Los pasos del Cachorro, de plumas infantiles a trazos de plata

La hermandad del Cachorro es probablemente una de las que más pasos han utilizado para portar la imagen de su titular. Gráficamente, se tiene constancia de los mismos desde la década de los años veinte de la centuria decimonónica hasta la actualidad, si bien es cierto que gracias a las descripciones de varios estudiosos sobre temas cofradieros, podemos hacernos una idea de cómo eran aquellas primitivas andas así como las posteriores.

El primero de ellos se conoce gracias a un grabado que se conserva realizado alrededor de 1880. Este paso, que aunaba elementos neogóticos con otros barrocos, portaba la imagen del titular cristífero desde 1821 hasta 1889, precisamente unos años después desde su representación en la instantánea seleccionada. Ejecutado por el tallista Vicente Arestroy, este aceptaría el encargo en 1819, entregando el paso dos años más tarde. Mientras que la canastilla y los respiraderos están conformados por tableros con molduras rectas y celosías, los candelabros de guardabrisas recorren formas imposibles en sus numerosos brazos. Un dato que puede resultar curioso es la utilización de los plumajes blancos que circundan el paso, y que eran típicos de los carruajes funerarios infantiles. Posteriormente, el paso pasaría a la hermandad del Cristo de Burgos, no sin antes realizarle algunas modificaciones, portando la imagen del Cristo así como de la Virgen, San Juan y María Magdalena.

Mayor profusión ornamental en el segundo de los pasos, de estilo barroco, estrenado en 1889 y ejecutado por Olaya y Govea. En 1909, el paso sufre algunas modificaciones, como la sustitución de los respiraderos por otros tallados por José Gil, donde combinaba líneas rectas con otras curvas. Durante algunos años, los candelabros serían sustituidos por cuatro hachones. Las andas fueron trono para el Cristo de la Expiración hasta 1929, año de la exposición iberoamericana, pasando a la hermandad de San Esteban, que lo adquirió en 1930. La corporación del Martes Santo realizaría varios cambios, como la sustitución de las cartelas con elementos de la pasión por la representación de varios pasajes de hermandades sevillanas, como la Borriquita o la Presentación al Pueblo, de San Benito.

Antonio Castillo Lastrucci sería el encargado de diseñar el paso que estaría en posesión de la hermandad del Viernes Santo desde 1920 hasta 1974. El tallista fue Francisco Carrero, quien salpicó el canasto de ángeles querubines que recorrían las cuatro caras de las andas. De estilo barroco, en esta ocasión eran dos ángeles mancebos quienes portaban faroles iluminando al Cachorro. A mediados de la década de los setenta, la corporación decide venderlo a la hermandad de la Cena de Jerez de la Frontera, donde continúa recorriendo las calles de la ciudad gaditana.

El último de los pasos, que desde 1974 es el que actualmente podemos admirar cada tarde de Viernes Santo, corresponde a Manuel Guzmán Bejarano, quien además proyectó el diseño de las andas. Un mayor movimiento de líneas, un estilo barroco donde se combina la talla policromada, el dorado y la orfebrería de plata, en este caso de Juan Borrero, que además cuenta con cuatro grandes faroles que se sitúan en las esquinas y candelabros de guardabrisa, y que en 1996 sufriría una importante remodelación en los talleres de su creador, con la finalidad de devolverle el esplendor perdido.

A lo largo del tiempo, las hermandades se han afanado en contar con los mejores enseres, de modo que puedan lucir más que nunca sus amantísimos titulares. Los tiempos, las estéticas vanguardistas de cada etapa, han venido a configurar nuevos patrones a seguir aunque, como podemos comprobar, el barroco siempre ha estado presente en una fiesta eminentemente conformada durante aquellos siglos de luces y sombras.