Se respira una calma casi sospechosa en los martillos de algunas cofradías cordobesas, ese silencio previo que a veces anuncia tormenta… o, simplemente las quinielas de quienes ejercen el arte de adivinar lo que no existe. Porque, como suele ocurrir, muchos detectan tempestad donde apenas hay brisa, y con más ganas que certezas empiezan a pronosticar cambios de capataces como si fueran predicciones del tiempo en lugar de rumores de patio de vecinas.
Los indicios no dejan de ser jugosos: «este año puede resultar especialmente calentito, sobre todo considerando que hay elecciones en el horizonte y que algunos de los presuntos precandidatos, o las corrientes que los respaldan, están deseando prescindir de determinados capataces», dicen. Lo curioso es que, entre los nombres que se barajan, se encuentran algunos de los mejores, los que han dejado mejor sabor de boca… pero, claro, el ego y la envidia son implacables. Ya saben, hay quienes no perdonan a quien brilla más que el resto, aunque lo haga sin carencias ni infortunios.
Mientras tanto, llama poderosamente la atención que algunos de los capataces que más han errado, aquellos que en ocasiones han regalado momentos incómodos y escenas para olvidar, o que han generado más problemas que soluciones en sus hermandades, parecen intocables. Sí, intocables, como si el hecho de coleccionar errores fuera un mérito, un distintivo de autoridad que nadie osa cuestionar. Sin embargo, los rumores sobre posibles cambios se escuchan ya con fruición: Domingo, Lunes, Miércoles, otra vez Domingo… parece que hay capataces que no están a salvo… aunque, de momento, todo siga siendo eso: rumores.
Así que, mientras algunos se frotan las manos anticipando el oleaje que podría convertirse en tempestad, otros se consuelan pensando que quizá la resaca se difumine con la misma rapidez con la que las lenguas enloquecen en los mentideros. Y así sigue la calma chicha: un juego de expectativas, egos y señalamientos, donde se mezcla la intriga con la ironía mordaz y el suspense con el bochorno, dejando claro que, en el mundo cofrade cordobés, la previsión no está en manos del tiempo… sino del cotilleo.





