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Opinión, Racheando

La playa cofrade

Hemos comenzado agosto con una ola de calor de esas que no echamos de menos, aunque, como me recuerda siempre mi compañero Guillermo, yo no me puedo quejar dada mi ubicación geográfica y los grados que marca el termómetro de la calle en comparación con otros lugares de nuestro país.

Los que tienen la suerte de disfrutar de unas jornadas de vacaciones no van a poder aparcar el mundo cofrade en sus ciudades de origen. En este tiempo estival no paro de recibir mensajes cargados de humor de algunos de mis amigos en los que se pueden ver a veces, entre fotos pies con el mar al fondo, o cócteles, videos de retos virales en los de un grupo de toallas salen auténticas procesiones.

Toallas convertidas en costales; sombrillas en lanzas de Longinos o de soldado imperial; sillas que parecen el Pilatos de la Macarena o el Herodes de la Amargura o, incluso, como algunos valientes usan las hamacas colchonetas o mesas como pasos improvisados donde subirse e imitar las imágenes de nuestra Semana de Pasión que más cambios hacen.

La escena de la procesión playera tiene todos los ingredientes de cualquier escena sacra donde los jóvenes, y no tan jóvenes, muestran su fe pública de manera desinhibida lejos de la seriedad que se ha de tener cuando las imágenes del Señor y su Bendita Madre salen a repartir su bendición y es que hay veces que hasta los músicos cofrades en la playa salen al paso con instrumentos improvisados o que tienen guardados en los coches, apareciendo solistas en chicotás interminable.

El mundo cofrade está saliendo de su aislamiento, cada vez más, nos mostramos orgullosos de vivir una semana de diez días durante todo el año. Bien es cierto que nunca hay que cruzar la línea de la burla, pero que cofrade alguna vez no ha hecho un izquierdo cuando ha escuchado una marcha en casa. Los costaleros de pasillo han salido a las playas, no se avergüenzan de mostrar su fe, ni tampoco de escuchar música cofrade en su móvil o ver videos en YouTube.

Todo tiene su lado positivo y su negativo, todavía no he visto ninguna procesión en la playa que lleve turiferarios, y es que el aroma a incienso, a los que nos gusta, se echa mucho de menos.

Lo que nunca se debe perder es el respeto máximo a lo que significa la Semana Santa, mostrar nuestra fe recordando al Señor, y también se ha de saber donde se está en cada momento, que en la playa uno se divierte, pero en una procesión la seriedad ha de ser patente y ver sobran silbadores de marchas y, a veces, mucho hooligan de bandas.

Disfruten de sus vacaciones… los que las tengan.

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