La pieza, de finales del siglo XVIII y atribuida a Diego Carrillo, inicia su traslado a Sevilla para ser sometida a un complejo tratamiento de conservación
Una de las piezas más singulares del mobiliario litúrgico cordobés del siglo XVIII se prepara para abandonar, temporalmente, el templo que la ha custodiado durante más de dos siglos. Se trata de la peana sobre la que se erige la imagen de San Rafael, patrón y Custodio de Córdoba, ubicada en la iglesia del Juramento, que será restaurada en los próximos días en las instalaciones del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), en Sevilla. La intervención, de carácter integral, responde a la necesidad urgente de frenar el deterioro estructural y estético que afecta a esta notable creación de madera policromada, fechada en 1793.
El traslado de la pieza coincide con el descenso de la imagen titular desde su camarín, con motivo de su participación en la procesión celebrada el pasado 10 de mayo. La ocasión ha sido aprovechada por la hermandad custodiante para proceder también al movimiento de esta estructura de gran porte y compleja manipulación, cuya restauración no solo responde a criterios devocionales, sino a una firme voluntad de preservación patrimonial.
El informe técnico que fundamenta la intervención fue elaborado tras la inspección in situ realizada el 20 de marzo de 2024 por profesionales del IAPH, quienes constataron un notable estado de desgaste. La pieza, realizada por Diego Carrillo, es coetánea de la imagen titular y del propio templo que la acoge, y ha sido reconocida oficialmente como Bien de Interés Cultural, condición que subraya su relevancia artística y documental dentro del legado barroco cordobés.
La actuación será financiada en parte por una subvención de 20.000 euros concedida por la Diputación de Córdoba, dentro de la convocatoria de ayudas específicas para la conservación del patrimonio de las cofradías. No se tiene constancia de que esta peana, registrada en los inventarios de la hermandad bajo la antigua denominación de repisa, haya sido intervenida anteriormente.
El conjunto, de notoria riqueza ornamental, presenta una estructura decorativa donde coexisten elementos dorados, como las guirnaldas o las alas de querubines, con zonas ennegrecidas por acumulación de barnices y oxidación de materiales. El frontal muestra restos de policromía alterada, y en numerosos puntos se han detectado daños causados por el antiguo anclaje de sistemas eléctricos, cuyos cables serán retirados sin comprometer la integridad del soporte.
Destacan, desde el punto de vista iconográfico, las cartelas ovales que adornan sus frentes, en las que se representan episodios esenciales del libro de Tobías: desde la aparición del arcángel al joven peregrino hasta el matrimonio con Sara, pasando por la curación del padre y la pesca del pez providencial. Estas escenas, de fuerte contenido catequético, dotan a la peana de un valor narrativo y simbólico que trasciende lo puramente decorativo.
El tablero superior, de acabado jaspeado en sintonía con el estilo de los altares del templo, enmarca el conjunto dentro de un programa ornamental barroco que dialoga con la arquitectura eclesial. La imagen de San Rafael, por su parte, fue ejecutada por Alonso Gómez de Sandoval y bendecida en 1795, siendo objeto de restauración en el siglo XXI, a diferencia de la peana, que llega ahora por vez primera a manos de los conservadores especializados.
Esta intervención representa un hito en la estrategia de protección del legado artístico religioso de Córdoba, y permitirá recuperar para su pleno disfrute litúrgico y estético una obra que forma parte indisoluble del imaginario devocional de la ciudad.





