Longinos, el romano arrepentido de Bernal que inspiró Rodin y «Manolete»

Antonio Bernal presenta en la Exposición organizada en la Fundación Cajasol por la Escuela de Arte Dionisio Ortiz la imagen de San Longinos. Es toda una sorpresa poder contemplar la escultura de Longinos tallada por Antonio Bernal en esta Exposición. No se encontraba incluida en el tríptico con el resto de las obras, pero al final ha sido posible contar con su incorporación, alegría para el imaginero, el comisario y el público asistente. Se presenta al romano Longinos, sin las vestiduras en cuero negro y orfebrería que algunos acostumbramos a ver, pero para nada desmerece su contemplación puesto que la escultura es de una belleza sin igual, representando el momento en el que el santo romano se arrepiente de haber atravesado el costado de Jesús, muerto en la Cruz.

La escultura se encuentra en posición de sentado, meditando. Su mano derecha es apoyada sobre un cráneo humano para con su mano izquierda acariciar su barbilla a modo de reflexión. Parece evocarnos lo que diecisiete siglos después William Shakespeare escribiera: “Ser o no ser…”, en la primera línea de un soliloquio en su obra “Hamlet”. La escultura llora, lo que parece contraponerse al ideario de un militar en aquellos tiempos, con los ojos velados, y roto su corazón porque descubre la Verdad. Reflexión y arrepentimiento que, por obra y gracia de la indiscutible capacidad artística de Antonio Bernal, dotan a la imagen de la condición de única. Tal como declarara el propio autor hace unos años, y publicara Gente de Paz: “La imagen de Longinos está concebida, no en base a un sustrato militar, sino inspirada en el Evangelio”, afirmando Bernal que se nutre del mencionado concepto del “arrepentimiento de quien es consciente de haber participado en el martirio del mismísimo Dios, a través de su llanto”. 

No obstante y más allá de la evidente calidad artística de la talla son las fuentes que inspiraron a Bernal dónde descansan las más altas dosis de curiosidad que alberga la imagen. Una posición que recuerda inevitablemente, tal y como el propio imaginero reconociera allá por 2011 en el famoso «Pensador» de Rodin, materializando ese arrepentimiento trufado de un inabarcable dramatismo, que se complementa con la reconocida inspiración de la efigie del más grande matador de toros que ha nacido en la ciudad de San Rafael Manuel Rodríguez Sánchez conocido en el universo entero como Manolete. Es en efecto, la efigie de un jovencísimo Manolete la que inspira Antonio Bernal tal y como el propio imaginero reconoce a sus más íntimos por influencia de un familiar muy cercano. La imagen idealizada del inmortal matador añade un valor añadido adicional a una imagen de un valor incalculable en lo artístico, en lo sentimental y en lo simbólico.