Lo mejor y lo peor de la procesión del Corpus de Córdoba 

Dos soplos de aire fresco han llegado a la procesión en forma de bandas

La tarde-noche de este domingo ha traído consigo la procesión oficial del Corpus de Córdoba. Un acontecimiento que podría catalogarse de salida procesional, en un sentido negativo, pues en muchas partes del cortejo se antoja una acumulación de realidades eclesiales, más de lo que se entiende por cortejo en sí. 

En el apartado positivo, a nadie escapa que en el último trienio se han hecho intentos por dinamizar el evento. La participación del misterio de la Cena es uno de ellos y está cuajando con bastante éxito. A lo que hay que añadir que el caminar de los costaleros de Poniente es notable, de la mano de uno de los mejores capataces de la ciudad de San Rafael, Carlos Lara. 

Otros dos soplos de aire fresco han llegado a la procesión en forma de bandas: La Salud, abriendo el cortejo; y La Estrella, tras la Custodia. Se trata, probablemente, de las dos mejores formaciones de la capital en su género y eso se ha agradecido bastante. Como también el buen hacer de David Pinto al frente de la Custodia, esto viene de lejos, y la presteza en el andar de los integrantes del cortejo.  

A mejorar

Pero no todo son vino y rosas. Que la celebración se realice en la tarde del domingo resta público. De hecho, en la zona del casco histórico la proporción de fieles y turistas estaba pareja, dentro del escaso público congregado para una procesión de ese calibre. 

También chirría que mientras la Cena va a costal el paso de la Custodia sigue a ruedas y el contraste no es positivo para el elemento central de la procesión. Como tampoco que quien acompañe al capataz de la Custodia apenas mire al paso y esté más pendiente de la gente congregada, que como se ha dicho no era abundante. 

Tampoco ayuda que los enlaces de la Agrupación deambulen continuamente entre clérigos y demás participantes o que la representación de las cofradías gane por goleada abrumadora al resto de movimientos eclesiales. En cambio, que el obispo emérito se retirará en Irún punto prudencial para dejar el protagonismo al nuevo es todo un detalle. Otro lo es, que el recién llegado cumpla el itinerario completo.