“Sevilla, Semana Santa de 1936. Documento cinematográfico inédito de diez segundos. Filmmuseum – Austria”. Este mensaje, acompañado de un vídeo, ha sido l publicado por José Luis Bustamante. En el mismo, apenas se puede disfrutar de las cofradías de un tiempo que, con la mirada actual, se antoja pretérito, pese a que existan filmaciones aun más antiguas.
A su vez, la breve mirada retrotrae a una época más convulsa -con la incipiente guerra civil y todo lo que supuso para las hermandades, a modo de incendios, desapariciones e imágenes escondidas-, pero rica aun así en intelectualidad para la que la ideología no era un impedimento con respecto al carisma devocional de una ciudad como Sevilla.
El mayor exponente de esa simbiosis no fue otro que Antonio Núñez de Herrera, la figura imprescindible de un tiempo que aunó la Semana Santa con letras mayores, sin que la misma fuera obstáculo para un desarrollo intelectual que caminaba por postulados que, a día de hoy, casi toda persona de izquierdas desconoce por definición.
Su trascendencia, obviada por muchos, dejó un testamento de obligada lectura para el que cofrade, aunque antes deba bucear en la verdadera historia (no la escriben siempre los vencedores y reescriben los vencidos). ‘Semana Santa sevillana: Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa’, llegó tras su fallecimiento por neumonía en 1935, pero es -como esos diez segundos de vídeo- una necesidad a la que acudir para entender otro tiempo sobre el que cantaba: “Los burgueses de la ciudad rezan antes Jesús del Gran Poder. Su cofradía no sale sino cuando todos los horizontes están claros. Cuando duermen o se ocultan los dolores de Sevilla. Cuando los dolores de la ciudad huyen de su mal de ser dolores”.





