No cabe duda de que una de las dinastías más importantes de capataces de la Semana Santa de Sevilla es la de los Ariza, que dieron forma a una forma de entender las labores de carga más allá de un oficio, como una forma personal de entender las cofradías y la propia vida. Una estirpe inigualable que comenzó su andadura allá por 1910 guiando los pasos de hermandades como Santa Cruz, el Valle o los Panaderos. Una saga que late con plena y poderosa vigencia en la Semana Santa hispalense, de la mano de Rafael, Pedro y Ramón Ariza Moreno, en su cuarta generación, y Javier Fernández Ariza, como exponente de la quinta.
Precisamente, todos ellos ofrecerán una interesantísima charla-coloquio en la provincia de Córdoba, organizada por la tertulia cofrade «El Rinconsillo», con la colaboración del Ayuntamiento de Montoro. Será en las Tercias Catedralicias de la localidad montoreña el 4 de noviembre a partir de las 12:30 cuando los cuatro estandartes de la brillante dinastía de los Ariza se den cita para hablar de sus experiencias cofrades de la mano del martillo, en una tertulia que ha sido titulada como «Los Ariza, una dinastía de capataces en Sevilla, 4ª generación». Una fecha marcada en rojo para los cofrades de toda la geografía cordobesa, debido al interés que puede causar que unos capataces de tanto prestigio en la Semana Santa sevillana puedan estar frente a frente compartiendo recuerdos e impartiendo su magisterio.
La saga tiene su origen hace más de un siglo con la legendaria figura de Rafael Ariza Aguirre, fundador de esta inagotable familia de capataces de la que fue patriarca. Nacido en 1882, a finales del siglo XIX, ya iba de costalero con Rafael Franco Luque, el primero de otra de las grandes dinastías de capataces de Sevilla. En 1910 comenzó como capataz en los Panaderos de Sevilla y a raíz de ello comienza a coger cofradías como Santa Cruz, el Valle, Cachorro o las Cigarreras. Entre él y sus coetáneos -Vicente Pérez Caro, Salvador Dorado Vázquez, Manuel Bejarano Rubio, Alfonso Borrero Pavón, Rafael Franco Rojas-, acapararon la mayoría de martillos de las Cofradías hispalenses.
Origen de una estirpe de hombres que no se consideran solamente capataces, sino cofrades, gente de hermandad, que han pertenecido a varias juntas de gobierno, y que han estado vinculados a hermandades como el Baratillo, Santa Cruz, la Hiniesta, y por supuesto a la Hermandad de la O, que es la hermandad en todos ellos se han criado y han aprendido los valores cristianos y cofrades. Cincuenta años ininterrumpidamente sacando a la Soledad de San Lorenzo, treinta años en el Gran Poder, más de cuarenta en la Esperanza de Triana y también muchísimos años en la Macarena son palabras mayores que no están al alcance de cualquiera.
Hoy en día, los actuales Ariza derrochan su sabiduría al frente las cuadrillas de la Hiniesta, el Buen Fin, la O, el misterio de las Siete Palabras y la Soledad de San Lorenzo evidenciando cada Luna de Nisán su visión personal e intransferible de este oficio, de hombres cuyas cualidades fundamentales en palabras de los Ariza han de ser la «la humildad, el respeto, las ganas de trabajar y el compromiso, con la cuadrilla y la hermandad, en definitiva con el trabajo que va a realizar, porque ser costalero no es solamente ponerse un costal, tiene que ponérselo, trabajar bien y con ganas, echar el resto, habrá momentos que se va mejor y otros en los que se va peor, tiene unos ensayos a los que debe asistir, tiene un horario que cumplir, y que esté siempre a la disposición de la hermandad y a las órdenes del capataz». Toda una filosofía de vida al servicio de las cofradías explicadas con palabras que revelan que estamos ante uno de los apellidos insustituibles de la historia del mundo del costal.










