Malviviendo

Comienza la función. Se abre el telón para igualas, cultos, vía – crucis, abrazos de reencuentros, quejas por esto u aquello, consensos y noches frías de ensayos, calor de Hermandad en cuadrillas que están precisamente al margen del frío de su Hermandad, y sucesos que irán llegando, estén atentos, pues cada año salta más de una liebre, pregunten en el Cister por si tienen alguna duda de que ya esto, va a comenzar.

Se enciende de nuevo el foco y los que hemos estado con linterna en la oscuridad de aquello que queremos encendido todo el año, vemos que llegamos a subsistir con poquito cariño, muchos estrenos de aquí y allá, despedidas, nuevos que llegan a sus cargos pero, el cofrade malvive cada día más. Malvivimos en algunas hermandades donde algunos parece que sobran o sobramos. 

Decía una niña ¡Con 18 años! Que las hermandades ya no son lo que ella conoció, que con perdón de la palabra, son auténticas mafias y con mafiosos orquestando sus pasos.

No comparto sus palabras pues las últimas Hermandades que visité como Calvario y Resucitado en Córdoba, o Montserrat en Sevilla, no llevan esa lacra por bandera, pero le doy toda la razón y es más, la premio por su valentía, conocimiento de causa, y sobre todo, me asombra que ya se haya cansado de las hermandades una chica con tan corta edad. Pero es así, ella también irá a malvivir a su Hermandad, como muchos, como yo, por qué no decirlo. 

Hemos aprendido, conste. Nadie nos ha instruido, y cuando veíamos a gente malviviendo en nuestra niñez no lo podíamos entender, incitabamos a su integración, a su regreso, por decirlo así, pero ahora entendemos que lo que nos decían estas personas es la realidad, se hace imposible. Duelen demasiadas cosas. Se hacen casi imposibles muchas circunstancias a las que no estás acostumbrado. 

Se vive en un gilipollesco hermetismo para muchos actos y decisiones, que parecen secretos de Estado, como si no fueran los dirigentes a hacer lo que les plazca, pues ya tienen el poder que tanto ansiaban, no sabemos ya si para orgullecerse representando a su Hermandad del alma, o para realizar una escabechina de narices. 

Se malvive en actos donde te miran mal, donde parece que estorbas, donde apremian tu falta a la vez que la critican, pero parecen dialogar con el diablo para ver de qué forma o en qué momento te pueden hacer desaparecer. 

Y así seguimos, malviviendo, contando las horas en que entre otro que si es de la misma cuerda, como ya sabemos malvivir, todo será más fácil, aunque duelan cosas, gestos o actos, decisiones incomprensibles, aunque también, se comprenden mejor si las hace una persona u otra. 

Con su pan se lo coman, me refiero al poder, el decisorio, que el participativo sigue siendo libre, incluso para muchos que se cansaron de malvivir y se borraron de la lista de la Hermandad, o de proscritos, como crean llamarla, y sin embargo siguen disfrutando de los actos o momentos que quieren, en libertad, y sobre todo, con el corazón, que no entiende si estás en una nómina de hermanos o lista de afusilamientos públicos como cofrades de esta, o aquella Hermandad. 

Recordando aquellos años donde el que mandaba reunía al redil, y no buscaba perros guardianes para observar a quién echamos del redil o a quien no queremos que se acerque. Admirando a las hermandades que si son, hermandades o cofradías de hermanos, y luego de penitencia o gloria, me despido esta noche. 

Les situo en el pórtico de Mezquita o Giralda, de catedral o barrio húmedo, en Alcazaba o barrio gitano, pero en el pórtico, a las puertas. Esto comienza y debemos estar todos, cada cual en su rincón, y si alguno quiere, en la esquina del cuadrilátero, siempre habrá alguien con ganas de demostrar su hombría por el bien de los hermanos, e intentar borrar a este o aquel con un puntapié. Puntapié cofrade y por el bien de su Hermandad, ¿o qué se han creído? Los cofrades, siempre defienden lo suyo, aunque sea de sus propios hermanos.