Sevilla

La Redención concede el Olivo de Plata a la Familia De Rueda de El Rinconcillo, un bar con cuatro siglos de historia

Un año máa la Hermandad de la Redención organiza para la ciudad de Sevilla la Gala Olivo de Plata que en 2020 alcanza la IX Edición. Se celebrará el próximo viernes 21 de febrero de 2020 en la Sala Chicarreros de la Fundación Cajasol, sita en la Calle Chicarreros.

Para esta ocasión, el galardón será entregado a la Familia «De Rueda» de El Rinconcillo por su trayectoria y colaboración con las Hermandades de Sevilla. Los beneficios irán destinados a la FUNDACIÓN AMAMA. Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama.

El Rinconcillo, en pie desde 1670, ostenta el título de bar más antiguo de Sevilla. Fue en 1858 cuando la familia De Rueda, actual propietaria, adquiere la casa de la calle Gerona nº 40, que ya funcionaba como taberna desde años atrás.

Con la compra la casa de la calle Alhóndiga nº 2 en 1897, unida a la casa de Gerona, nace El Rinconcillo con el trazado actual, de manera que la antigua casa se respeta como taberna y la parte nueva se utiliza como una tienda de ultramarinos. Esto es así hasta los años 60, época en la que comienzan a desaparecer los ultramarinos, quedando todo como la taberna que hoy se conoce.

La familia De Rueda ha conservado generación tras generación la esencia de El Rinconcillo, que se ha convertido en la esquina con más renombre de Sevilla y por la que parece que no han pasado los siglos.

El Rinconcillo atesora su ornamentación ancestral, que se conserva después de más de 300 años y que maravilla a visitantes de todo el mundo. En la planta inferior, podrás disfrutar de una deliciosa tapa o un agradable vino, apoyando la copa en su mostrador de caoba o en una de sus barricas transformadas en velador, típicamente andaluz, o bien sentado en una de las mesas de mármol con sillas de madera y enea natural. 

El ambiente se enriquece con sus estanterías labradas y repletas de antiguas botellas, su patio de luces, suelo de loza de Tarifa en su mayor superficie e hidráulica en el resto, las paredes de muro de ladrillo árabe, y los tapices sobre los muros de azulejos del XVII, XVIII y XIX, un clásico de este folclórico bar.

Además de su característica decoración, los camareros transmiten la tradición de este lugar con la costumbre de apuntar las cuentas con tiza sobre la barra de caoba como si se tratara de una pizarra, en la que cuando se liquida cada cuenta, se borra y se vuelve a empezar.

Subiendo, en la segunda planta se ubica el salón restaurante, que continúa con la estética que caracteriza este singular establecimiento: espacios señoriales con paredes de ladrillo visto, sillería andaluza, lámparas de forja y vistosos ventanales, típicos de las casas sevillanas.

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