«Luna de Parasceve», un cartel sublime de Fernando Vaquero para ilustrar la Semana Santa de Marchena

Se agotan los calificativos a la hora de plasmar, negro sobre blanco, cada nueva maravilla que el pintor sevillano Fernando Vaquero viene ofrendando al universo cofrade en función de la fuente inagotable de su arte. Marchena ha sido la elegida para ser destinataria de la última obra de Vaquero, una impactante composición, titulada «Luna de Parasceve», «esa primera luna de la primavera que marca la fecha de la Semana Santa de cada año ilumina la noche mas dramática de la historia», ha explicado el artista en la presentación de la obra. Una joya en la que, como el propio autor ha subrayado «he prescindido de dulcificar la escena, he querido hablar del dolor, de la pasión y el dramatismo con el único objetivo de hacernos reflexionar sobre aquello que ocurrió en el Gólgota hace ahora mas de veinte siglos». 

La impactante obra está protagonizada por la cofradía del Santo Entierro cuyo maravilloso Cristo es obra de Jerónimo Hernández. «La postura de los brazos, su actitud contusionada, la caída de los mechones y los paños me llevó a pensar que quizás, originariamente, este Cristo no fue concebido como yacente sino como parte de un Misterio del Descendimiento», ha explicado Vaquero, que ha añadido que «al preguntar en la hermandad me lo confirmaron… un maravilloso Cristo que ha representado a lo largo de su historia dos momentos fundamentales de la Pasión: el descendimiento y el traslado al sepulcro. Y de ahí surge la idea de esta escena. He querido representarlo justo en el momento intermedio de ambas escenas para poder hablar así de las dos a la vez. Arimatea y Nicodemo se acercan al cuerpo para cogerlo e iniciar su Santo Entierro». 

Vaquero ha narrado que se ha decidido por una vista poco común, la cenital, «como si fuese Dios Padre quien contemplase el entierro de su Hijo, mientras el pueblo de Marchena ilumina este momento como si del astro lunar se tratara». «La cruz ensangrentada en la que murió, yace en el suelo, como yace él», ha destacado el autor, «ella también cumplió ya su cometido, esa cruz, tan importante en esta hermandad ya que preside el primero de los pasos de la cofradía en su Triunfo de la Santa Cruz». 

«A sus pies se sitúa el símbolo del pelícano que preside la urna del Santo Entierro y representa «el altruismo llevado hasta el sacrificio completo de sí mismo, símbolo de la muerte de Cristo. Junto a la cruz los tres clavos y el mazo.sobre ella una tabla que reza en tres idiomas: Jesús Nazareno Rey de los Judíos». 

La impactante obra, una auténtica maravilla, se complementa con dos elementos dotados de un elevado componente simbólico. Se trata de las tres Marías «con esa particular manera de entrelazar sus manos», que se muestran en penumbra y la presencia de la Virgen a través del «único color que he utilizado para pintar este cuadro: el azul ya que en la liturgia el color azul es el que simboliza la pureza, la virginidad y la Inmaculada Concepción de María». 

Finalmente el autor ha querido incorporar un elemento aún más singular, las moleeras esa larguísima serie de saetas encadenadas unas a otras «con la que prácticamente se cierra vuestra Semana Santa», ha dicho, explicando que «para aquel que no lo sepa, dice la tradición que ante la Puerta del Tiro se iba agrupando el pueblo, que con sus saetas y con sus salves, hacía más y más lento el caminar de la Virgen, consiguiendo así retrasar su entrada en el recinto del palacio. Por ese motivo el duque se quejaba de estar «molido» por el numero tan elevado de saetas; y de ahí surgió el nombre popular de las «moleeras«… Son muchas, muchísimas las saetas que se cantan esa noche, tantas como piedras he pintado en este cartel», ha desvelado. 

Elementos que subliman la composición y permiten aventurar que probablemente estemos ante una de las mejores obras de Fernando Vaquero.