Las Esperanzas de Sevilla amanecen esplendorosas para celebrar la Festividad de la Inmaculada Concepción

Con la llegada del mes de diciembre, mes de la Esperanza, nuestras Imágenes se visten de azul para conmemorar la Festividad del Dogma de la Concepción. El dogma donde la Iglesia proclama que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha del pecado, que está revelado por Dios. Por este motivo, en Sevilla, las dos Esperanzas han amanecido ataviadas para la celebración de este día.

En la Basílica de Nuestra de La Esperanza, coincide con el primer viernes de mes, por lo que Nuestro Padre Jesús de la Sentencia se encuentra en Besamanos. La Virgen luce el manto celeste de tisú bordado por Carrasquilla Perea entre 1962 y 1964. La saya es la bordada por por las hermanas Martín Cruz en 1964. En cuanto al Señor, viste la túnica de terciopelo de color malva bordada en hilo de plata, diseñada por José Manuel Martínez Hurtado y realizada por José Luis Sánchez Expósito.

Al otro lado del río, en la calle Pureza, la Esperanza de Triana luce con los colores rojo y azul, con los que salía cada madrugada del Viernes Santo hasta 1938. Luce saya bordada en oro fino sobre terciopelo granate, confeccionada por el taller de Fernández y Enríquez en 2003 y manto bordado en oro sobre terciopelo azul, realizado por el mismo taller de la localidad sevillana de Brenes, con diseño del ceramista José Antonio Peláez. Completa el terno con la toca de tul bordada en hojilla de oro, talcos y espejuelos, elaborada por Jesús Castizo en 2022, un tocado de encaje de Bruselas y punto de aguja y un cíngulo fajinado, bordado en seda de colores sobre raso blanco.

En cuanto a joyas, cabe destacar la réplica del ancla más antigua que se le conoce, realizada por Fernando Morillo y el puñal labrado por Jesús Domínguez.

Por su parte, el Santísimo Cristo de las Tres Caídas luce túnica de terciopelo morado bordada en oro por el taller de José Guillermo Carrasquilla en 1978. El diseño concentra los bordados en la parte inferior de la túnica, en las mangas, hasta prácticamente llegar al codo y en el pecho, siguiendo los postulados de las composiciones de Rodríguez Ojeda.