Málaga se rinde ante la Virgen de la Trinidad en el XXV aniversario de su coronación canónica

Una jornada histórica que unió al barrio y a toda la ciudad en una manifestación de devoción, belleza y emoción compartida

Málaga, que guarda con celo las páginas más luminosas de su historia devocional, vivió este fin de semana una jornada que quedará inscrita en la memoria colectiva. La procesión extraordinaria organizada por el XXV aniversario de la coronación canónica de la Virgen de la Trinidad convirtió al populoso barrio trinitario en el epicentro espiritual de la ciudad. No fue solo una cita cofrade: fue una fiesta del alma popular malagueña, un reencuentro con una advocación que, veinticinco años después de su coronación, volvió a despertar una devoción multitudinaria.

El pulso del barrio

Desde primeras horas de la tarde, las calles de La Trinidad se transformaron en un mosaico de color y fervor. Los balcones lucieron reposteros y mantones, mientras los vecinos, apostados en esquinas y aceras, aguardaban el momento en que se abrieran las puertas de la casa hermandad. La siesta cedió su calma al bullicio de las bandas de cornetas y tambores del Cautivo y la Sinfónica de la Trinidad, que marcaron el inicio de una tarde esperada durante meses.

La expectación era palpable. Miles de personas, cofrades o simplemente devotos, acudieron a acompañar a la Virgen en su recorrido hacia la Catedral de Málaga, donde tendría lugar el acto litúrgico conmemorativo de su coronación canónica. El cortejo, extenso y solemne, estuvo formado por un numeroso grupo de hermanos con cirios que abrían camino entre una multitud emocionada. Llamó la atención la notable presencia femenina, con gran número de mujeres y jóvenes participando activamente, símbolo del creciente protagonismo de la mujer en la vida cofrade contemporánea.

Hermandades hermanadas

La procesión no solo fue una muestra de devoción local, sino también de comunión entre hermandades trinitarias. Diversas corporaciones vinculadas a esta advocación participaron en el cortejo, reforzando los lazos cultivados en el reciente encuentro de hermandades celebrado el 4 de octubre. Junto a ellas, se unieron también representaciones de las hermandades malagueñas que poseen imágenes coronadas canónicamente, un conjunto selecto que reunió a buena parte del patrimonio espiritual de la ciudad.

Calor, flores y esfuerzo

El calor, propio del otoño malagueño, fue un acompañante exigente durante los primeros compases de la tarde. Al cruzar el puente de la Aurora, algunos portadores acusaron la mezcla de esfuerzo y altas temperaturas, sin mayores consecuencias. En este ambiente, el exorno floral destacó por la elegancia de las rosas en tonos rosa pálido, que pronto se vieron cubiertas por una lluvia de pétalos multicolores y aleluyas lanzadas desde los balcones.

La Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Cautivo abrió el cortejo con sus sones inconfundibles, mientras los cohetes que surcaban el cielo avisaban al resto de la ciudad del paso de la Virgen. La imagen lucía espléndida, revestida con la nueva saya conmemorativa, bordada por Salvador Oliver siguiendo un diseño de Curro Claros. En ella, una paloma blanca sobre terciopelo malva, símbolo de la Santísima Trinidad, se convertía en emblema visible de la efeméride. El vestidor Javier Nieto, tras un trabajo contrarreloj, logró que la Virgen apareciera majestuosa, lista para recorrer su barrio desde las 16:30 horas, con la perfección reservada a las grandes ocasiones.

El Centro: clamor y emoción

Con la interpretación de La Virgen de Sevilla por la Banda Sinfónica de la Trinidad, el cortejo cruzó el puente de la Aurora y se adentró en el Centro histórico. La calle Mármoles, de difícil tránsito por su amplitud, no se vació ni un instante, testimonio del cariño del pueblo trinitario. Ya en la zona más recogida, el ambiente se tornó íntimo y vibrante. En la Tribuna de los Pobres, los vítores resonaron: “¡Trinidad, a tus pies!” y “¡Guapa!”, mientras el trono avanzaba al compás de Rezo a tus pies y Trinitaria, envuelto en aplausos y emoción.

El recorrido por la calle Carretería concentró algunos de los momentos más sentidos de la jornada. Allí, María del Mar Ortega elevó una plegaria, y más adelante, Laura Ortega interpretó una sevillana compuesta por Daniel González, acompañada a la guitarra por Sergio Castillo, en un gesto de arte y devoción. La atmósfera se llenó de música, aromas y pétalos: hasta diez petaladas cayeron sobre el manto de la Virgen, entre sevillanas, verdiales, saetas —con la voz inconfundible de Diana Navarro— y cantos colombianos y piteros.

El acto en la Catedral

Pasadas las nueve de la noche, la Virgen de la Trinidad llegó a la plaza del Obispo, donde se celebró el acto litúrgico conmemorativo en el atrio de la Santa Iglesia Catedral. Allí, ante una multitud emocionada, se evocó aquel 21 de octubre del año 2000, cuando la imagen fue coronada canónicamente. El silencio reverente de la plaza se mezcló con el resplandor de las velas y el rumor del incienso, cerrando una jornada en la que Málaga se rindió, una vez más, a los pies de su Reina trinitaria.

La procesión, que concluyó entrada la madrugada, fue una celebración total del sentimiento popular y de la identidad de un barrio que nunca olvida sus raíces, recordando que la devoción, cuando se viste de arte y memoria, se convierte en historia viva.