Un año de espera y promesas contenidas culminó este domingo en una explosión de fe en el corazón de Sierra Morena. La Virgen de la Cabeza, la querida Morenita, volvió a encontrarse con sus devotos en una jornada marcada por la emoción y la profunda espiritualidad que envuelve una de las romerías más antiguas y entrañables de España.
Desde primeras horas de la mañana, el Santuario se convirtió en un hervidero de sentimientos. A las diez y veinte, la imagen de la Santísima Virgen fue trasladada con solemnidad hasta el Altar Mayor, donde presidió la Solemne Misa Pontifical, preludio de la gran cita del día: su procesión por las calzadas del cerro.
La Virgen, portada entre vivas, rezos y lágrimas, descendió majestuosamente, deteniéndose ante las casas de las distintas filiales que, año tras año, renuevan su vínculo de amor eterno con la Morenita. La emoción era palpable en el aire, en cada pañuelo alzado, en cada mirada agradecida.
Más de 5.000 peregrinos, acompañados de 1.500 vehículos, 181 carretas llegadas desde Andújar y 37 desde Marmolejo, así como una caballería de un centenar de caballos, dieron forma a una romería que este año se vivió también con el corazón encogido por el reciente fallecimiento del Papa Francisco, cuya memoria estuvo presente en los actos.
Una celebración sin incidencias graves
El dispositivo de emergencias desplegado durante el fin de semana permitió que la celebración transcurriera con normalidad. Los servicios sanitarios atendieron a 291 personas, la mayoría por dolencias leves, registrándose solo dos traslados hospitalarios por traumatismos sin gravedad. El operativo de seguridad coordinó además 570 incidencias, principalmente relacionadas con asistencia sanitaria, traslados sociales y gestión de grandes concentraciones.
La Policía Nacional Adscrita a la Comunidad Autónoma reforzó la vigilancia, realizando controles de vehículos, protección ambiental y acompañamientos de carretas, así como labores de auxilio humanitario en distintos puntos del recorrido.
Un latido que nunca se apaga
El reencuentro de la Virgen de la Cabeza con su pueblo ha vuelto a poner de manifiesto la fuerza indestructible de una devoción que atraviesa generaciones. El eco de sus pasos resonó entre los cerros, llevando consigo promesas, agradecimientos y anhelos cumplidos.
La Morenita, desde su trono en Sierra Morena, sigue siendo faro y refugio de quienes cada año peregrinan a sus plantas, sabiendo que bajo su mirada, la esperanza florece, el dolor se mitiga y la fe renace con fuerza invencible.





