León se postra ante su Nazareno antes de su histórico peregrinaje a Roma

La capital leonesa ha vivido un fin de semana de emoción y solemnidad en torno a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que se prepara para participar en el Jubileo de las Cofradías en la Ciudad Eterna.

Con una cuidada secuencia de actos cargados de simbolismo y fervor, la Cofradía de Jesús Nazareno de León ha culminado este fin de semana todos los preparativos que anteceden a la esperada peregrinación a Roma, donde la venerada imagen participará en el Jubileo de las Cofradías.

La jornada comenzó en la mañana del sábado con un acto institucional en colaboración con Correos, en el que los asistentes pudieron adquirir postales conmemorativas, así como un sello y matasellos de edición especial creados expresamente para esta ocasión histórica.

Posteriormente, en el marco de una rueda de prensa, la Cofradía dio a conocer el programa oficial de actos que se desarrollarán durante la estancia en Roma, al tiempo que se presentó el cartel conmemorativo del Jubileo, obra del cofrade Francisco J. Ajenjo, una pieza cargada de simbolismo que sintetiza la esencia del viaje espiritual.

Ya en la capilla de Santa Nonia, centro devocional de la corporación, los acordes solemnes de la Banda de Cornetas y Tambores sirvieron de fondo a un emotivo acto de despedida. En ese contexto, se realizó la entrega de tres banderas —la española, la de Castilla y León y la de León capital— donadas por la Academia Básica del Aire, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento leonés, respectivamente. Estas enseñas acompañarán al Nazareno en cada uno de los hitos que vivirá durante su estancia en Roma, especialmente en el Besapié que tendrá lugar en la basílica de Sant’Andrea della Valle.

La jornada continuó por la tarde con la celebración de una Misa de Envío en la Santa Iglesia Catedral de León, presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Bernardito Auza, en uno de sus últimos actos como Nuncio Apostólico en España, antes de asumir su nuevo destino diplomático en la Unión Europea. Durante la eucaristía, el templo catedralicio se llenó de hermanos y fieles que quisieron encomendar el viaje y mostrar su respaldo a la Cofradía.

Como colofón, Monseñor Auza visitó nuevamente la capilla de Santa Nonia, donde oró ante la imagen del Nazareno, pidiendo por una peregrinación fructífera y por la unidad espiritual de todos los cofrades. El prelado firmó en el Libro de Honor de la Cofradía, dejando constancia de este encuentro memorable, y recibió un obsequio institucional en señal de agradecimiento.

La devoción leonesa se encamina ahora hacia el corazón de la cristiandad, donde la talla castellana de Jesús Nazareno será, por unos días, embajadora de una fe centenaria.

Un Nazareno con siglos de historia rumbo a Roma: arte, devoción y legado de una imagen única

La imagen titular de la Cofradía de Jesús Nazareno de León, obra cumbre del barroco castellano, sintetiza en su madera siglos de fe, restauraciones e interpretaciones artísticas, desde su posible origen en los talleres vallisoletanos del siglo XVII hasta su papel protagonista en el Jubileo de las Cofradías en Roma.

Nuestro Padre Jesús Nazareno, representación sacra de profunda raigambre en la ciudad de León, es una imagen tallada en el seno de la Escuela Castellana durante el Siglo de Oro español, muy probablemente entre 1610 y 1650, en el ambiente artístico vallisoletano, considerado entonces el epicentro de la escultura religiosa en la mitad norte peninsular. Su fisonomía recuerda con fuerza las formas de Gregorio Fernández, aunque la atribución definitiva sigue envuelta en el velo del tiempo y las múltiples intervenciones que ha sufrido la talla a lo largo de más de tres siglos.

Las investigaciones más recientes, impulsadas por expertos como César García Álvarez y Eduardo Álvarez Aller, han reforzado la hipótesis de la influencia fernandina, llegando incluso a proponer su autoría directa en congresos y publicaciones universitarias. No obstante, la historiografía más prudente prefiere hablar de un discípulo o seguidor del maestro, posiblemente Pedro de la Cuadra, como apuntó el profesor Fernando Llamazares Rodríguez. Las múltiples restauraciones —desde la documentada en 1674 hasta las más modernas de 1944 y 2015—, han alterado notablemente la concepción original de la imagen, que hoy aparece como una síntesis entre lo heredado y lo reconfigurado.

El Nazareno no camina solo. A su lado, Simón de Cirene, figura atlética realizada por Víctor de los Ríos Campos en 1946, completa un conjunto escultórico profundamente expresivo que simboliza el auxilio humano en medio del sacrificio redentor. El paso que lo sustenta —una joya de la imaginería procesional andaluza procedente de la Hermandad de San Gonzalo de Sevilla— refuerza el mensaje dramático y visual del conjunto.

A lo largo de los siglos, la Cofradía ha cuidado con mimo su iconografía, dotando al Nazareno de un variado ajuar compuesto por túnicas de riquísima factura. Desde los bordados en oro del Convento de las Trinitarias de Madrid en 1934, hasta la sobriedad del terciopelo liso donado en 2018, cada vestidura narra una página diferente del diálogo entre arte y devoción. También el Cirineo dispone de túnicas destacadas, como la bordada en 1994 por el hermano Melchor Gutiérrez San Martín, ejemplo de la continuidad artística dentro de la propia corporación.

La imagen, superviviente de incendios, guerras y modas estéticas, se ha convertido en símbolo identitario de León, protagonista de sus principales desfiles penitenciales y espejo espiritual de generaciones de cofrades. Ahora, cruzando los umbrales de la historia, emprende un nuevo camino hacia Roma, donde su presencia será testimonio de la fe castellana en el corazón de la cristiandad.