Sevilla

La sublime Macarena de Raúl Berzosa

Mencionar el nombre de Raúl Berzosa implica sobrepasar el límite de lo cotidiano para adentrarse inexorablemente en lo sublime. Su mano prodigiosa es capaz de despertar sentimientos que muchos de los que nos enfrentamos a su obra, hasta desconocíamos que existían. De su infinita creatividad nacen imágenes que impactan por el significado que atesoran, porque simbolizan la esencia de lo vivido por muchos seres humanos y evocan irremediablemente esa conciencia colectiva que permanece latente en el alma de generaciones enteras.

Y es que, como decían hace unos días mis buenos amigos Nuria Barrera y César Ramírez, que comparten con Berzosa esta capacidad de emocionar con cada trazo, reservada en exclusiva para los artistas de verdad -, hay parcelas del arte que no requieren de explicación y es preciso explicarlas para comprenderlas, si están sometidas a la interpretación, fallan irremisiblemente en el objetivo que pretenden alcanzar. Obras que no es necesario comprender sino sentir. Y eso ocurre con cada obra que adquiere vida en el taller de Berzosa. Un pintor mágico, que convierte cada lienzo, cada obra, en auténtica poesía, en una melodía inacabada que se concluye con el sentimiento despertado en el espectador para complementarse a la perfección con él.

Hoy, la navegación en el proceloso océano de las redes sociales, nos ha regalado una imagen sencillamente perfecta, de la Mujer más perfecta del mundo, la “Esperanza Macarena”, un óleo sobre tabla que el genial artista malagueño ha concebido para una colección particular pero que ha tenido la generosidad de compartir previamente con el mundo, consciente, aunque acaso ni él mismo lo sepa, de que sería de un egoísmo innombrable, hurtar al universo entero de la posibilidad de deleitarse con otra obra magistral, antes de que la fortuna de su disfrute quede reducida a unos pocos y envidiados afortunados.

Esta Macarena de Berzosa – no es la primera, claro, en esta misma casa les hablamos de otra maravillosa, hace ahora dos años – se revela como un lujo para el alma, una imagen icónica que todo cofrade lleva grabada a fuego, pero que en virtud de su pincel adquiere una categoría incalculable, la que la divinidad que alimenta el espíritu y altera la respiración. Algo que solamente ocurre cuando se está frente con la Madre de Dios, respirando su mirada muy cerquita del alma. Y es que la Macarena de Berzosa es la mismísima Macarena que habita en la Basílica y no otra; la misma que, por un instante, parece querer abandonar su trono a las puertas de Cielo, para hacer latir al mundo en virtud de la obra espectacular de este artista irrepetible.

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