Libros de Reglas de antaño

El libro de Reglas se erige sin duda alguna como el libro por antonomasia de nuestras hermandades. En él se recogen las constituciones por las que se rigen, conteniendo un amplio desarrollo que se articula en torno a la vida interna y externa de las corporaciones. Es de obligatorio cumplimiento contar con uno de ellos, que previamente ha sido analizado por el arzobispado a través de un provisor o máximo responsable encargado de que en su interior se recojan aspectos que casen con el espíritu de la Iglesia. Dado que el trascurso de los años conlleva adaptaciones continuas de las mismas, cada cierto tiempo incluyen modificaciones en su interior, por lo que no dejan de actualizarse. Más allá de ser una insignia que forma parte del cortejo durante la estación de penitencia, portado por el secretario o mayordomo, son la base sobre la que se cimienta la hermandad.

Desde el punto de vista iconográfico, son de especial interés porque puede observarse cómo se encontraban ataviados los titulares en aquel entonces. Distintas posturas, modificaciones añadidas con posterioridad, testigos visuales de gran interés. Uno de los momentos en los que podemos contemplarlos tiene lugar durante la función principal de Instituto, revelando aspectos desconocidos para la mayoría. A continuación, destacamos cinco libros de Reglas que dan una idea del pasado de nuestras corporaciones según los fondos documentales.

Hermandad de Rocamador

La existencia en torno a la pintura mural mariana existe al menos desde el siglo XVI. Precisamente de esta centuria datan las primeras referencias de una hermandad en torno a ella. Tras un periodo de crisis, es rehabilitada a finales del siglo XVII, elaborándose nuevas reglas, aprobadas el 12 de junio de 1691 por José Vayas a través del provisor, siendo notario mayor eclesiástico Andrés de Carrión Narváez. En 1824 se tiene constancia de la incorporación de la congregación de Santa María de Roca-Amador de incorporarse a la de la Soledad, debido a que gran parte de los hermanos pertenecían a las dos. La integración se produce finalmente el 4 de noviembre de 1844. Una de las particularidades radica en que en las reglas aparece reflejado el titular de la parroquia donde se encuentra establecida, San Lorenzo.

Hermandad de la Amargura

El provisor y notario Francisco Sánchez Castañeda aprueba las reglas de la hermandad de la Amargura el 2 de junio de 1696. Los titulares aparecen en sendas vitelas. De los dos, Nuestro Padre Jesús del Silencio es quien presenta menos evolución en su iconografía. Aparece maniatado, con la túnica blanca. Por su parte, María Santísima de la Amargura se muestra vestida a la antigua usanza, según la moda de la época, heredando los patrones de la Casa de Austria.

Hermandad de Montserrat

La corporación penitencial del Viernes Santo conserva unas reglas de 1701 que son una copia de las de 1601. El traslado se produjo en Sevilla a través de Francisco Soriano, secretario de la hermandad. El original se encontraba en los fondos del archivo del palacio arzobispal, autorizado por Pedro Luis Roldán, notario eclesiástico. En la primera de las vitelas se representa al Cristo de la Conversión del Buen Ladrón acompañado de Dimas y Gestas, con María Magdalena a sus pies. Con el paso del tiempo, la imagen de la santa fue desplazada varios metros, dejando de estar ubicada justo debajo del crucificado. En la otra, Nuestra Señora de Montserrat, no como la imagen románica sino idealizada, vistiendo túnica roja y manto azul, con el Niño Jesús en brazos, quien porta una sierra.

Hermandad de la Carretería

De 1790 datan las vitelas de la corporación. En la primera de ellas, el Santísimo Cristo de la Salud con la dolorosa y el Evangelista. La siguiente muestra al ángel sosteniendo el sudario ante el sepulcro vacío, anunciando la resurrección de Jesús, que habría servido para envolver su cuerpo. Detrás, la cruz desnuda con sendas escaleras. El año de la realización de este libro coincide con el de su aprobación por parte del Consejo de Castilla, que contaba con 28 capítulos y donde ya se recoge la salida en la mañana del Viernes Santo, a la que se traslada tras haber acudido a la catedral durante la Madrugada y haber dejado atrás sus pleitos con el Gran Poder. La segunda de las vitelas refiere el paso que acabó siendo suprimido años después.

Hermandad del Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas

Durante la Contrarreforma el sacramento de la eucaristía sufre un impulso sin precedentes. El nacimiento de las hermandades en torno al Santísimo Sacramento aumenta considerablemente. En España no se entienden sin la figura de Teresa Enríquez, laica toledana y dama de honor de Isabel la Católica, apodada «La loca del Sacramento». Su cuerpo incorrupto se conserva en Torrijos y recientemente el Papa Francisco la ha declarado venerable. El culto y devoción a las ánimas benditas tiene un profundo carácter sacramental, siendo uno de los títulos de la fusión con la hermandad de la Exaltación acaecida en 1964. El título completo de la hermandad, Pontificial, real y muy ilustre hermandad sacramental, Purísima Concepción, Ánimas Benditas del Purgatorio, San Sebastián Mártir, Santa Catalina de Alejandría y Archicofradía de nazarenos del Santísimo Cristo de la Exaltación y Nuestra Señora de las Lágrimas.