Hoy es uno de esos días en los que personas que te pedían calma y prudencia en tus escritos se olvidan de sus consejos y sugieren diferentes cosas. Es un día de esos en los que ese pequeño ser malvado, ese pequeño demonio que reside en los rincones oscuros del alma quiere tomar las riendas y opinar, aun sabiendo que esas opiniones ya tuvieron su sitio y su momento. Opiniones que una vez salieron en negro sobre blanco, debilitaron aquel arrebato amargo que dejo un triste final a una trayectoria dulce.
Tras aquellos días amargos e injustos, el tiempo fue pasando y como todo acaba y todo empieza, nos toco levantar la frente y caminar. Los recuerdos que hoy quedan de aquella etapa se guardan con cariño y marchitan la voz de cualquier revancha, acallan los demonios que quieren resurgir y vuelven el alma tranquila, humilde y sosegada.
Hoy toca trabajar y seguir, día a día aprendiendo, sintiendo, chicota tras chicota, disfrutando con lo nuestro, siempre de frente, con la consciencia tranquila, con la paz y la calma que consuela el alma.
En este tiempo he aprendido a respetar y aceptar, a valorar lo bueno y lo malo, a escuchar y a hacerme fuerte en las adversidades. He intentado hacer valer mis ideas sin hundir a las de mi hermano y ascender, pues todos tenemos aspiraciones pero sin pisar al que queda abajo. En este tiempo he convivido y he visto como se puede vivir nuestra pasión de una manera más intensa, más continúa y más sana. He olvidado afrentas y he intentado unificar criterios. He sentido la firmeza de mi fijador en esa dura chicota que a veces nos da el destino y el abrazo del hermano en esas en que se roza el cielo con las manos.
He aprendido a rezar por mis amigos y a pedir por aquellos que no lo son, a tener paciencia y a entender que la ausencia de elogios no significa que el camino este equivocado. Te he rezado desde otros sitios, te hablado desde la distancia y desde la proximidad.
Hoy, consciente de mis limitaciones vivo el privilegio de estar frente a ti en alguna de las muchas advocaciones que te representan, mirándote a los ojos con el alma tranquila, todo lo tranquila que la pueda tener un pecador como yo.





