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La subida de María Magdalena a los cielos, una controvertida iconografía

A pesar de la multitud de obras con esta temática, después del Barroco decayó su representación

En el Prado, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando… son solo algunos de los museos españoles que cuentan con obras en su haber que representan el éxtasis de María Magdalena, una iconografía mal llamada Asunción por la similitud iconográfica que guarda con la de la Virgen. Es el único punto donde se unen ambas representaciones, ya que la subida a los cielos de la Virgen María sucedió solo una vez. Por el contrario, María Magdalena fue trasladada por los ángeles en multitud de ocasiones.

«Asunción de la Magdalena», de Jorge Manuel Theotocopouli

Pintores como Ribera o Jorge Manuel Theotocopouli tomaron como base la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine —escrita hacia 1264—, una fuente medieval que recoge en su capítulo XCVI que la santa «se refugió en el desierto en el que escondida y aislada del mundo, vivió treinta años a lo largo de los cuales siete veces cada día un ángel la subía al cielo para que asistiera a la celebración de las horas canónicas que en la gloria se cantaban». En el mundo oriental María Magdalena muere en Éfeso, pero en occidente la leyenda se nutre de fuentes que narran que la santa llegó junto a Marta y Lázaro a las costas provenzales. Allí convirtió a numerosas personas al cristianismo, realizando varios milagros. Antes de morir, los ángeles la trasladan hasta el obispo Maximiano para recibir la última comunión. Otras leyendas hablan de que sus restos son llevados a Vezélay, lugar que se convirtió en una concurrida zona de peregrinación.

Referente al tema que tratamos, la subida a los cielos no tendría nada que ver con su muerte, pues sus restos reposarían en la tierra. Sería subida a los cielos por los ángeles a las horas canónicas, según la leyenda, pero dicha afirmación no se mantiene en pie, dado que las horas no quedarían reflejadas como tal hasta el siglo VI con la Regla de San Benito. Ello no fue óbice para representar a la primera persona que vio a Cristo tras la Resurrección de camino a los cielos. Sería descendida tras el rezo, siendo regresada hasta las próximas oraciones.

La Contrarreforma fue el escenario perfecto para que esta temática acabara triunfando. Aunaba la exaltación de la penitencia con el naturalismo de la vanitas. En el Barroco aparecerá con largos cabellos acompañada por una serie de ángeles que la llevan hacia el cielo. Semidesnuda en ocasiones, la más atrevida representación la hallamos en la “Asunción de la Magdalena” de Jorge Manuel Theotocopouli, hijo de El Greco, quien la muestra sin ropa, tapándose el pecho con las manos y ondeando la cabellera sobre el pubis.

«Asunción de la Magdalena», de José de Ribera

Treinta años más tarde, José de Ribera la escenifica más joven y agraciada, añadiendo atributos con los que fácilmente puede ser identificada. Vestida con harapos y un manto rojo, la santa dirige su mirada al cielo, mientras a sus pies se observan cilicios portados por un ángel y la calavera que lleva otro sobre sus manos. La diagonal le confiere más movimiento que en la obra de Jorge Manuel, y el colorido, rasgo identificativo de la segunda etapa del Españoleto, le aleja del naturalismo de antaño. Esta iconografía es la más conocida sobre la temática que abordamos, hallándose copias en distintos lugares del mundo, quizá la más famosa en la Hispanic Society de Nueva York.

En el Museo del Prado encontramos, también denominada “La asunción de la Magdalena”, otra obra de similares características. Sin fechar, los estudiosos creen que su autor, José Antolínez, la realizó durante la primera mitad de los años setenta del siglo XVII, en los últimos años de su vida. La extraordinaria calidad es palpable en el colorido de la obra así como en el azul intenso del fondo. En Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo: 1650-1700, publicado por el Ministerio de Cultura, se recoge que «la poderosa diagonal en que se inscribe la composición, produce una sensación de vertiginoso movimiento, al que acompañan las variadísimas e inestables actitudes de los ángeles niños, y los restregones luminosos que subrayan el ímpetu ascensional del conjunto». Más desconocida es otra representación en este caso de Rizi, datada en 1674 y custodiada por una familia palentina.

Fuera de nuestras fronteras encontramos representaciones destacadas en el Museo del Hermitage, obra de Domenichino Zampieri, situada en torno a 1620, o la de Riccardo Taurini, en 1630, actualmente en el Blanton Museum of Art de Austin. Un siglo antes encontramos Elevazione della Maddalena, en la Pinacoteca de Brera, en Milán, de Marco d’Oggiono, alumno de Leonardo da Vinci, quien la realizaría entre 1522 y 1524.

«La asunción de la Magdalena», de José Antolínez

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