La voz de la soberbia

Cuántas y cuántas veces se ha enorgullecido y ha alardeado una buena parte de la comunidad cofrade predicando los valores que, en teoría, tanto se dan por supuestos. Cuántas ocasiones y cuántas fotografías, con sus consecuentes publicaciones – individuales y colectivas – han servido a muchos para regodearse en una infinita autocomplacencia con el único propósito de demostrar ante los demás lo bien que han hecho una determinada labor, más por el gusto de sacar pecho que por hacer verdaderas contribuciones o convertirse en un auténtico ejemplo a seguir.

Y mientras esa conducta se convierte en un hábito cada vez más llevado a la práctica por parte de algunos círculos y ciertas personas, las restantes mantienen un educado silencio que las primeras aprovechan e interpretan como una licencia para creerse con unos derechos entre los que se incluyen dirigirse a quien estimen oportuno con un tono y unas formas que no dejan ver sino la soberbia de quien se cree de vuelta de todo gracias a unos hipotéticos méritos.

Por supuesto, en este a veces pequeño universo cofrade, no faltan quienes por su parte también se vanaglorian de conocer a muchas de las figuras más destacadas del momento, a menudo protagonistas indiscutibles de una rabiosa y caprichosa actualidad. Y si no los conocen, a buen seguro serán capaces de exagerar la realidad un poquito. Eso si no buscan algún vínculo que les permitan llegar hasta estas personas y tratarlas personalmente del modo que sea. Cualquier cosa es poca si se trata de enterarse de rumores, chismes y especulaciones para convertirse en un perfecto correveidile en posesión de las informaciones más codiciadas.

Sin embargo y a pesar de todo, parece ser que el problema no son esta clase de individuos, sino aquellas que cuando se las lleva a un extremo – después de haber estado aguantando carretas y carretones – no les queda más remedio que romper su respetuoso silencio para hacer uso de una libertad de expresión que, depende de quien la emplee puede estar absolutamente justificada…o tremendamente condenada y, si es posible, también censurada.