Galerias, Sevilla

Cuaresma anticipada con el traslado de Cristo de Burgos

Seis minutos más tarde de lo previsto comenzó a salir el cortejo

Fue poco más de media hora, pero suficiente para vivir adentrarnos en el mundo de lo que está por llegar. Numeroso público aguardaba en las inmediaciones de la plaza Cristo de Burgos para ver salir a los titulares de la hermandad del Miércoles Santo. Con los dos faroles más próximos a la antigua iglesia de los descalzos cubiertos para atenuar la salida de las imágenes, las puertas se abrieron a las nueve menos cinco.

Cruz de guía y la silueta del crucificado al fondo, flashes al alza, público con o sin mascarilla, en un abrir y cerrar de ojos el Cristo de Burgos era recibido por las luces ingrávidas de la noche. Música de capilla para un cortejo medido, alejado de las colas kilométricas pobladas de hermanos que no aparecen ni en los cultos, porque hasta en un traslado donde la distancia es de apenas 160 metros y dos minutos andando hay quien del manual de las buenas costumbres conoce de memoria hasta el tejuelo.  

Cuando el crucificado de Juan Bautista Vázquez El Viejo viraba hacia San Pedro la dolorosa ponía punto y final a la estancia de los titulares en su casa hermandad. Un periodo que ha durado más de lo previsto, que incluso fue postergado, pero donde no pocos hermanos la han imaginado para siempre. La mirada al cielo de Madre de Dios de la Palma era el último suspiro de un transitar que la llevaría hasta su sede canónica.

La Virgen portó la corona de salida que ejecutara Fernando Marmolejo en 1961. Inconfundible presea que buscaban los móviles para captar la conjunción perfecta entre la torre de San Pedro y una pieza que es toda una seña de identidad de una cofradía entera. Pasadas las nueve y media, con el Cristo de Burgos dentro de un templo que todavía sostiene andamios, los reflejos de la corona se apagan como los pabilos tras un Miércoles Santo. Las sombras engullían las imágenes, la plaza volvía a ser un ir y venir de sevillanos. La vida, retenida unos instantes por la sobriedad, volvía a las aceras.