El Cirineo, 💙 Opinión

Lo que no te ha contado Cordópolis del párroco de San Lorenzo

Nos encontramos inmersos en una terrible crisis sanitaria y social sin precedentes que pasará a la historia de la humanidad. Somos muchos los que pensamos que, a partir de ahora, contaremos nuestra vida dividiéndola en lo que ocurrió antes y después de la pandemia. Una auténtica hecatombe para nuestro modo de vida que supondrá una crisis económica de proporciones difícilmente cuantificables y nos ha privado de algunas de las tradiciones más íntimamente enraizadas en nuestra idiosincrasia, la Semana Santa, el Rocío o las fiestas de mayo que, a falta de confirmación oficial por parte del ayuntamiento de Córdoba, serán suspendidas o, en el mejor de los casos aplazadas, pero, por encima de todo, que nos ha despojado de miles de seres queridos que se han marchado para siempre, dejándonos sumidos bajo un manto de dolor, tristeza y desolación.

Una situación extrema, excepcional, que está sirviendo para que asistamos a un auténtico tsunami de solidaridad propiciado por la mayor parte de la sociedad que nos rodea, sujetos individuales (¿quién no ha leído carteles de personas anónimas ofreciéndose a hacer la compra o ayudar de cualquier modo a personas mayores que se han convertido en población de riesgo por mor de las circunstancias?) y por muchos organismos, públicos y privados, de muy distinto signo, la Iglesia Católica entre ellos, lo que ha supuesto que le explote la cabeza a más de un odiador de turno que sigue invocando la revolución comunista en medio de toda esta dramática cotidianidad, con miles de muertos a las espaldas de quienes no hicieron nada, haciendo un ridículo espantoso y demostrando que sus congéneres no les importan lo más mínimo.

Y es que esta terrible peste contemporánea también está sirviendo para que quienes odian a sus semejantes enseñen definitivamente la patita de sus miserias, por si alguno tenía dudas todavía, aprovechando para repartir mierda contra quienes consideran sus enemigos sin importar que ahora haya cosas en juego mucho más importantes que una repugnante y sectaria república construída contra más de media sociedad o su sistemático ataque a ciertos empresarios que ya han hecho mucho más de lo que quienes ladran harán en su puñetera existencia. Cosas en juego como la salud y la vida. Miserables que son incapaces, no digo ya de desterrar el rencor de sus ennegrecidos corazones, sino de, al menos, guardar temporalmente en un cajón sus patéticas obsesiones, hasta que toda esta desolación sea un mal recuerdo.

Hace unos días, el diario de cabecera de la extrema izquierda cordobesa, Cordópolis, nos regalaba (¡qué afortunados somos al recibir semejantes regalos!) un artículo en el que el medio digital se apresuraba a explicar a sus más enfervorizados lectores que el párroco de San Lorenzo había sido «advertido» por la policía local «de que no podía abrir las puertas del templo para dar misa por los altavoces». Todo ello acompañado por un vídeo «exclusivo» tomado por alguien estratégicamente situado en el lugar de los hechos. Según narraba la propia información, la acción del párroco estaba permitiendo algo tan grave como que unas vecinas, desde sus casas estuvieran rezando al mismo tiempo que el párroco. Una auténtica herejía para quienes odian la religión cristiana, desde luego. Esto es lo que sí te ha contado Cordópolis del párroco de San Lorenzo.

Unos días después, la parroquia de San Lorenzo volvió a ser noticia. Una noticia que, vaya usted a saber por qué, hasta el momento de redactar esta reflexión no ha merecido la atención del diario de cabecera de la extrema izquierda cordobesa. Pongamos esta afirmación entre paréntesis figurados, vaya a ser que, pese a que se produjo hace dos días, en las próximas horas nos sorprendan y la sitúen en portada o al menos en esa sección morada para la que me robaron el nombre y con la que intentan hacer creer, a quienes se dejan todavía engañar, que lo que huele a incienso les importa para algo más que para vender un poco más de publicidad.

Como les decía, hace dos días (repito dos días), y así lo anunció la parroquia en su página oficial en una conocida red social, no vaya alguien a decir que esto era un secreto, el Parador Nacional de La Arruzafa tomó la decisión de donar alimentos perecederos a Cáritas parroquial de San Lorenzo. Con tal motivo, el párroco, Rafael Rabasco -el mismo que «atentó de manera tan grave contra su barrio» por utilizar la megafonía del templo para acompañar en sus rezos a quien lo necesitase, ayudando de paso a que algunos no se sientan tan solos en medio del confinamiento- «para no poner en riesgo a nadie -según reza la citada nota pública- se desplazó con una furgoneta» al Parador para recoger la donación y así poder socorrer a los más pobres de la parroquia. Entre los productos donados figuraban fruta variada, patatas, productos lácteos, dulces, café, huevos, entre otros artículos. Productos de primeras marcas, y que pertenecen a la última remesa llegada al economato del hotel. Una donación que permitió que «más de 40 familias en situaciones muy lamentables, fueron atendidas, observando las medidas de seguridad vigentes en el Centro Parroquial con la labor callada de los voluntarios que se prestaron a participar». 

Un gesto maravilloso, llevado a cabo por el Parador, por Cáritas parroquial -busco y rebusco sin éxito acciones similares en los últimos días de «ciertas ONGs que todos tenemos en mente» y reciben de las instituciones públicas subvenciones millonarias por traficar con personas o convocar manifestaciones mientras son aplaudidos sin descanso por la izquierda, la extrema izquierda y sus diarios de cabecera- y el párroco de San Lorenzo, que ya ha hecho más que lo que jamás harán quienes denunciaron a la policía que rezaba en voz alta y quienes se apresuraron a informar de ello para que los más sectarios de la sociedad pudiesen interpretar que lo hacía por una falta de empatía con sus semejantes y una insensibilidad con la situación que estamos sufriendo. Pues, ¡tomad empatía y sensibilidad! Esto es lo que, hasta el momento y pese a que ya han pasado dos días, no te ha contado Cordópolis del párroco de San Lorenzo.

¿Que mis palabras caerán en el olvido? Estoy plenamente convencido de ello. Pero les voy a decir un secreto: en realidad me la trae al pairo. Me tiene sin cuidado que cierta prensa continúe atacando a la Iglesia hasta en estos momentos de zozobra y muerte, allá cada cual con su conciencia. Me importa un bledo que haya cristianos y cofrades que se sigan dejando engatusar por quienes atacan a la Iglesia de lunes a viernes y reparten fotitos de imágenes determinados fines de semana. En realidad, lo único que me importa, es que este artículo sirva para que muchos conozcan la labor callada (y acallada por algunos) que la Iglesia hace por los demás, no ahora y con motivo de esta crisis sin precedentes sino siempre.

Por eso me van a permitir que termine con un dato que se me antoja el verdaderamente esencial de todo este humilde alegato. Porque, como recuerda el propio comunicado del que les he hablado «sabemos que nunca es suficiente. Por eso invitamos a todo el mundo a seguir colaborando, ya que con poco se puede hacer mucho». La cuenta de Cáritas Parroquial es ES80 0237 6001 40 9171010731. «Para nuestros pobres, cualquier contribución por muy insignificante que te parezca es de una gran ayuda. GRACIAS. ¡Que Dios os lo pague a todos!» Que así sea, por favor. He dicho.

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