El viejo costal, Opinión

Las calles llenas y las cabezas vacías

Seguimos valientes siempre de frente, cegados por una gualdrapa de terciopelo, espesa que no dejar pasar ni luz ni conocimiento, seguimos pisando fuerte, con tesón, imparables, seguimos con nuestras salidas extraordinarias justificadas por cualquier efímero motivo, eso es lo de menos, previstas para este año, de momento 33, seguimos con nuestra terquedad en disfrutar de lo que nos gusta y tenemos la hipocresía de disfrazar estas innecesarias necesidades como muestra de nuestra manifestación pública de fe.

Y es que todos los cofrades estamos particularmente enamorados de los pasos en la calle, adictos a palios o misterios, solo podemos pensar que una buena banda, una salida larga, larga de horas y por ende de recorridos. Lo peor es que dadas las circunstancias que hemos vivido, ya no nos importan los guiones, ni los hermanos penitentes, mucho menos las mantillas, hemos aprendido a prescindir de la cruz de guía, de estandartes, del “SPQR”, de bocinas y incensarios, nosotros solo queremos ver a nuestros titulares entronizados en sus pasos, al precio que sea, eso sí incuestionablemente por las calles, preferiblemente abarrotadas de fieles.

Y la cruda realidad es que en el mismo momento de estampar estas líneas en España mueren una media 140 personas por día, y los días corren mucho, y nosotros pensando en llenar las calles, con nuestras vacías cabezas, y es que a golpes de diluir las responsabilidades nuestros políticos han conseguido que la gestión de esta enfermedad la hagamos nosotros, diluyendo su responsabilidad en nuestras actuaciones, ya sabes, los fallos tienen un desgaste electoral, de lo único que huyen y quizás lo que más les importa.

Ahora las pruebas de antígenos te las pagas tú, además te las haces tú, la vigilancia del cumplimiento es responsabilidad tuya, el comunicar los positivos también, y ellos solo se han preocupado de que esta pandemia sea una enfermedad común, y así dejarán de informar y dar cifras de contagios, muertes y demás, toda la responsabilidad ha caído sobre nuestros hombros.

Y nosotros con nuestras cabezas vacías llenamos las calles, vivimos con normalidad la más anormal de las situaciones, creo que nuestra pasión nos está cegando, nuestra ansiedad también, se está modificando el sentido de nuestras salidas, se está modificando la formación de nuestros guiones, se está de alguna manera interviniendo y modificando nuestra especial y tradicional manifestación pública de fe.

Criticamos con fruición lo que está pasando en alguna ciudad andaluza, donde han impedido algunas salidas, y todos los ensayos de costaleros, criticamos en otras que las normas son excesivas para nuestra peculiar ceguera y necesidad imparable. Unos piden el pasaporte Covid, y verifican las pautas completas de vacunas, pautas y pasaporte que para nada sirven, otros piden pruebas de antígenos negativas, que nada resuelven, ya que tenemos perfecto conocimiento de personas que vacunadas con la pauta completa, vuelven a ser abrazados por este maldito virus, y que el pasaporte solo es constancia del cumplimiento de las normas fijadas, y que las pruebas solo son ciertas con determinadas cargas virales. No hablaremos de las medidas mínimas y constantes, mascarillas, distancia, ventilación etc. unas son de aplicación y otras no tanto, por imposibles en nuestras salidas y ensayos.

Ahora se incrementan las salidas, me refiero a todos los ensayos de costaleros, ya empiezan, y como en todas las facetas, hay capataces que creen que tras un año de parón hay que incrementar los ensayos, otros creen que han de reducirse a los mínimos imprescindibles, y yo como cristiano viejo le recomiendo a los costaleros tres cosas: confesión, comunión y extremaunción, por lo que pueda pasar.

Sé como tantas otras veces que no le gusta a nadie lo que está leyendo, pero he de ser sincero, y si te molesta que diga la verdad, siempre será mejor sentirte ofendido por sinceridad, que feliz por unas mentiras.