Una cofradía imprescindible, que se ha convertido en uno de los grandes referentes de la Semana Santa cordobesa. Un liderazgo que durante años fue interesadamente negado por algunas voces del ámbito cofrade, pero que se evidencia con rotundidad en imágenes como las vividas este 2025
El Miércoles Santo de 2025 dejó en la ciudad de Córdoba uno de esos episodios que se incrustan para siempre en la memoria emocional de su Semana Santa. Un momento culminante protagonizado por el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, en la calle Capitulares, a las puertas del Ayuntamiento, donde la devoción y el arte confluyeron en un instante de sobrecogedora intensidad.
La escena alcanzó su cénit cuando la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de la Salud interpretó con exquisita sensibilidad la marcha «La Saeta», acompañada por las voces hondas y emocionantes de José “El Caja” y Carmen García. El canto desgarrado del alma flamenca, unido a los metales de la Salud y al acompasado andar del paso, convirtió ese enclave urbano en un templo de emoción compartida, en el que lo divino y lo popular se abrazaron ante una muchedumbre entregada.
La cuadrilla, dirigida con maestría por Vicente Mengual, respondió con una ejecución cargada de temple, estilo y sensibilidad. El Señor de la Humildad y Paciencia avanzó, mecido con sobriedad, pero con la majestuosidad que demanda su iconografía y el sello inconfundible de esta cofradía capuchina, que ha consolidado a lo largo de las últimas décadas una estética perfectamente reconocible, depurada y profundamente respetada.
Una bulla superlativa acompañó el caminar de la cofradía durante toda su estación de penitencia, particularmente llamativa en espacios abiertos
Uno de los aspectos que se antojan absolutamente demoledores es la inmensa masa humana que arropa al paso de misterio de la corporación capuchina en este punto del recorrido. Una bulla superlativa acompañó el caminar de la cofradía durante toda su estación de penitencia, particularmente llamativa en espacios abiertos —antaño evitados, cuando se podía, por no pocas corporaciones de la ciudad de San Rafael—. Así sucedió en enclaves tan reveladores como la Plaza de las Tendillas, el entorno de San Nicolás, o la propia calle Capitulares, por donde el cortejo se desenvolvió entre una auténtica marea humana, que refrenda, de manera fehaciente e incuestionable, el poder de convocatoria y la atracción que atesora la Hermandad de la Paz y Esperanza.
Una cofradía imprescindible, que se ha convertido en uno de los grandes referentes de la Semana Santa cordobesa. Un liderazgo que durante años fue interesadamente negado por algunas voces del ámbito cofrade, pero que se evidencia con rotundidad en imágenes como las vividas este 2025. Porque más allá del incienso y el sonido de cornetas, está el vínculo profundo entre una hermandad y su ciudad, un idilio que la Paz ha sabido cultivar con elegancia, firmeza y hondura.
En un Miércoles Santo amenazado por la lluvia, Córdoba se rindió ante el Señor de la Humildad y Paciencia. Y lo hizo de nuevo, porque la historia no se repite: se renueva cada año con gestos que confirman un amor que no mengua, sino que crece con cada chicotá, con cada lágrima, con cada silencio compartido «bajo las alas de San Rafael».





