Respeto y silencio. El llanto de la Virgen de Salud y Traspaso camina de frente en la salida de su humilde paso el Sábado de Pasión. El hermoso rostro de María se hace presente portando entre sus manos un pañuelo con el que seca las lágrimas de los que lloraremos la muerte de su hijo, ese hijo que un futuro no muy lejano será trasladado al sepulcro.
La puesta en escena es sobria con el espíritu de quien saborea la verdad y profundidad de una semana cargada de remisión y salvación. Todo un lujo ahora y en el futuro.





