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El Capirote, Opinión, Sevilla

Los momentos que nos cargamos

El día de San Genaro ha traído desde hace años una expectación sin precedentes a San Juan de la Palma. Ese día, 19 de septiembre, el sol volverá a iluminar el rostro de la Virgen de la Amargura adentrándose por la ventana central del templo. Sucede en torno a las 19:30 horas y se prolonga hasta las 19:55 h., por lo que no se interrumpe la santa misa, que comenzará a partir de las 20:00 h. Este hecho no se pierde en el tiempo sin conocerse exactamente su origen, sino que hay que viajar hasta los años sesenta del pasado siglo, cuando la dolorosa es trasladada al altar mayor y con el paso de los años se dan cuenta de esta proeza.

Lo que podría significar un dato más para aquellos amantes de las curiosidades cofradieras acaba convirtiéndose en un momento donde los flashes y la multitud son los protagonistas. Cuando era pequeño probablemente uno acabara encontrándose con vecinos del barrio, quienes se acercaban para ver cómo el astro rey visitaba a la Madre de Dios. Hoy, unas cuantas décadas después, quien crea que va a acudir a San Juan de la Palma para presenciar este hecho y todo va a estar en calma, integrándose el silencio en una atmósfera que parece llevarnos a siglos pasados, cambiará de opinión irremediablemente.

Nos hemos acostumbrado a la curiosidad, a la anécdota, tanto que ya incluso buscamos dónde ver mejor los pasos o se tocarán las mejores marchas. Hemos convertido pequeños momentos en protagonistas absolutos de galerías fotográficas y momentos de recogimiento en bochornosas aglomeraciones. Se desborda por los cuatro lados de la mesa la mala educación. Porque todos tienen el derecho de acercarse a ver a la Madre de Dios y su Hijo, pero hemos optado por hacer esto por el camino más corto, el de la mala educación.

El quítate de aquí, no te dejo pasar, estaba antes, y de fondo unas personas que quieren disfrutar de la procesión y tienen que darse la vuelta. Y líbreme de encontrarme con alguien sentado con su sillita comiendo pipas y pida permiso para poder cruzar al otro lado. Así, con pequeños gestos que para la globalidad de la Semana Santa son imperceptibles, nos estamos acostumbrando a una batería de respuestas que no tienen sentido dentro ni fuera de la Semana Santa.

Y se han prodigado tantos momentos para ver las cofradías que estos espacios se han vuelto irrespirables. Antes podría leerse en el periódico un lugar para contemplarlas, pero si uno piensa que acudir hasta el citado lugar será un oasis de paz para disfrutar durante unos apacibles minutos, acabará observando cómo se han perdido las formas. Lo vimos cuando se abrieron las puertas de la Basílica del Gran Poder, con una multitud a la que sobran los calificativos. Y así con otros tantos que no conocemos.

El próximo día 19, a partir de las 19:30 h., la gente se agolpará hasta adentrarse en el interior de un templo que volverá a estar repleto de móviles y cámaras. Y ojalá el respeto vuelva a imponerse, aunque tan solo sea en forma de silencio. Después, cuando el sol se pierda de nuevo, la Iglesia se quedará vacía. Y a las 20:00 h. será el turno de la santa misa, llegando los vecinos “de toda la vida”, con formas que lamentablemente perdimos.

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