El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

La Semana Santa que nadie quiso

Parece aventurado el título escogido para describir la Semana Santa que se nos va. Pero, ¿alguien ha deseado que la celebración fuera como la hemos conocido este año? El pasado fue peor, con templos cerrados a cal y canto y flores depositadas en las aceras. En cambio, pudimos salir pero hasta echamos de menos no tener cera en la chaqueta o volver a casa con los bolsillos llenos de caramelos y estampitas, mezclados con las monedas y el bonobús.

Nuestras imágenes sagradas encontrándose por su barrio será una estampa que ansiamos vivir el próximo año. Pero, ¿seguirá la mala educación? No ha faltado a su cita a pesar de la crisis sanitaria. Porque una cosa no está reñida con la otra y el ejemplo lo hemos vivido en nuestras propias carnes. En las colas por supuesto. «Quítese de aquí», «me está pisando», «oiga la cola comienza allí»… tantos mensajes que si encendiéramos por cada uno de ellos una vela aquello doblaría al que hace semanas al Gran Poder de Los Palacios y Villafranca.

Pensábamos que este año no saldrían a vociferar al pedir permiso para cruzar de una acera a otra o que no montarían en cólera al pararse uno delante de unos cuantos a mirar por un instante el programa de mano. Pero quienes carecen de nociones de educación salen aunque llueva tanto como aquel periodo en el que el Cachorro estuvo sin llegar a la Campana tras cinco intentos. Y ahí vimos discusiones y enfrentamientos en no pocos lugares.

Así como el Consejo debería estudiar cómo será la próxima Semana Santa algunos podrían hacer un examen de conciencia y guardarse la mala educación, esa que hace más ruido que la buena y de la que parecen estar orgullosos cada vez que la sacan de paseo. Por no hablar del distanciamiento social que en ocasiones brillaba por su ausencia. Corporaciones con sus miembros intentando hacer una labor encomiable para que se cumplieran con las medidas impuestas y del dintel hacia afuera ciertos espectáculos que bien podrían grabar para que observáramos tales comportamientos. ¿Y qué me dicen de los móviles en el interior mientras los demás esperamos? Hay tanto por hacer en nuestra fiesta más universal que podríamos empezar por nosotros mismos.

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