Pedro Manzano: «Había que construir nuevamente el relato expresivo de la Virgen»

Pedro Manzano

Un trabajo culminado entre nervios y gratitud

En declaraciones a Macarena Televisión, el restaurador Pedro Manzano relató en estilo reposado y analítico cómo han sido los cuatro meses de intervención sobre la imagen de la Esperanza Macarena, devuelta este lunes al culto. Subrayó desde el inicio que ha vivido la jornada «disfrutando del momento» y sintiendo cómo se disipaba «ese periodo de nervios de última hora» gracias a la acogida masiva y agradecida del barrio. Afirmó que contempla a la Virgen «nuevamente» con alivio y gratitud, convencido de que todo salió exactamente «conforme estaba planeado».

La Macarena de siempre, rejuvenecida tras una restauración integral

El restaurador insistió en que la talla es «la Macarena de siempre», aunque ahora se perciban valores que el tiempo había atenuado, subrayando que «la imagen que tenemos actualmente de la Macarena es la Macarena«. Recordó que, durante décadas, la acumulación de suciedad, humo de vela y el propio uso devocional fueron oscureciendo la lectura estética de la imagen. A su juicio, tras el proceso actual, la Dolorosa recupera «una frescura, una juventud» que muchos sevillanos conservaban en la memoria.

El diagnóstico inicial: daños biológicos y alteraciones estéticas

Manzano evocó la primera llamada del entonces hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero, para valorar un estado que generaba «pesadumbre» y «desánimo» por la «imagen tan distorsionada» que presentaba la Virgen. Explicó que la intervención debía abordarse desde «un tratamiento científico, integral», porque los análisis revelaron daños biológicos por insectos xilófagos. Se identificaron dos tipos: anóbidos en la estructura principal y cerambícidos en una pieza de la cadera que «posiblemente no sea parte del original».

La anoxia, clave en la recuperación estructural

Detalló que los estudios de imagen médica determinaron la necesidad de aplicar un tratamiento de anoxia preventiva. La talla permaneció en un contenedor hermético a cero por ciento de oxígeno y con humedad y temperatura controladas, un procedimiento destinado a garantizar que «cualquier ser vivo que estuviese dentro desapareciera». Subrayó que, aunque no había actividad biológica en curso, la medida era obligada para asegurar la estabilidad estructural.

Eliminación del recrecimiento palpebral: recuperar la mirada

Entre los aspectos más visibles del cambio destacó la supresión del recrecimiento de los párpados, una intervención necesaria porque «provocó que la pestaña quedase muchísimo más cerrada» y alterase la expresión tradicional de la Virgen. Recalcó que la mirada y las pestañas son «zonas sumamente delicadas» y que cualquier modificación exige «muchísima precaución» por el vínculo emocional de los devotos: «Todas las personas que llevan a esa imagen en su interior van a encontrar rápidamente la diferencia».

La policromía: un proceso minucioso para reconstruir su expresividad

Manzano explicó que la fase final de la restauración se centró en la policromía, un trabajo «no sencillo», de «muchísima observación» y de eliminación de intervenciones anteriores consideradas inapropiadas desde los criterios actuales de conservación. Indicó que la reconstrucción expresiva se realizó mediante reintegración cromática, sin recurrir a pátinas propias del proceso creativo de los imagineros: «Había que construir nuevamente el relato expresivo de la Virgen», respetando su historia material y evitando que pareciera una imagen nueva.

Una obra del siglo XVII pendiente solo de los datos del carbono-14

Sobre la autoría, confirmó que no existe constancia documental que permita identificar al imaginero. Sin embargo, los estudios técnicos sitúan la talla «en el entorno del siglo XVII». Señaló que están a la espera de los resultados de la prueba de carbono 14, que «no determinará la fecha de ejecución», pero sí ofrecerá mediciones que permitan concretar mejor el marco cronológico.

Belleza no simétrica: el realismo que acerca a los fieles

Interrogado sobre la perfección técnica de la Dolorosa, Manzano explicó que la talla es perfecta en el sentido artístico, pero no en una simetría absoluta: «Afortunadamente le pasa como a nosotros, que no somos perfectos». Esa ausencia de simetría total, dijo, potencia su realismo y la hace más humana y cercana.

Una imagen sana, estabilizada y con seguimiento anual

Respecto al estado de conservación, aseguró que la Virgen vuelve «estabilizada» y en condiciones óptimas para muchos años, aunque insistió en la necesidad de establecer revisiones anuales debido al uso devocional: «Una imagen que no está en un museo requiere un seguimiento constante». Para el equipo, añadió, los cuatro meses han pasado «muy rápido», aunque comprenda la larga espera de los devotos.

El restaurador reivindica el protagonismo de la Virgen

Antes de despedirse, Manzano agradeció las muestras de cariño recibidas: «He recibido muchísimas felicitaciones». Aun así, quiso dejar claro que él solo ocupa «un segundo plano», porque la protagonista es la propia imagen. Su satisfacción, explicó, está en haber cumplido los objetivos y «dar un paso al lado» para que la Virgen recupere plenamente su lugar.

Un día de júbilo que queda grabado en su memoria

El restaurador reconoció que esta intervención quedará «para siempre» en su recuerdo y que se siente «muy afortunado». Incluso respondió, con pudor, a quienes afirmaban que Sevilla debería dedicarle una calle: «Eso me abruma, son palabras mayores». Cerró sus declaraciones agradeciendo la confianza depositada en él y reafirmando lo vivido en estas horas decisivas: «La Macarena, una vez que te atrapa, te atrapa para siempre».