La Hermandad del Císter de Córdoba vive ya la antesala del proceso electoral que culminará el próximo mes de enero. A pocos días de que dé comienzo el calendario marcado por las Reglas y las Normas Diocesanas, el actual Hermano Mayor, Manuel López Lorenzo, ha dirigido una extensa carta a todos los hermanos en la que realiza una valoración detallada de sus cuatro años de gobierno y anuncia oficialmente su intención de optar a la reelección.
En un escrito de tono agradecido y profundamente personal —“palabras que nacen del corazón”, como él mismo señala— López Lorenzo inicia su balance expresando su gratitud “a todos los hermanos, por vuestro entusiasmo, por vuestra paciencia y por vuestro compromiso constante”, reconociendo también el valor de las discrepancias “siempre expresadas con libertad y respeto”. Cita incluso al papa Francisco para recordar que “la Iglesia —y también nuestra Cofradía— está abierta a TODOS”, subrayando que esa diversidad interna ha sido uno de los pilares de la vida corporativa durante este mandato.
La Hermandad, afirma el Hermano Mayor, “no sólo ha mantenido viva la llama de su devoción, sino que está en un proceso de evidente expansión”, una afirmación respaldada por numerosos hitos, actividades y actuaciones patrimoniales desarrolladas durante estos cuatro años. Entre los momentos más señalados destaca la Peregrinación Jubilar a la Catedral, celebrada el 27 de septiembre, una jornada que describe como “una manifestación de fe y unidad” y una de las páginas “más hermosas de nuestra historia reciente”, al contemplar a la Virgen Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos acompañada por una multitud de hermanos y devotos.
Balance patrimonial
El balance patrimonial del mandato es especialmente amplio. Durante este periodo se han restaurado los marfiles de las miniaturas de la peana y los marfiles de la diadema, además de acometerse la recuperación de dos coronas de la Virgen, la restauración de los romanos del misterio y la recuperación del guion seráfico. También se han intervenido diversas piezas del ajuar, como las alhajas y el puñal de la Virgen y la ráfaga de azahar de plata de ley del siglo XIX, junto al dorado de los respiraderos del paso y la peana de la Virgen de Gloria, así como la culminación de las pinturas de las cuatro cartelas. A ello se suma la ejecución del nuevo llamador de la Virgen de los Ángeles, una de las obras más emblemáticas del periodo, además de avances significativos en otros frentes, como la modificación de las Reglas, la bajada extraordinaria de la Virgen de Gloria a la Catedral o el impulso definitivo del Belén, cuyo traslado al Colegio de La Milagrosa permitió incrementar la dimensión social del proyecto “Música para Ángeles”.
En su carta, López Lorenzo pide “perdón por los errores” que pudiera haber cometido, insistiendo en que todo lo realizado tuvo siempre como objetivo “servir a nuestra Hermandad y a nuestros Sagrados Titulares”. El Hermano Mayor dedica también un apartado especial a quienes han acompañado espiritualmente y administrativamente a la corporación durante el mandato. Agradece la guía del Rvdo. Padre Fray Juan Jesús Linares, Director Espiritual, de cuya labor afirma que ha sido “faro en el caminar de nuestra Hermandad”. Del mismo modo, expresa su gratitud a los Hermanos Menores Capuchinos, por su “cercanía fraterna y testimonio de humildad”, y a las Madres Cistercienses, por una oración “silenciosa y fecunda” que define como “alma contemplativa que sostiene a esta Hermandad”. También muestra su reconocimiento a los miembros del Cabildo de Oficiales, destacando su “trabajo, lealtad y compromiso” en cada una de las decisiones adoptadas durante este tiempo, siempre en busca del bien común.
Un segundo mandato
Tras repasar sus cuatro años de gobierno y antes de despedir la misiva, Manuel López Lorenzo anuncia con claridad que concurrirá al proceso electoral: “Quiero anunciaros que está en mi ánimo presentarme a la reelección como Hermano Mayor”, afirma, apelando a la misma ilusión con la que —recuerda— inició la Hermandad hace casi cincuenta años junto a compañeros del Colegio de La Salle. Concluye invocando la protección del Señor en sus advocaciones de Conversión y Sangre, y de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, deseando que sigan “guiando nuestros pasos y fortaleciendo nuestra fe en este camino de Hermandad”.





