El cofrade medio, que es el más común de los cofrades, relaciona rápidamente ciertos conceptos, algunos nombres, conocidas anécdotas con una Cofradía en concreto. Por ello estoy convencido de que cualquiera relaciona el nombre de “La Valiente” con la Virgen de la Estrella de la capital vecina. Y todo por los acontecimientos de hace casi un siglo.
No obstante, no sería justo patentar ese título y reducir su uso para referirnos en exclusiva a la Imagen Coronada que saliera del taller de La Roldana. Pues hay ocasiones en las que otras hermandades son merecedoras de tal calificativo.
Hermandades que se hallan en la disyuntiva de tener que tomar un camino en el devenir de su Historia; un camino del cual, con antelación, no se atisba claramente su final. Camino que, como haría el cofrade medio, no tomaría por no asumir el más mínimo riesgo que pudiere mancillar su currículo cofrade o la huella que dejaría en la doméstica historia de su corporación.
Sin embargo, gracias a Dios y a la intercesión de sus Sagrados Titulares, en ocasiones nos encontramos con emprendedores que son capaces de no hacer las cosas como siempre se han hecho, y así tomar con fuerza el timón que se les encomienda gobernar al ser elevados al cargo de Hermano Mayor.
Es el caso de la Hermandad de la Soledad, antes de Santiago, ahora de los Franciscanos. La Cofradía de la hebrea más guapa de Córdoba, de la que me enamoré siendo niño, mirándola en San Pedro durante mis primeros años de recuerdos cofrades.
Rara vez somos testigos de modificaciones tan trascendentes en la vida de una Cofradía; aunque hemos asistido a varios cambios de sede de manera temporal, motivados por circunstancias indeseadas como cierres de templos por restauración, no es tan común que una Hermandad tome la decisión de cambiar de manera radical aspectos que afectarán a la identidad y fisonomía de la Corporación y de la Cofradía.
Puedo imaginar las horas de deliberaciones, momentos de angustia al sopesar pros y contras, miedos y oportunidades, ilusiones y recuerdos, de los hermanos de La Soledad cuando comienzan a plantear el proyecto que, a toro pasado, se ve a todas luces un acierto: cambiar de sede y cambiar de feligresía… cambiar de barrio.
Hermandad acostumbrada, en su aún no larga Historia, a las mudanzas -no en vano la corporación ya ha pasado por San Miguel, Santiago, San Pedro, Santa Gema y vuelta a Santiago en un periodo que no abarca ni dos décadas- en 2020 decide tomar un nuevo rumbo, esta vez de manera no obligada -aunque sí necesaria-, y somete a la consideración de sus hermanos una decisión que va a cambiar de manera radical el devenir de la vida de La Soledad: dejar atrás años de devoción en la calle Agustín Moreno para estrechar lazos y profundizar en su carisma franciscano en la Parroquia de Santa María de Guadalupe, templo anexo al Colegio de los Franciscano.
Una vez superadas las primeras echadas de manos a la cabeza de los cofrades amantes de lo puramente tradicional -en castellano antiguo, rancios- el tiempo le ha dado la razón a los hermanos de la Cofradía. Así lo atestiguan los cambios que la Hermandad está disfrutando, que no sufriendo, y que se vieron reflejados hace menos de una semana con la convocatoria de los costaleros de María Santísima en su Soledad a la “igualá” en el patio del colegio.
Según nos indica su capataz, Carlos Lara Luque, fueron más de 80 los costaleros que, llenos de ilusión, se acercaron a la llamada para ser cuadrados en su respectiva trabajadera. Estamos hablando de casi tres cuadrillas para una hermandad que no es de misterio y que no tiene palio que hacer bambolear. Costaleros nuevos, costaleros viejos que vuelven a ilusionarse por fajarse.
Mas no es éste el único aspecto que ha cambiado en la Hermandad.
Este vínculo de la Hermandad con el Colegio no es nuevo. Al contrario, viene de lejos. No en vano, la relación y la colaboración mutuas han sido vitales y primordiales para ambas entidades. Tanto el Hermano Mayor, Enrique Ruiz Flores, como el Titular del Centro, Pedro Cruz, cuentan con emoción y orgullo cómo las vidas de las dos instituciones han estado entrelazadas desde hace muchos años. Muchas familias del colegio también forman parte de la Cofradía, compartiendo el carisma franciscano. Pero fue con la creación de la Semana Santa Infantil en el Colegio cuando los lazos se fortalecieron gracias a la colaboración estrecha de los hermanos de La Soledad con la organización del pequeño desfile procesional por las calles aledañas al colegio. Ya para este año se cuenta con más de 200 alumnos que formarán el pequeño cortejo el 3 de abril; niños que, en palabras del Director, Dios quiera que algún día formen parte del cortejo del Viernes Santo vistiendo la túnica franciscana. Qué mejor futuro para una Hermandad que los niños que visitan y oran ante su Virgen cada día. “El arbolito desde chiquito”, reza la leyenda de un pequeño cuadro en mi Casa de Hermandad. Y cuánta razón.
Además, cada año los alumnos del Colegio han disfrutado de visitas a la Casa de Hermandad en Santiago, haciendo que la relación no fuese unidireccional. Y a los pocos días de la llegada de María Santísima en su Soledad a su nuevo hogar fue recibiendo las oraciones y visitas de los pequeños, así como los dibujos ofrecidos por los niños a la Virgen como regalo de bienvenida. Sembrar, sembrar y sembrar para, algún día, poder recoger.
Pero desde el punto de vista de la Hermandad, su Hermano Mayor nos narra cómo se trató de una decisión deseada. El goteo de bajas en el cuerpo de nazarenos era incesante, escasa participación de los hermanos, la imposibilidad de poder contar con un templo abierto muchos días de la semana. Una decisión, en fin, a la que los hermanos estaban abocados a mirar a la cara, conocedores de que el cambio no iba a ser fácil: cambio de Casa de Hermandad, cambio de barrio, obras, esfuerzos económicos.
Para muchos una locura. Pero para los hermanos de La Soledad una bendita locura a la vista de los resultados que están recogiendo desde la llegada de la hermandad al colegio: creciente ilusión y mejor ambiente de fraternidad y trabajo; acometida de proyectos, sin olvidar jamás el carácter franciscano que inunda todo.
Pero… ¿y el barrio? Pues el barrio de Levante vive la llegada de la Virgen con una creciente devoción que se refleja en la importante asistencia a las Eucaristías, la cantidad de velas encendidas ante la Imagen de la Dolorosa… y la expectación ante el próximo Viernes Santo.
Ay, el Viernes Santo que viene. La Cofradía va a duplicar el tiempo de la Estación de Penitencia. En palabras del Hermano Mayor, se deja atrás una procesión cómoda de unas cuatro horas para pasar a estar casi ocho hasta hacer Estación de Penitencia en la Catedral y vuelta al barrio. No se espera un aumento notable en el número de nazarenos para este año, pues no puede explotar la situación a corto plazo; pero cambios como la incorporación del acompañamiento musical tras el paso de la Virgen, con marchas fúnebres y propias del Viernes Santo, la eliminación de los penitentes con cruz al hombro, harán que se solapen las bajas de aquellos hermanos que no se consideran preparados para afrontar una procesión tan larga. Aunque sí tienen la seguridad, y no creo que se equivoquen, de saber que, a diferencia de lo que ocurría en los últimos años en Santiago, María Santísima en su Soledad no llegará a su templo en su propia Soledad, en un barrio que no la esperaba.
La situación será drásticamente distinta y volverá a notarse el acierto en esta decisión que ha sido deseada y necesaria, costosa y problemática, meditada y trabajada, pero por encima de todo ilusionante y positiva. Una decisión Valiente.
Como ya dije la pasada Semana Santa en los “Paseos Cofrades” de aquellos días, “María Santísima de la Soledad, espera a sus hijos ahora en la Parroquia de Santa María de Guadalupe. En un barrio sin hermandades hasta ahora. Junto a un colegio que ya le ha acogido con los brazos abiertos. Todo un acierto el de la Hermandad Franciscana el trasladar su sede al Colegio de los Franciscanos. Todo tiene un criterio y una lógica. Y cuando las cosas se hacen siguiendo el sentido común, no queda más resultado que un Buen Fin.
Soledad es lo que ya no tiene esta Imagen en la Iglesia, en el Colegio, en el barrio.
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