El Respiradero, 💙 Opinión

La Virgen del Amparo y el viaje a otro siglo

Esta noche vi a la Virgen de Amparo. Desde entonces he perdido la noción del tiempo entre las columnas de la Magdalena. Mi reloj se ha parado. La madrugada me confunde. Ignoro lo que pasa en el exterior. Un rostro se ha adueñado de mi pensamiento. Y temo que se apodere de mi corazón.

El otoño entraña magia. La ciudad parece que ha sido absorbida por un lienzo del Bellas Artes. Todo transcurre a velocidad literaria. En las naves viejas de la Plaza de la Magdalena se amontonan hombres de cualquier edad. Trajes de abotonaduras doradas y chalecos sin mangas de Scalpers. Junto a ellos, mujeres de blusas estampadas y chaquetas negras. Todos comparten un mismo cordón dorado en el cuello.

De repente, suena un fuerte estrépito. El órgano llena la inmensidad de la Parroquia. Voces de cámara se apoyan en el balcón del coro y una cruz dorada empieza a atravesar las bancas. El incienso llena el entorno. Los que han dejado llevarse por su olor han cerrado los ojos y una fuerte punzada ha entrado en sus pechos.

La voz del sacerdote recuerda a otro tiempo. Casulla de finos hilos de colores forman un jardín que queda atrapado en los moldurones dorados de la Sagrada Cátedra. Es el terciopelo el que se apodera de los acólitos. Estudiantes en facultades centenarias y opositores que acaban de dejar la estampa de la Virgen en su escritorio. En el altar son los coreógrafos de una pieza de ballet. Movimientos llenos de naturales que es una ofrenda para la ceremonia.

La talla flamenca de la Virgen del Amparo es capaz de resaltar en la profundidad barroca del Retablo Mayor. Dos ángeles se arrodillan ante Ella. La plata brilla con esmero. La disposición de las velas es una scala coeli que asciende al edén.

María tiene una dulzura que transmite una paz interior. Nos ha hecho vibrar el corazón para darles alas. Un único deseo tiene ahora el alma. Estar junto a Ella. Como el Niño que no para de mirarla sin soltarse de su regazo.

Suena la plegaria de Joaquín Turina. El tiempo se ha detenido. Quizás haya ido para atrás. Qué más da. Cuando se llega a un hermoso y feliz momento se alcanza la eternidad. Y el Santísimo elevándose ha atrapado los siglos en su forma.

La Virgen del Amparo ha dejado una caricia en los sentimientos más profundos. Una abundantísima gracia de Espíritu Divino, para que experimentando su felicísimo Amparo alcancemos el alivio de la necesidad que padecemos. Esta pandemia que nos desgarra. Sin embargo, nos hemos sentido por primera vez seguros. Hemos llegado a un Refugio donde todas las penas del mundo se han convertido en rezos para la Virgen. Ante su mirada todo ha sido Consuelo. Su belleza viaja por los siglos hasta esta noche oscura del alma en que tan necesario ha sido estar Bajo Tu Amparo.

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