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El Respiradero, 💙 Opinión

La vacuna de la oración

Te habías levantado a eso de las seis. Ya no podías pegar ojo. Desde hacía meses eran muchos los problemas que han sobrevolado por tu cabeza. Era una rutina eso de dormir cuatro horas con suerte. Un día más, antes de que el cielo empezara a tomar tonos claros para dejar atrás la noche, encendiste la radio. Seguías con una pesadilla que se repetía con un nuevo balance de contagios, rebrotes y muertos. Han pasado los días, las semanas y los meses. Pero parece que no tiene fondo el calendario negro de este 2020.

Lo has vivido de cerca. En tus propias carnes saladas de derramar tantas lágrimas. Si te dolió todo lo que contaba tu hija acerca de lo que vivía en la UCI del hospital. Te derrumbaste cuando semanas más tarde tu hijo dio positivo. Afortunadamente no pasó más allá de estar ingresado en planta. Sin embargo, eso solo fue un capítulo de su particular calvario que lleva inscrito dos meses sin abrir y tres en los que apenas entra gente.

Sabes que tu historia no es singular. Compartes la carga con muchas madres que han vuelto a encender la radio hasta más temprano. Olvidadas por Morfeo. Recurriendo en sus desvelos a pasar cuentas del rosario pidiendo siempre por sus familias. Rogando a Dios el fin de esta enfermedad.

Hoy te volví a ver entrar en la capilla de tu barrio de siempre. Tenías el gesto cambiado desde la última vez que nos vimos. Ha pasado tanto tiempo y tantas cosas desde entonces. Pero tu vida seguía casi igual. Te dirigiste al sagrario un rato antes de que empezara la misa de por la tarde. Seguí tus pasos y cerca del Santísimo no podía dejar de mirar tu expresión de súplica.

Llevas tu particular historia. La intentas esconder detrás una sonrisa amable hacia los demás. Pero el brillo de los ojos no engaña. Te has llenado de impotencia ante tanto sufrimiento. Y te has visto que no tienes mejor arma que la oración. En esta tarde caluroso tú eres una más de la legión que se concentran en sagrarios, capillas, hospitales y hogares rezando para que todo torne a bien.

Cuando encendiste esta mañana la radio no paraban de hablar de la gente que facilitaba contagios con su irresponsabilidad. Pero no escuchaste que mencionaran a las personas que con su esfuerzo estaban luchando contra lo que nos acecha. Como tu hija en el hospital. Como tú. Rezando. Ejerciendo la locución latina de ora et labora.

Mañana no podrás conseguir el sueño mucho más tiempo. Se ha vuelto en una rutina. Y volverás a encender la radio y tampoco escucharás que hablen de personas como tú. Los sagrarios siempre han tenido a la gente más valiente. Allí Dios escucha y da fortaleza. Por eso cada día te levantas con la esperanza de volver allí y algún día, más pronto que tarde, dar gracias porque esta pesadilla haya llegado a su fin.

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