y como están las economías de la mayor parte de las hermandades, ¿sería justo que dos o tres hermandades recibieran una considerable porción de tarta, en forma de subvención adicional, mientras el resto de corporaciones observan en silencio? ¿Las demás no tienen nada que decir? ¿Tendrían que asistir impasibles a un dispendio innecesario en un momento de grave crisis?

Pero no es ésta -la económica- la única cuestión a dilucidar. ¿Hay distancias en Córdoba como para tener una Madrugá? Si pretendemos salir a la 1 y terminar la estación de penitencia 6 horas más tarde, probablemente sí. Pero si lo que pretendemos es concluir bien entrada la mañana del Viernes Santo, es absolutamente imposible. Otra cosa es que se ponga en la calle el cortejo -o lo que quede de él- rozando el alba o que pretendamos dar vueltas como pollos sin cabeza en lugar de ir a la Catedral y volver de ella por el camino más corto que es lo que deben hacer las cofradías. Nada descartable teniendo en cuenta que una de las corporaciones implicadas paseó sin sentido por media Córdoba a su titular cristífero hace relativamente poco tiempo. Bueno no, sin sentido alguno no; para contentar a los muchos sacapasos que aplauden como focas cualquier decisión del hermano mayor con tal de reducir una procesión a una sucesión interminable de izquierdazos y pasos atrás y vociferar improperios bajo el paso a las puertas de un conocido local frecuentado por algunos de ellos.

No hay espacio suficiente, salvo que las cofradías den un millón de vueltas, se pretenda excluir de la Madrugá a las familias -con el mencionado horario de botellódromo- o se plantee poner la cruz de guía en la calle a las 5 o 6 de la mañana. Por ejemplificar: si hablamos de la Paz, sin ninguna cofradía que le moleste como ocurre el Miércoles Santo, la distancia existente entre Capuchinos a la Catedral da para seis o siete horas, andando como se debe andar claro… A paso de coreografía interminable y 5000 marchas en cada giro -revirá dicen los nuevos expertos- las 7 horas se pueden convertir en 15 o 30 llegado el caso, aunque eso suponga machacar definitivamente al cortejo nazareno con parones interminables. De Pasión mejor ni hablamos, teniendo en cuenta la distancia entre el Alcázar Viejo y la Catedral… ¿Tres horas? ¿Cuatro? ¿Cinco tal vez? ¿Esa es la Madrugá que se está cociendo? Disculpenme pero para mí la Madrugá es otra cosa.

Y ya que hablamos de nazarenos, ¿qué pasa con los cortejos? ¿Los cortejos de Córdoba están preparados para una Madrugá? ¿Se han parado a pensar los inventores de esta barrabasada como están conformados los cortejos de hermandades como el Gran Poder, la Macarena, el Silencio o la Esperanza de Triana? ¿Los ha comparado el hermano mayor de la Paz con el de su cofradía? Hablamos de cortejos formados mayoritariamente por hombres y mujeres frente a otro en el que abundan decisivamente los niños. ¿Eliminamos a los niños de la ecuación? ¿Les impedimos salir en procesión acompañando a sus Titulares? ¿Les castigamos a caminar varias horas bajo el frío de la madrugada? ¿Y a los más mayores? ¿A qué queda reducido un cortejo como el de La Paz si sacamos de sus filas a niños y personas mayores? ¿A dos tercios? ¿A la mitad? ¿Cuántos de los que quedan están dispuestos a hacer estación de penitencia a esas horas?

Quizá un cortejo con 2000 o 3000 hermanos pueda permitirse prescindir de una parte importante de sus nazarenos, pero ¿puede hacerlo una cofradía que pone en la calle a menos de 600? Los cortejos nazarenos de Córdoba en general no están preparados para esto, por lo que mucho antes de ni tan siquiera plantearse una Madrugá habría que preocuparse en modificar su estructura -la de los cortejos- y conseguir que todos aquellos que piensan que salir de nazareno es cosa de niños cambien de opinión para que haya una población suficiente como para poder permitirse el lujo de, llegado el caso, prescindir de parte del cortejo. Lo contrario es construir el castillo de naipes por el tejado. ¿Queremos una Madrugá con cofradías de poco más de 200 nazarenos? ¿A esto queremos reducir el cortejo de la Paz? Porque alguien podría pensar que los nazarenos no importan, que solo importan los costaleros, tener dos cuadrillas para cada paso y diversión asegurada, el espectáculo por el espectáculo…

¿Minimizamos la figura del nazareno -a la que tantos desprecian- hasta el punto de invitarles a quedarse en casa? ¿Esa es la Madrugá que queremos? ¿Cuánto dinero derivado de la pérdida de papeletas de sitio están dispuestos a tolerar algunos dirigentes? ¿En serio? ¿En los tiempos que corren? ¿Sin cruces de mayo y con un préstamo que pagar? ¿Con una coronación encima de la mesa? ¿Cuando el segundo mandato de quien tiene la vara dorada en la mano, y promueve este discurso, concluye en 2022, con independencia de la prórroga que se pueda solicitar con vistas a protagonizar una coronación todavía sin fecha? Porque si el promotor de todo esto hubiese llevado el asunto Madrugá en el programa con el que se presentó por primera vez al cargo de Hermano Mayor, yo hubiese pensado lo mismo pero al menos me hubiese parecido respetable plantear este proyecto y comprometerse a desarrollarlo en ocho años. Pero este señor se va, como hermano mayor se va… ¿Su idea es dejarle el regalito encima de la mesa al que venga? ¿No es suficiente con todas las demás obligaciones que va a dejar como herencia?

¿Y qué decir del público? ¿Estamos dispuestos a renunciar a buena parte de él y transitar por calles semivacías como ocurriese en la mencionada salida extraordinaria de 2018 del Señor de la Humildad y Paciencia que recorrió en estas condiciones buena parte del itinerario de regreso -a partir de Alfonso XII-? Si estamos dispuestos a renunciar al público, entonces estamos dispuestos a renunciar a lo esencial, al auténtico motivo por el que las cofradías salen a la calle que no es ni dar un paseón a ninguna imagen -algunos ni notarían si se la quitan del paso- ni fundirse en abrazos y besos con sus hermanos… sino evangelizar. Esa es la sustancia de este invento de siglos que llamamos Semana Santa. ¿A quién vamos a evangelizar si el pueblo está en su casa o en Sevilla? A veces da la sensación de que el desconocimiento le gana la batalla al sentido común y esta es una de estas ocasiones.

Lo dije hace mucho: «quien mucho abarca poco aprieta». Con una coronación por delante y una economía que depende de cruces de mayo inexistentes, bien haría el hermano mayor de la Paz en preocuparse de terminar su segundo mandato de la forma más airosa posible, ovaciones en cabildos preparados aparte, en lugar de intentar tapar huecos con una presunta subvención que hoy en día no es más que una entelequia, un sueño sin respaldo real alguno. Y que aunque en algún momento existiera, solo supondría incrementar la dependencia de las hermandades respecto de los poderes públicos que no siempre van a tratar bien a las cofradías -basta con recordar lo que ocurría en el anterior mandato cuando gobernaba la ciudad ese partido «obrero español» que tanto gusta a algunos hermanos mayores-. Y en ocuparse de que la hermandad que dirige sea pionera -verdaderamente pionera- en implementar iniciativas solidarias de auténtico calado, que para eso hay que mirar a Sevilla y no para intentar convertir a la Paz en una copia barata de la Esperanza de Triana o la Macarena. 

Afortunadamente, a pesar de la mentira del titular «periodístico», la Paz no está dispuesta a nada, todavía no, quizá nunca lo esté, o quizá algún día sí… pero no será la voluntad de una persona la que cambie el Miércoles Santo por ningún otro día, serán los hermanos. Y muchos de ellos, incluso algunos que están en su cercanía, no compran ni por asomo un proyecto descabellado, inoportuno, inconsistente e insustancial que podría suponer la desaparición de la Hermandad de la Paz tal y como la conocemos. Un desastre sin precedentes que podría tener consecuencias irreparables salvo que lo impidan quienes no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino y absurdas ocurrencias de taberna.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup