La vara del pertiguero, Opinión

La vara del pertiguero | Tras la última carroza

Ya se fueron los Reyes dejando tras de sí un rastro de magia y felicidad. Coincidiréis conmigo en que son pocas las celebraciones a lo largo del año que desprenden tanta ilusión cargada de inocencia y bondad. Sin embargo, ya metidos en el año nuevo, nuestros ojos apuntan a fechas no muy lejanas. En otras palabras, quedan 46 días para el Miércoles de Ceniza.

Tempus fugit, como decían los romanos, y en verdad lo hace a una velocidad pavorosa. Hace nada preparábamos el belén y los dulces para las fiestas que se avecinaban. Ahora disfrutamos de un interludio antes de que comiencen los actos cuaresmales. Algunas veces nos damos cuenta de que la vida transita con tal celeridad que no da tiempo a degustarla. No obstante, en otras tantas ocasiones nos agota su pasmosa lentitud. Al final, todo es según el cristal con que uno mira —como escribió Campoamor— o, siendo más precisos, según el ánimo de cada uno.

El caso es que ya estamos en 2023 y delante de nosotros se despliega un nuevo año cofrade. Activamos el protocolo cofradiero en cuanto Baltasar abandona la sala y los niños desenvuelven el último de sus regalos. Con la despedida de sus Majestades de Oriente, cada hermandad se prepara para todo lo que tiene por delante: montajes, papeleos, cuotas, cultos, besamanos, viacrucis… Esta vida nuestra, latente y patente durante todo el año, se extiende a partir de ahora con gran esplendor.

Pero, admitámoslo: somos un poquito «ansias». No dejamos que pase la última de las carrozas cuando ya vamos achuchando con una cruz de guía y un nazareno detrás. A pesar de ser solo un meme repetitivo —y hasta jocoso—, la verdad es que nos define muy bien. Cuando decía antes lo de degustar el momento, quería hacer hincapié en esta idea: ¿realmente disfrutamos plenamente de cada instante de nuestra existencia? Obviamente, no siempre esta el cuerpo por la labor de ser feliz, y también hay reveses que nos impiden estar contentos. No obstante, más allá de eso, ¿entendemos qué significa eso de vivir en plenitud?

Yo creo que nos cuesta asimilar el concepto y que sería prudente reflexionar sobre este asunto. Buena parte de la culpa la tiene este mundo con su turbotemporalidad, un término que quizás a más de uno le suene extraño. Sin embargo, es responsable de esas ansias que tanto nos aquejan y que nos impiden aprovechar en plenitud el día a día. Quizás deberíamos desacelerar el paso y contemplar por un segundo el momento que nos toca. Tal vez tendríamos que pensar más en este lapsus de descanso que en lo que resta por venir… ¿Tú qué opinas? Aquí lo dejo.