La Archicofradía de la Vera Cruz, ha dado un paso más en un proyecto en el que se halla embarcada la archicofradía en la última década, labor que se desarrolla con pies firmes, dando siempre pequeños pasos hacia adelante, siguiendo fielmente el atrevido y ambicioso diseño que realizara en su día José Manuel Martínez Hurtado, bajo la dirección artística y realización del taller de Manuel Solano en Morón de la Frontera. Continuando con el proyecto de bordado del techo de palio de María Santísima del Dulce Nombre, el próximo Lunes Santo la corporación del Campo de la Verdad presentará una fase más del mismo. Concretamente una moldura bordada en oro que separa el techo en dos partes, dividiendo el color del mismo, de tal modo que en la parte exterior más cercana a las bambalinas, el terciopelo es del mismo color que aquellas (azul) y en la parte interior más centrada es del color que hasta ahora ha predominado en el techo (burdeos).
Además la Archicofradía continua enriqueciendo su patrimonio, y una vez más gracias a la generosidad y devoción de sus hermanos, en este acaso a la familia Roldán Roses que, atendiendo al carácter Sacramental de la Hermandad, han tenido a bien donar una Custodia de gran belleza y valor, que será bendecida durante la celebración del Quinario a Nuestro Señor este miércoles 28 de febrero. Una pieza realizada en plata sobredorada, ébano, zirconitas, granates por el contrastado orfebre Manuel Valera. La Custodia para el Manifiesto del Santísimo Sacramento está dividida en dos partes fundamentales que vienen a marcar el ámbito de la Divinidad y el ámbito de lo creado, de lo no-Dios. Y este ámbito creado, a su vez, en dos partes: las criaturas angélicas y la criatura humana, terrestre, inmanente.
El ámbito de la Divinidad se aborda con un “sol” formado por unos rayos perpendiculares a una circunferencia desarrollada en nubes, como un rompimiento de gloria, alternos rectilíneos y ondulados. En su parte superior se interrumpen para albergar una cruz en ébano. Esta circunferencia está montada en cristal y acoge en su interior otra más pequeña, también conformada por rayos, que es el viril para manifestar la Hostia. El círculo es la figura geométrica que simboliza lo perfecto (sin principio ni fin): una circunferencia dentro de una circunferencia: lo perfectamente perfecto, que solo es Dios. Los rayos representan la luz y la luz, a su vez, simboliza en este caso la fuerza (los rayos rectilíneos imprimen poder donde se aplican) y la verdad (los rayos ondulados, suaves, descubren la verdad que, al final, se impone sin violencia). Una macolla formada por un lirio (de pureza) y en su centro superior un corazón (el amor), es decir puro amor, amor puro, es lo que une a Dios con su creación.
Debajo del lirio aparecen tres ángeles que, en círculo y levantado brazos y manos, alaban a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Jesús Eucaristía. Representan el mundo celeste, los coros angélicos, que continuamente “ven” a Dios y lo adoran. Debajo de ellos una pequeña peana en círculo con mensuras costeras. Hasta aquí, la gloria celeste, a la que están llamados los hombres, pero que por causa del pecado no pueden acceder por sus propios méritos. Por eso, debajo de esto, el vástago continúa en un pelícano. El pelícano es símbolo del sacrificio de Cristo en la cruz, pues alimenta, da vida, a los suyos, entregándose a la muerte al abrirse el pecho y dar como alimento su propia sangre.
Así Cristo, Pelícano Eucarístico, se da a Sí mismo como Pan de Vida eterna y Bebida de salvación. Sólo el Sacrificio de Cristo, perpetuado en la Eucaristía, es lo que abre a los hombres el acceso a Dios, a la Vida divina. Debajo del Pelícano, único nexo de unión entre Dios y el hombre, está el mundo. El hemisferio, con sus continentes, trabajos (los barcos grabados), y sus frutos (las espigas), es el lugar de la humanidad doliente, pero llamada por el Sacrificio de Cristo en la Vera Cruz y su participación en la Eucaristía a la gloria de la resurrección y de la Vida divina. Debajo del hemisferio, en la peana que lo circunda, aparece la titulación de esta custodia-manifestador: Verae Crucis cordubensis sum (soy de la Vera Cruz de Córdoba).





