Un noviembre más, María viste de luto para el mes donde recordamos a los que partieron a la casa del Padre y gozan de la Luz de su rostro, y vuelve ese «ranking» personal que todos solemos hacer de las mejores vestidas con nuestros criterios y gustos. El problema viene cuando alguien intenta convencer al que no tiene su mismo gusto y pone el suyo como el correcto y lo sentencia.
Para este humilde opinador, hay algunas dolorosas que habitualmente lideran ese ranking, por nombrar una, la exquisita Virgen de las Tristezas, vestida por Antonio Bejarano. Una vestimenta de luto debe ser humilde y sencilla. El papel del vestidor es pieza importante en una hermandad, hay grandes imágenes que tienen buenos vestidores, otras carecen lamentablemente y luego están los que intentan innovar y no aciertan.
Gustos clásicos versus gustos modernos, ambigüedad de criterio, dependiendo de la imagen y la personalidad de la hermandad, pero dentro de unos parámetros. Casos ha habido de vírgenes que tras un buen cambio en las manos que la visten han renacido notablemente, y ha habido algún caso conocido, no hace mucho, de una bellísima talla que tras las enormes críticas recibidas, tuvo la hermandad que pedir que la cambiaran unas horas después. En este caso, fueron las camareras y el atavío era de hebrea.
El de luto es, junto al de hebrea en Cuaresma, los cambios que más expectación y debates generan porque son muy marcados y característicos y como todo, es objeto de críticas, porque como es bien sabido por todos, el libro de los gustos, sigue y seguirá en blanco. Vestir a muchas imágenes no es sinónimo de buen vestidor, es algo que no siempre va reñido, y por culpa de esto vemos a dolorosas ataviadas para el mes de los difuntos varios días antes de la fecha, que quizás según se mire, no es muy correcto.





